jueves, 11 de mayo de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO (Semana Santa, una muñeca de porcelana japonesa y yo mismo.6-(Dario y el Jueves Santo)

SEMANA SANTA, UNA MUÑECA DE PORCELANA JAPONESA Y YO MISMO.6 (Darío y el Jueves Santo)


        Como novedad destacable debería decir que la noche del miércoles al jueves de Semana Santa no soñé con Hikaru. Lo interpreté como una señal de satisfacción por parte de su espíritu por haber logrado descifrar parte del mensaje que creía que me estaba intentando enviar a través de mis sueños, aunque me sorprendí a mí mismo echando de menos esa extraña conversación onírica con mi examante.
        Nos levantamos pronto, tanto Darío como yo teníamos comida familiar, así que, después de que mi amante se vistiese y desapareciese por el patio trasero dirección a casa de Piluca “La Ferretera”, yo me puse guapo para ir a comer a casa de mis padres.
        La relación con mi familia desde mi salida del armario había sido relativamente tensa, aunque de algún modo habíamos conseguido un acuerdo tácito que nos permitía permanecer juntos en la misma sala con una actitud relativamente cordial. Para mis padres, evidentemente, yo seguía siendo el hijo díscolo que había echado por tierra todas las esperanzas puestas en el primogénito. Aunque básicamente, esas expectativas consistían en que me casase, les diese nietos y no fuese maricón. Porque, siendo francos, aparte de esas premisas nunca me aclararon que otras esperanzas tenían puestas en mí.
        Con mis hermanos la relación era mucho más cordial. Distante, pero muy cordial. El distanciamiento no era debido, a mi entender, por mi posible homosexualidad, estoy convencido de que lo que nos separaba emocionalmente eran nuestros intereses intelectuales: mientras mis hermanos soñaban con ser médicos, astronautas o conductores de maquinaria pesada… yo solo deseaba ser princesa.
        Supongo que usé todo el tiempo que tenía que dedicar a aprender a jugar e interactuar emocionalmente con amigos, compañeros y hermanos a mi lucha interna, intentando conseguir aceptarme y ser quien deseaba ser en realidad. Cuando a los dieciocho años conseguí reafirmarme como homosexual, descubrí con terror todas las carencias emocionales a las que había renunciado en el proceso.
        No os voy a aburrir con los convencionalismos sociales a los que me tuve que adherir para no desencajar en la reunión familiar y me iré directamente a las ocho de la noche. Ya estaba en casa, Darío había llegado antes que yo y me esperaba en el sofá viendo la tele. Estaba un poco molesto pues su reunión familiar había sido muy tensa. Sus hermanos y su madre le habían echado en cara, ya no el hecho de su homosexualidad, si no el que no apareciese casi nunca por casa. Por lo visto habían tenido una bronca monumental y él se había largado dejándolos a todos con la palabra en la boca.
        -No rompas los lazos con tu familia.- Le aconsejé. -Al final, los amigos y los novios pasan y se van… te lo digo por propia experiencia. Lo único que permanece siempre es la familia. Si, insoportable y exigente la mayoría de las veces, pero estará allí aunque no la necesites.- Añadí.
        Acordamos en hablar del tema a la mañana siguiente con más tranquilidad y calma. Aunque me temía que las posibilidades de razonar con un chico de diecisiete años ante un tema tan trascendental como la conveniencia de mantener buenas relaciones con la familia, serían las mismas que tenía yo a su edad.
        A partir de las nueve, mientras me iba transformando en Dragg Issis, una extraña sensación de seguridad se estaba esparciendo sobre mi autoestima, similar al efecto que hace la mozzarella sobre una pizza. Era evidente que el aburrimiento y las carencias emocionales que me quedaron clarísimamente evidenciadas la noche anterior, se disiparon al mismo ritmo que cubría mi cara de maquillaje y perfilaba mis labios de azul. Dragg Issis estaría esa noche totalmente radiante y arrebatadora, dispuesta a ser el centro de la fiesta por muy fuerte que fuese la competencia de Dragg Essencia, que, por cierto, esa noche estaba espléndida, como siempre.
        Era Jueves Santo y ya se notaba que para muchísima gente habían empezado las vacaciones de Semana Santa, pues la zona comercial estaba muy llena. A los carteles promocionales de todos los locales nocturnos de la zona se juntaban miles de chicos y chicas repartiendo publicidad y vales de descuento tanto del ATENA’S como de los locales de aforo medio. Me aliviaba el descubrir que, los otros dos locales de gran aforo que había en el municipio, después de los penosos resultados económicos de la temporada del año anterior, habían tomado la decisión de abrir solo los meses de julio y agosto.
        Cenamos en el Napoli’s, Darío disfrutó de lo lindo (le encantaba la pizza), por lo demás, estuvo toda la noche entre distante y pensativo. Yo me había preparado la canción de Tina Turner “I Can't Stand The Rain”, pensaba interpretarla con una (cada vez más voluminosa) falda de tul blanco y un corpiño estampado al estilo de piel animal, a juego con los plataformones, un enorme pelucón mega crepado de lana en tres tonos de azul y bisutería dorada. Esa noche me di cuenta de que Dragg Essencia, pese a poseer un gran talento teatral y escénico, tenía el repertorio de canciones bastante limitado, pues empezaba a repetir actuaciones de Mónica Naranjo, Olé Olé y Marta Sánchez. De seguir así tendría que aconsejarle que se pusiese las pilas y aumentase su repertorio musical.
         Me lo pasé genial siendo el centro de la fiesta, recibiendo la atención de los clientes y rechazando las proposiciones deshonestas de varios chavales que querían llevarme a algún sitio oscuro.
        A las seis de la madrugada, después de desayunar en el Bar Paco, me percaté de que Darío no había abierto la boca en toda la noche. -¿Aún estás preocupado por la bronca que tuviste con tu familia?- Le pregunté.
        -Si…- Refunfuñó.
        -¿Quieres que hablemos de ello?- Insistí.
        -Es que se empeñan en tratarme como si fuese un crio.- Se desahogó.
        -Pero… si es lo que eres…- Pensé para mí mismo. Obviamente no podía soltarle eso si quería que me contase su punto de vista. -Pero… ¿Exactamente qué es lo ha pasado?- Opté por decirle.
        -Mi hermano, que es un cretino, le contó que soy gay a mi madre y que me estoy viendo contigo. Y mi madre me ha prohibido que vuelva a salir de casa y que siga viéndote.- Por su tono parecía que en cualquier momento se pondría a llorar.
        -Por lo que a mí me parece llevas mucho tiempo entrando y saliendo de tu casa sin dar ninguna explicación y haciendo lo que te da la gana, ¿no tenías miedo de que esto acabase pasando tarde o temprano?- Le dije.
        -Ya… pero eso a mi madre no le habría importado una mierda mientras creía que pasaba la noche en casa de alguna chica. Pero el saber que en realidad me paso las noches follando con tíos, eso según ella lo cambia todo y no puedo hacerlo.- Dijo empezando a soltar lagrimones. En ese momento fue cuando fui consciente de que me había metido en un follón tremendo al haber iniciado esa relación con ese menor. Por suerte en cinco días cumpliría los dieciocho años y por lo menos la parte legal de la historia dejaría de preocuparme. Aunque la idea de que Piluca “la Ferretera” me acorralase en algún callejón y me montase una escena pidiéndome explicaciones sobre lo que hacía con su hijo pequeño me acojonaba muchísimo.
        -No sé si te ayudará esto que voy a contarte.- Le dije. -Cuando mis padres se enteraron de que era gay, empezaron a presionarme mucho y a querer controlar absolutamente todo lo que hacía. Y la verdad, acostumbrado como estaba a no dar ninguna explicación por absolutamente nada de lo que hacía, me pareció totalmente intolerable el que de golpe mis padres tuviesen esa actitud conmigo, más aún cuando yo estaba convencido de que no estaba haciendo nada malo. La situación se me hizo insoportable y poco después de haber cumplido los veinte años me busqué trabajo en la multinacional y me largue de casa a la brava y exponiendo mi salida del armario como única explicación.- Empecé a explicarle.
        -Ya pero a ti te ha ido muy bien.- Dijo Darío muy esperanzado.
        -Me va bien ahora.- Sentencié. -Vivir solo no es ningún regalo, solo el alquiler del piso y los gastos normales de una casa se me comían todo lo que ganaba en la fábrica. Tuve muchísima suerte de que mis amigos me encontrasen trabajo de camarero los fines de semana en bares y discotecas. Y gracias a eso conseguí cierta independencia económica, pero fue a costa de perder absolutamente toda mi vida social, mi mundo se limita solo a mi trabajo en la empresa multinacional y los trabajos que hago los fines de semana. Tengo poquísimos amigos de verdad y los pocos que tengo están relacionados de algún modo con los trabajos que realizo. Me resulta casi imposible conocer gente que no esté relacionada con la multinacional japonesa o con el PACHA. Además no puedes fiarte de ninguna pareja, porque todos… Y que te quede claro… El amor es una gran mentida, y absolutamente todos los tíos que se te acerquen lo harán por algún interés.- Concluí mientras el chico rubio que llevaba de copiloto me miraba con cara aterrorizada.
        -Quieres decir que tú solo estás conmigo por interés.- Dijo con cara de terror.
        -Te haré la pregunta al revés… ¿Tú porque estás conmigo?- Contesté.
        Darío se quedó en silencio unos segundos, sin duda había dado muy cerca de su línea de flotación y no tenía muy claro que contestarme. Estábamos llegando a casa, y mi acompañante no dijo nada hasta que, después de entrar el coche en el patio y descargar las cosas, estábamos ya en la cama. -Porque eres el único tío que me ha tratado con respeto.- Me dijo mientras yo entraba en la cama.
        -¿Perdón?- Le dije, pues yo ya había perdido el hilo de la conversación.
        -Todos los tíos con los que me he acostado o me han gustado siempre me han tratado como una puta mierda, me usaban como un trozo de carne y después me echaban a la puta calle. Estoy contigo porque eres el único que me ha tratado con respeto y me habla como un adulto. No sé si estoy enamorado de ti o simplemente te estoy utilizando, pero me he acostumbrado a que me abraces después de hacer el amor, a que me regañes porque solo quiero comer pollo y pizza, a que me dejes que me acurruque a tu lado cuando vemos la televisión en el sofá, a prepararte un capuchino con una galleta para cuando regresas del trabajo… me he acostumbrado a eso y ahora no podría vivir sin tenerlo.- Me quedé de piedra. No le contesté, simplemente lo abrace fuerte y no lo solté hasta que nos dormimos muy juntos. Llevábamos poco más de un mes de relación y por mucho que me jodiese reconocerlo yo también me había acostumbrado a Darío.
       

        Posdata:
        Todos los filósofos de la historia coinciden en que hay una gran diferencia entre amar y querer. Yo no estaba seguro de si en algún momento llegaría a amar a Darío… pero de lo que no tenía ninguna duda era que ya había empezado a quererlo.

         Imagen: Eriko Stark




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