miércoles, 22 de noviembre de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO. (Sueño, cotilleos y la Verbena de San Juan)

SUEÑO, COTILLEOS Y LA BERBENA DE SAN JUAN.

        La principal excusa para hacer una barbacoa el jueves veintidós de junio no era otra que el viernes veintitrés, día de la verbena de San Juan, a Darío y a mí nos tocaba trabajar en el PACHA. De hecho, la mayoría de los invitados tenía compromisos para la noche más corta del año, y el único día en el que todos coincidían que tenían libre era el jueves. Además, el que Miquel y su novio estuviesen pululando por la región se juntaba con el hecho de que, desde semana santa no habíamos realizado ninguna barbacoa nocturna y ya tocaba.
        Después de la gran revelación en la barbacoa de la noche anterior, donde que Álvaro me dejó bien claro cuáles fueron los motivos que provocaron el que, de la noche a la mañana me sustituyese como pareja por Klaus-Hiro Yamahaka y que, sin duda, se resumían perfecta y claramente en uno solo: -Ya no siento nada por ti y ahora ese otro lo es todo para mí.- Comprenderéis que, a pesar de estar completamente rendido, no pegase ojo en toda la noche.
        Llevaría dormido unas dos horas cuando sonó el despertador a las seis y media. Como un zombi me arrastre hasta la ducha donde aposté por el agua fría para buscar una reacción extrema que lograse sacarme del trance en el que estaba sumido. Era el segundo día que empezaba en la fábrica con el súper combinado de cafeína y el cachondeo de las mosqueteras por los motivos que podrían inducirme a perder el sueño empezaban a ser de lo más molestos.
        Estaba convencido de que durante el viernes, cada vez que viese a mi expareja, me vendrían a la cabeza las lapidarias palabras que me dijo la noche anterior, durante la maldita barbacoa que hicimos en casa. Y sinceramente, la idea de aceptar que una sola sesión de sexo con el mestizo rubio hubiese provocado un terremoto de proporciones bíblicas en los sentimientos que el pelirrojo sentía hacia mí, se me hacía totalmente irreal.
        Pero la realidad era terca, y se imponía ante mí: Álvaro era ahora el flamante novio o amante (aun no lo tenía claro) del Director General de la empresa. Y a mí me tocaba aceptarlo y asumirlo, más que nada por una cuestión de salud mental, porque como siguiese dándole vueltas a ese tema, acabaría volviéndome completamente loco.
        El viernes pasó lentamente, daba la sensación de que nunca llegarían las cinco de la tarde, porque ese día más que nunca necesitaba llegar a casa para ponerme en la cama y hacer una siesta de tres horas antes de irme al PACHA y poder ser Dragg Issis en condiciones.
        Después de una mañana eterna, a la hora del almuerzo, volvieron a aparecer por el comedor los mismos personajes del día anterior: la chica japonesa y el chico del pelo color azul celeste, acompañados de nuevo por Andrea y Dolores. Esta vez pasaron más desapercibidos, o por lo menos eso parecía, ya que los compañeros que estaban comiendo no se giraron en bloque para mirarlos. El departamento al que estaban asignados esos nuevos técnicos parecía ser el secreto más bien guardado de la empresa, tanto que ni tan siquiera Rosita había conseguido la más mínima información al respecto de Andrea. Yo tenía mi propia teoría al respecto: Sin duda alguna su presencia en la fábrica tenía que ver con los nuevos modelos a fabricar en los próximos años. No era casualidad que apareciesen por aquí justo en el momento en que el almacén de fabricación rebosaba de nuevos componentes a punto de caramelo para empezar la fabricación en serie.
        Pero mis teorías al respecto estaban a punto de cambiar radicalmente, y empezaría a cuestionármelas ese viernes por la noche en el PACHA.
        De la sesión del viernes empezaré destacando que después de una reparadora siesta de tres horas, di la bienvenida a María a sus diez días de prueba como aspirante a camarera en la discoteca. El Sr. Roure decidió que para que la chica no se estresase excesivamente en su primer día, el primer contacto lo hiciese en la Barra Chill-Out de la terraza haciendo de apoyo a Irene. Lo que, a efectos prácticos, significaba que la mosquetera, que se había puesto monísima para la ocasión, empezaría a trabajar en el peor día del año: La verbena de San Juan. La verdad era que si sobrevivía a esta noche y aun le quedaban ganas de seguir trabajando de camarera, tendría el trabajo asegurado en el PACHA.
        Decidí ponerme divinísima para esa noche tan especial, así que tiré de mis mejores galas. La sorpresa la tuve cuando descubrí que había engordado desde el año anterior y me resultaba imposible ajustarme el corpiño del vestido estival sin morir asfixiado. -¡Mierda! tendría que retocar todos mis vestidos del verano.- Pensé mientras cogía el maletín de primeros auxilios de costurera y ferretería (versión Dragg Queen). Después de solventar el engorro gracias a mi pericia en el arte de coser y mover botones, me calcé de nuevo el corsé con el enorme vuelo trasero de tela estampada en imitación de piel de lagarto que iba a juego con los guantes y las botas de plataforma. Un enorme pelucón muy crepado de color azul, un bañador tipo pantaloncito plateado y muchas cadenas y accesorios de color metal completaban el maquillaje en azules y purpurina brillante de Dragg Issis.
        Al subirnos a la limusina me dio la sensación de que cada día éramos más gente en el recorrido promocional. A los habituales de siempre: Darío, los dos seguratas, Tatiana y las dos Draggs se nos habían acoplado María, Bruno y Fabián, los dos strippers. El propietario, creo que acertadamente, había incluido a María en el equipo de publicidad, ya que no iba a pagarla durante los días de prueba, por lo menos le daba la opción de cobrar las comisiones por publicidad y le pagaba la cena. El problema lo tendríamos a la hora de ir a cenar a la “Yaya Pepa”, sin duda alguna el local estaría petado y a Alfredo no le haría ninguna gracia el tener que prescindir de una mesa para diez personas el día de más trabajo del año. De hecho llevaba notando cierta hostilidad por parte de los encargados de los locales propiedad del Sr. Roure desde que éramos tantos a cenar. Sobre todo desde que a principios de junio parecía que con el buen tiempo de los fines de semana la gente solía salir más de fiesta. Me empezaba a molestar que los sábados siempre tuviésemos que comer en la mesa de al lado de la puerta del cuarto de baño.
        Alfredo nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja, ese bonachón nos había reservado una gran mesa frente al ventanal para que todo el mundo que pasase por la calle viese al espectáculo de Draggs que había dentro. Tenía el resto del restaurante transformado en una enorme verbena de mesa única, donde los participantes ya habían empezado a cenar. Me di cuenta de que el generoso encargado esperaba que a los postres nos arrancásemos con unos cuantos playbacks y así le amenizásemos la fiesta que tenía organizada. Como la clientela tenía contratado un menú cerrado de escándalo, a nosotros nos sirvieron lo mismo, más que nada para no empezar a marear a la cocina con platos de la carta. Yo estaba sufriendo por el aguante del apaño que había hecho en los botones del vestido si es que me atrevía a comerme todo lo que nos estaban sirviendo, y el resto del grupo… se puso las botas.
        Cuatro actuaciones y muchos chupitos después, empezamos el circuito de los Pubs y el reparto de invitaciones. Mientras hacíamos el loco por la calle comercial e íbamos de un bar a otro, me fijé que esa noche también inauguraban las discotecas de temporada de verano. Vi bastante publicidad del ALEXANDRA’S, un local que presumía de ser la discoteca más elitista del verano en la zona. No dejaba de ser una enorme terraza sobre el mar en un extremo de la playa con una pista de baile escondida dentro de una gruta natural, combinaba la música Chill-Out i Ambient con el Hause de moda del momento en la sala del interior. Todo aquel que pretendía ser alguien en la región tenía que asistir como mínimo una vez a la semana a las glamurosas fiestas que montaban los promotores, donde pagabas una fortuna por entrar y por cada copa.
        El otro local de temporada, y este sí que me preocupaba, era LONDONER. Siempre había sido una competencia directa del PACHA y para este verano en los carteles de promoción prometían traer lo mejorcito de la isla blanca. Durante todo el trayecto promocional estuve pendiente por si veía más Dragg Queens o chulazos y chulazas tipo gogos del estilo del SPACE, AMNESIA o Disco Ku (el actual PRIVILEGE de Ibiza), aunque, a las dos y media de la madrugada, mientras regresábamos al PACHA nada me hacía pensar que, a veinticuatro de junio, hubiese mucho de Ibiza rondando por ese municipio de la Costa Brava.
        A eso de las tres y cuarto a la discoteca le faltaría poco para tener el aforo permitido completo. Los dos strippers se estaban discutiendo para saber cuál de los dos iba a actuar. Por lo visto había habido un error y la agencia que los contrataba había enviado a dos “boys” como cada viernes, cuando el Sr. Roure había pedido explícitamente solamente uno y solo para una actuación, como si se tratase de un sábado normal. Al final se pusieron de acuerdo en hacer una sola actuación pero con los dos strippers juntos, repartiéndose el sueldo y trabajando por la mitad de su tarifa normal.
        Cuando le toco actuar a Dragg Essencia a eso de las cuatro de la madrugada, el local sin duda alguna ya estaba con el aforo completo… y aún seguía entrando gente al mismo ritmo. En media hora sería imposible moverse por la discoteca. Las barras trabajaban a toda máquina y los camareros deseaban que empezásemos las actuaciones para tener un respiro. Juan, con un vestido al estilo retro-dragg se marcó una versión discotequera de “Puente hasta Mallorca” de “Los Mismos”. Me sorprendió muchísimo la buena acogida que tuvo entre el público su versión de una canción tan antigua. Acto seguido, yo destripé el “You Oughta Know” de Alanis Morrisette, alucinando por la entrega de la concurrencia a la hora de corear la canción.
        Tal y como habíamos acordado, después de las primeras actuaciones, nos reunimos Dragg Essencia y yo en el camerino para coger una gran coca de San Juan cortada a cachitos cada uno y repartirlas entre los clientes que deseasen picar un trozo. Mientras Juan se recorría el fotocool y la barra principal y me dirigí a la barra de Tatiana y la terraza Chill-Out y de paso echar un vistazo a María para ver qué tal le iba con Irene.
        Aunque en la terraza había mucha gente, no tenía nada que ver con la masificación que había en el interior de la discoteca. Parecía que María se desenvolvía bien y estaba sacando partido a las clases de coctelería que le había dado durante los descansos en la fábrica. La verdad es que tenía cierto morbo el ver a una mujer ejerciendo de coctelera, un oficio normalmente reservado a hombres. Siguiendo con el propósito que me había llevado allí, ofrecí el pastel relleno de crema a los clientes que ocupaban los reservados de la terraza. Al llegar al reservado que quedaba detrás de la barra entendí el porqué de las señas que me estaba haciendo María desde que me vio entrar en su zona. Ocupando los sofás de mimbre acolchados y alrededor de dos botellas de wiski de doce años carísimo y un bol lleno de hielo estaban Klaus-Hiro, Álvaro, el Sr. Kaneda, el chico del pelo azul y la chica japonesa. Al verme aparecer con la bandeja, repartiendo coca de San Juan me saludaron muy efusivamente insistiendo en que me sentase con ellos. Después de dejar la bandeja sobre la barra delante de una apuradísima María que no daba crédito a lo que veía, me senté con ellos y me serví un buen lingotazo de ese carísimo wiski. Total, si tenía que soportar la incomodidad que suponía el que todos los directivos de la multinacional japonesa me viesen con el culo al aire y montado sobre los plataformones, haría que la cuenta les saliese lo más cara posible. Aunque le temía al lunes… por suerte no tenía que verlos desde mi puesto de trabajo.
        Me presentaron a Makoto y Kaede. Los dos hablaban en inglés, la verdad es que disponía de muy poco tiempo para dedicarles, y Makoto, el chico del pelo azul, parecía estar alucinando conmigo. No paraba de decirme lo maravilloso que era mi atuendo y lo genial que había actuado en el escenario. No paraba de pedirle a Kaede, la chica, que nos hiciese fotos los dos juntos.
        Me interesé por su curioso pelo azul celeste y me contó que trabajaba para muchas revistas de moda y tendencias como crítico de Manga, Anime y culturas suburbanas. Por lo que pude entender, su trabajo lo obligaba a asistir a casi todas las ferias de comic y manga de cierta relevancia en cualquier lugar del planeta. Solía ir disfrazado de un personaje de un comic muy famoso en Japón y que yo desconocía completamente. Como el personaje en concreto tenía ese color de pelo, y no encontraba ninguna peluca que le pareciese lo suficientemente convincente, optó por dejarse crecer el pelo y teñírselo. -Con un par de huevos.- Pensé yo.
        Makoto me monopolizó por completo hasta que tuve que regresar a la pista de baile pues ya nos tocaba realizar la segunda actuación. Me quedé con las ganas de saber alguna cosa de la chica japonesa. Para llegar al pódium me las vi y me las deseé. Darío y Tatiana, completamente superados por el excedente de trabajo a consecuencia de la multitud que pretendía tomar una copa, nos guardaban el micrófono inalámbrico en la barra para evitarnos el tener que cruzar la multitud que literalmente ocupaba el local para ir a la cabina del Disk-hockey y presentar el show desde allí. Verdaderamente, los chicos de la puerta se estaban pasado el aforo del local por el arco de triunfo, porque daba la sensación que en el local había el doble de la gente que la ley y el sentido común permitía. Sin duda alguna el Sr. Roure se estaría frotando las manos con la millonaria caja que se estaba haciendo esa noche.
        Dragg Essencia interpretó (por enésima vez) el “Sobreviviré” de Monica Naranjo y yo, ya sin toda la parafernalia del corpiño y las mangas (el calor era insoportable) me arranque con el “Simply The Best” de Tina Turner. Eran las cuatro y media y las barras no daban abasto. Me fue imposible volver a la terraza, además después de la segunda actuación teníamos que hacer una sesión de fotocool y la cola de la clientela que deseaba hacerse una foto con las Draggs y los strippers parecía que no tenía fin.
        El fotocool era otra forma de ganar dinero que se habían montado entre el propietario y un fotógrafo amigo suyo. Básicamente consistía en un fotógrafo que sacaba fotos a la clientela bailando, junto a las Draggs, en las barras o durante toda la noche. Una vez reveladas, las fotos se exponían con un número adjudicado a cada una de ellas en el largo pasillo que iba desde las taquillas hasta los lavabos y la entrada de la sala principal. Los clientes chequeaban las fotos buscando las que aparecían ellos y podían encargarlas, pagando por adelantado, para el fin de semana siguiente. Este negocio funcionó de maravilla hasta que aparecieron las cámaras digitales y los móviles con cámara.
        A las cinco y media, cuando pude acceder de nuevo a la terraza Chill-Out, mis jefes y sus acompañantes ya no estaban. Un poco decepcionado me acerqué a la barra y le pedí un wiski con limón a María. -Que jeta que tienes, te has metido un wiski de a tres mil pesetas la copa, de la botella de los jefes y ni te has inmutado.- Dijo mi amiga completamente escandalizada.
        Sin hacer el más mínimo caso al comentario de María me dirigí a Irene: -¿Cómo le ha ido?- Le pregunté. -¿Ya tenemos nueva camarera en el PACHA?- Dije intentando saber cómo había reaccionado al contacto con la clientela durante la noche su nueva asistente de barra.
        -Se desenvuelve bien, y sabe hacer cocteles. Solo necesita coger algo de tablas.- Me dijo Irene.
        -No es excesivamente complicado.- Añadió María.
        -Mhhh… Lo que has hecho aquí, lo multiplicas por cien y sabrás como es el trabajo de las barras del interior.- Dije mirándola siniestramente.
        -Creo que podría hacerlo.- Me contestó con tono desafiante.
        -Ok lo tendré en cuenta.- Dije, mientras tomaba mi copa y regresaba a la sala principal.
        Casi eran las seis de la madrugada, y aunque la clientela había descendido muchísimo, aun daba la sensación de que la discoteca estaba muy concurrida, sin duda alguna ese día trabajaríamos hasta bien entradas las siete de la madrugada. Me acerqué a la entrada y desde la puerta pude ver a lo lejos, entre los bloques de pisos de la primera línea de mar, como el sol incendiaba el mar a medida que aparecía en el horizonte.
        -¿Volveréis a actuar?- Me preguntó Markus, poniéndose a mi lado mirando el horizonte.
        -Yo a las seis me transformo en calabaza.- Le dije con tono irónico mientras veía como los clientes salían con las bebidas en vasos de plástico y se sentaban en la escalinata de la puerta de la discoteca para ver nacer el nuevo día. -Pregúntale a Juan, si a él le apetece actuar de nuevo… pues que lo haga.- Dicho eso, ninguno de los dos nos movimos hasta que el sol estuvo unos quince centímetros por sobre la línea del horizonte del mar.
        A eso de las siete y media, cuando la música cesó y las barras dejaron de servir. Juan y yo ya corríamos por la sala sin el maquillaje ni las galas de Dragg. La barra de la terraza hacía más de una hora que había cerrado y tanto Irene como María ayudaban a rellenar las neveras y las estanterías a las demás barras. Cuando Darío terminó, salió de la barra y de un salto me abrazó y me beso en los labios… ante los atónitos ojos de mi compañera de la empresa multinacional, que no daba crédito a lo que veía.
        -Ah… antes de que la imaginación se te vaya de las manos. Que sepas que Álvaro está liado con el Director General y este es mi actual pareja.- Le dije a María, que estaba flipando en colores.
        -Ahora lo entiendo todo.- Dijo mi amiga muy sorprendida.
        -Y otra cosa. De todo esto que acabas de descubrir, a las demás mosqueteras ni una palabra, y a Rosita menos ¿De acuerdo?- Añadí muy serio. -Ya me está superando el que mi vida privada esté en boca de todos los directivos de la empresa, como para que además todo el resto de los compañeros estén informados de todo lo que hago.- Aunque estaba convencido que el esperar ese tipo de lealtad de mi amiga era una ilusión… Todo eso se sabría en un en decir veintidós.


        Posdata:
        Mi abuela decía: nunca es suficiente con tener la boca cerrada para que un secreto siga siéndolo. Al final siempre acabas cagándola.


        Imagen Eriko Stark.




lunes, 13 de noviembre de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO. (Cansancio, Klaus Hiro, un americano y la típica barbacoa)

CANSANCIO, KLAUS-HIRO, UN AMERICANO Y LA TÍPICA BARBACOA.

        Durante todo el jueves necesité café por vía intravenosa. La noche anterior no conseguí dormirme hasta pasadas las tres y media de la madrugada, y el despertador, implacable, sonó a las seis y media. Cuando las mosqueteras me vieron tomar el súper combinado de cafeína nada más entrar en la fábrica a las ocho menos veinte, empezaron a fabular sobre quien podría ser el responsable de mi carencia de sueño. Como que cuando suelo dormir poco, se resiente mi facilidad para comunicarme, no solté ni prenda sobre los motivos que me quitaban el sueño.
        El día transcurrió lentamente, parecía que, por algún motivo extraño, la cafeína no consiguiese llegar a mis células nerviosas y activarlas. -De seguir así me quedare dormido sobre uno de estos aparatos que estoy chequeando.- Pensaba mientras María se lo pasaba de miedo viéndome tan hecho polvo. Curiosamente, al estar funcionando todas las cadenas de montaje al cien por cien, los aparatos susceptibles de ser defectuosos aumentaban de manera exponencial.
        A la una del mediodía, mientras salíamos dirección al comedor de la empresa, vimos que se nos habían acumulado unos doce palets de producto acabado por chequear. -Si esto sigue a este ritmo no podremos dar abasto para chequear tanto material acabado.- Se quejó María.
        -Ahhh… esto es lo que tiene la tranquilidad de saber que ya no van a despedir a un montón de gente.- Dije yo. -El tener más trabajo del que materialmente somos capaces de realizar.- Añadí con satisfacción.
        -Gracias. Me has dejado mucho más tranquila.- Dijo María con tono agobiado. -No sé qué es peor, acabar en la cola del paro o en urgencias por un ataque de ansiedad.-
       -Cógetelo con calma, el que hace lo que puede no está obligado a mas.- Le dije riéndome.
        Nos sentamos en la mesa que solíamos ocupar habitualmente. Estábamos Rosita, María, Eugenia y yo. Andrea se excusó pues tenía reunión del comité de empresa con el departamento de personal. Iríamos por el segundo plato cuando aparecieron por la puerta del comedor Andrea y Dolores (la nueva secretaria del jefe de personal) acompañados de un chico japonés muy joven  y  (sorpresa) una chica japonesa.
        Todos en el comedor miramos de manera más o menos disimulada a la chica de facciones orientales que vestía una bata gris con el ribete plateado de directivo a la altura del pecho. La verdad era que, en todos los años que llevaba en la empresa nunca había visto una técnico japonés mujer en la empresa. De vez en cuando podíamos ver a la esposa de alguno de los directivos, acompañar a su pareja paseando por la fábrica, pero el ver a una chica de ojos rasgados y larga melena negra y lacia con la indumentaria de operario se nos hacía de lo más extraño.
        Aunque, sin duda, la visión de la chica distraía de lo que realmente me llamaba la atención a mí: El jovencísimo chico, delgadísimo, con el pelo largo, muy crepado y de color azul celeste. Curiosamente también llevaba el uniforme gris con ribete plateado. Por un momento pensé que llevaba una de mis pelucas de Dragg Issis.
        Durante el descanso de la sobremesa y toda la tarde fueron el tema de conversación por excelencia de todos los grupillos que se montaron en los descansos.
        Yo tenía otro tema en el que pensar: llevaba todo el día a base de combinados súper cafeínicos y tenía la sensación de que no podría soportar despierto toda la barbacoa que había programada para esa noche. Tenía la esperanza de lograr dormir una pequeña siesta desde las cinco y media hasta las ocho de la tarde. Le rezaba al cosmos para que nadie me interrumpiese durante ese sueño que tanto necesitaba.
        Al llegar a las cinco y media a casa, hice un rápido repaso para comprobar que la casa estaba en perfecto estado para recibir a los invitados de la cena y me lancé de cabeza a la cama. Conseguí dormir hasta las siete y cuarto, momento en el que llegó Darío. Había salido una hora antes con la excusa de ayudarme a prepararlo todo para la cena. -Un encanto.- Cuando me vio durmiendo a pierna suelta se desesperó.
        -¿No entiendo cómo puedes dormir, si en menos de una hora tendremos aquí a todos los invitados?- Me dijo muy preocupado. Recordé entonces que esta era la primera barbacoa nocturna de mi pareja. Tendría que ser comprensivo y reprimir mis impulsos de estrangularlo.
        -A ver… Ya está todo a punto para la cena.- Le dije. -Tenía la esperanza de poder recuperar un poco de sueño y así no comportarme como un zombi toda la noche.- Añadí, mirándolo con cara de muy mala uva.
        Darío se me quedo mirando con la cara perpleja. -¿No te preocupa ni lo más mínimo que algo pueda ir mal?- Dijo.
        -La gracia de estas cenas es que son totalmente improvisadas.- Le dije riendo pícaramente. -Y gracias a ti ahora estoy desvelado y no tenemos nada que hacer hasta las nueve.- Añadí invitándole a meterse en la cama.
        Darío tardó un segundo en despelotarse y lanzarse sobre mí. Llevábamos varios días sin sexo y a los dos nos empezaba a hacer falta un desahogo con urgencia. A las ocho y media, Miquel y su novio (inoportunamente puntuales) nos pillaron en la cama justo tres segundos antes del último orgasmo. Mientras yo abría la puerta con el pantalón de chándal puesto y evidentes signos de la erección pre-coito, mi chico se apresuraba a limpiar los preservativos, rehacer la cama y a meterse en la ducha en plan “En un minuto estoy”.
        -Ves cómo tenía razón cuando te decía que llegábamos demasiado pronto.- Le susurraba Thomas a Miquel al oído riñéndole, avergonzado ante la evidencia que demostraba mi entrepierna. Mientras, mi amigo hacia como si no lo escuchase.
        Traían un par de botellas de aperitivo y unas cuantas botellas de vino, que dejaron sobre la mesa del comedor. Mientras, Miquel corrió a buscar el hielo del congelador para llenarse un vaso con Martini negro, para después acomodarse en la terraza. Al ver que ya se espabilaban solos, me reuní con mi chico en la ducha, que me esperaba totalmente excitado para poder seguir allí el orgasmo por donde lo habíamos dejado en la cama.    
        Media hora de jadeos, jabón y esperma después, nos reunimos con los demás invitados que ya estaban llegando. Un avergonzadísimo Thomas, que se había emocionado y excitado siguiendo discretamente todo el show que montábamos Darío y yo en la ducha, quería asegurarse sobre si realmente vendría mi jefe a la barbacoa. Por lo que parecía se le hacía increíble que alguien tan inaccesible como Klaus-Hiro pudiese aparecer en un evento tan poco exclusivo como una barbacoa en el patio de una casa de pescadores de Palamós.
        A las nueve y media, mientras controlaba el estado de las brasas de la barbacoa llegaron los invitados de honor. -Ya están aquí.- Me dijo Darío con tonito burlón. Mientras yo me dirigía a la entrada de la casa para recibirlos, pude ver a Thomas tan nervioso que parecía que tenía que darle un infarto en cualquier momento.
       Al llegar a la entrada vi a Nuria y a Lidia que abrazaban fuertemente a Álvaro, Klaus se miraba el espectáculo desde atrás sonriendo. -¡Vale… Vale… Vale…!-  Grité. -No nos amontonemos en el recibidor, pasen todos al comedor y se harán las presentaciones reglamentarias.- Dije mientras hacía ademanes de azafata de vuelo con las manos y los invitaba a entrar en la casa.
        -Bien a Álvaro ya lo conocéis todos.- Dije señalando al pelirrojo. -El rubio japonés es Klaus-Hiro y el rubio americano es Thomas… el resto ya os iréis presentando, así tendréis algo que hacer mientras se prepara la comida.- Y dicho eso me quedé completamente descansado. En ese momento pude ver que Darío se me había pegado como una lapa, en plan marcando territorio con mi expareja.
        Decidí esperar a que todos se hubiesen presentado y la tensión inicial hubiese descendido en intensidad para acercarme a la pareja de moda y presentarles a mi chico. Se habían juntado a Miquel y Thomas y estaban hablando animadamente.
        -Hola os presento a mi chico, Darío, este es Klaus y Álvaro.- Interrumpí forzando a mi chico a entrar en la conversación.
        -Tenemos entendido que Álvaro y tú ya os conocíais.- Dijo Miquel con tono malicioso.
        -Si tuvimos un encontronazo hace algún tiempo.- Dijo el pelirrojo, haciendo que nos riésemos todos, incluso mi chico (aunque creo que no le hacia ninguna gracia el comentario).
        -Estábamos comentando que a Miquel lo conocí un día de pasada.- Dijo Klaus.
        -¿Pasada?- Dijo Miquel. -Salías a toda leche por la mañana como si se te escapase el tren.- Añadió haciendo ademanes con las manos. Mientras, yo pensaba que, de seguir saliendo trapitos sucios, se me iba a descontrolar la cena en un santiamén.
        -Bueno… ha pasado mucho tiempo y muchas cosas desde ese día.- Dije yo intentando bajar la tensión. -Por cierto, la brasa ya está a punto, así que vamos a cocinar la carne y en diez minutos tendremos la cena lista.- Dije para que fuesen preparando la ensalada, el pan tostado y los báculos de la mesa, consiguiendo, con un poco de suerte, que cambiase el tema de la conversación.
        Quince minutos después estábamos todos sentados en la mesa de la terraza, a la que le habíamos arrejuntado la del comedor para poder caber todos sin estar excesivamente apretados. Nos habíamos colocado por parejas, dejando a los solteros en un extremo de la mesa. Y tal y como sucedió en la última barbacoa, fue inevitable que el tema de conversación girase en torno al trabajo de Klaus y Thomas, que acabaron siendo el centro de gravedad de todos los comentarios de la cena.
        Klaus-Hiro parecía interesado por la empresa de software del americano, y todo parecía indicar que acabarían organizando alguna reunión para estudiar las posibilidades de colaboración mutua, o como mínimo una entrevista formal. Lola nos explicó los intríngulis del mundo de las boutiques y la ropa de marca y yo me sentía el anfitrión más afortunado por tal y como se estaba desenvolviendo la velada.
        A la hora de los postres y los cafés, los comensales se habían levantado de la mesa y se habían distribuido en tres grupos. Por un lado estaban Klaus, Thomas y Lola en las tumbonas, apurando una botella de vino, parecía que se  entendían muy bien entre ellos, quizás porque los tres hablaban el mismo idioma empresarial. En la mesa estaban Darío, Miquel, Lidia y “La Cuca” y en la cocina estábamos Nuria, Álvaro y yo. Como fue imposible separar a Nuria del fregadero, la dejamos hacer mientras yo llevaba el café a la mesa. Me alegró el ver que mi chico se lo estaba pasando genial con Miquel y los demás. Deje que se sirvieran el café y aproveche para ir al lavabo, pues me estaba meando desde el segundo plato.
        Al acercarme al aseo descubrí a Álvaro mirando con cara de nostalgia desde la puerta de mi habitación. -Que… ¿Recordando viejos tiempos?- Le dije con tono irónico.
        -Perdona. He tenido un lapsus.- Dijo excusándose. -Pero al ver la habitación me ha venido a la memoria todo lo que nos sucedió.-
        -¿Y…?- Dije esperando alguna explicación que no me pusiese de mala leche.
        -Cuando regresé con el anillo el día de San Valentín, estaba convencido de que mi historia con Klaus había sido un rollo pasajero lo suficientemente banal como para que no fuese un motivo suficiente para nuestra separación.- Dijo el pelirrojo mirándome a los ojos. -Pero al sorprenderos a los dos en la cama tuve una revelación que lo cambiaba todo: me dolió en el alma el veros follando. Y los celos me ahogaban, por eso me fui sin decir nada.- Añadió.
        -Bueno, fue una reacción de lo más normal.- Dije yo. -Lo que no he conseguido entender es porque acabaste alejándote de mí de ese modo.-
        -Perdona… no me has entendido bien. No estaba celoso de que tú me pusieses los cuernos. En realidad el verte follando con otra persona no me provoco ninguna emoción. Me era indiferente.- Álvaro seguía mirándome a los ojos. -Lo que verdaderamente me removió las entrañas por los celos, fue el ver a Klaus-Hiro, que después de haberme llevado al éxtasis la noche anterior, disfrutaba follando con otra persona.-
        -Vaya.- Pensé, mientras se me ponía cara de gilipollas ante la brutal respuesta a todas las preguntas que me había hecho desde que el pelirrojo huyó de mi vida. Me quedé sin palabras mientras veía como mi expareja pasaba por delante de mí y regresaba a la fiesta.
        Intenté recomponerme mientras regresaba a la terraza sin haber meado… la verdad era que con el shock que acababa de recibir me habría sido imposible sacar una gota de orina. Eran casi las doce y sinceramente, para mí la barbacoa ya no existía, tan solo tenía en mi cabeza las palabras que acababa de vomitarme Álvaro a la cara. -¿Tan fácil le fue olvidarse de mí? ¿Una sola sesión de sexo con el mestizo rubio y el resto del mundo ya había desaparecido para él?- Lo sabía, yo me conocía perfectamente: iba a costarme muchísimo dejar de darle vueltas a ese tema.
        El resto de los invitados siguieron tomando café, chupitos y atacando a la macedonia de frutas hasta casi la una de la madrugada. Hora en la que se despidieron los últimos: Lola y Lidia que arrancaron a Nuria del fregadero después de que hubiese limpiado la última taza y cucharilla de café.
        -Ha sido una noche genial, me lo he pasado muy bien.- Dijo un Darío exultante un cuarto de hora después, cuando ya nos poníamos en la cama.
        -Si.- Dije yo. -Una barbacoa memorable. Seguro que haremos otra antes de julio.- Añadí.
        -Es curioso, creía que me pondría de muy mala leche el tener que tratar de nuevo con tu ex, pero la verdad es que me ha parecido un tío genial. Aunque, hacen una extraña pareja con ese japonés tan raro.- Dijo mientras me daba un beso e intentaba acomodarse para dormir. Yo tenía la esperanza de que, con el cansancio acumulado del día anterior me fuera fácil conciliar el sueño. Aunque me temía que me sería imposible dejar de darle vueltas a lo sucedido con Álvaro. Y, si nadie lo remediaba, el despertador sonaría, implacable, a las seis y media de la madrugada.


        Posdata:
        Siempre he envidiado a esas personas que, llegados a un punto determinado de su vida, y después de tomar una gran decisión vital, de una forma coherente y totalmente natural, renuncian a todo lo que se interpone entre ellos y el compromiso que han tomado. Yo, por desgracia, en ese punto, me suelo ahogar en un mar de dudas, angustias y miedos.

  
Imagen: Eriko Stark




viernes, 3 de noviembre de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO. (Movimientos preliminares a la temporada de verano y otras tonterías por el estilo)

MOVIMIENTOS PRELIMINARES A LA TEMPORADA DE VERANO Y OTRAS TONTERIAS POR EL ESTILO.


        Las siguientes dos semanas pasaron plácidamente entre mi trabajo en la fábrica de la multinacional japonesa chequeando producto sospechoso de tener algún defecto, las sesiones de sexo salvaje con mi novio rubio, baños en la playa a partir de las cinco y media de la tarde, barbacoas los jueves por la noche, cafés y descansos con las mosqueteras, algún café con Álvaro (los dos deseábamos recomponer algo de una amistad que se hizo añicos), las visitas en tromba de Miquel y su novio americano y las sesiones de fin de semana de Dragg Issis en el PACHA. De algún modo tenía la sensación de que había recuperado la tranquilidad de la que disfrutaba el año anterior antes de meterme en la vorágine que supuso mi relación con el Sr. Yamahaka.
        La aparición de Klaus-Hiro por la empresa el diecinueve de junio, me hizo temer que esa tranquilidad a la que ya me estaba acostumbrando tenía los días contados. Si a eso le sumábamos que el fin de semana anterior, el Sr. Roure me había comunicado que había decidido contratar para los meses de verano a Martin, o mejor dicho Dragg Total, la situación tenía toda la pinta devolverse de infarto.
        Me extrañaba mucho que Martin hubiese aceptado trabajar todas las noches de julio y agosto, y más teniendo en cuenta que su trabajo como técnico instalador y de mantenimiento de alarmas no le permitía hacer las vacaciones en verano. -¿Acaso pretendía trabajar a doble jornada todo el verano?- Me preguntaba constantemente. Otra cosa que también me quitaba el sueño era la posibilidad de que decidiese instalarse los meses de julio y agosto en mi casa.
        Pronto saldría de dudas, pues el día uno de julio, Dragg Total empezaría a trabajar en el PACHA.
        Pero volvamos al lunes que Klaus volvió a ejercer de director general en la empresa. Algo había cambiado las últimas semanas, porque de golpe empezaron a llegar componentes para nuevos modelos y el almacén de material para fabricación volvía a ser el caos que tenía que haber sido en abril. Llegué a la conclusión de que las dos libretas que le hice llegar al hijo de Hikaru habían servido para algo positivo.
        A la hora del almuerzo, Álvaro me llamó desde el laboratorio de control de calidad. -Klaus-Hiro quiere invitarte a cenar este jueves a su casa en Girona.- Me dijo mi expareja con una sonrisa de oreja a oreja en la cara.
        -Pues me será imposible.- Respondí. -Este jueves tenemos barbacoa en casa y no pienso dejar mi casa en manos de un montón de extraños sin mi control.- Añadí.
        -Que mal… porque desea agradecerte lo que has hecho por él de algún modo y su agenda no le va a permitir una noche libre hasta medianos de julio.- Dijo el pelirrojo un poco contrariado.
        -¿Porque no os pasáis por casa?- Dije yo. -De hecho casi todos los participantes en la barbacoa te conocen y estoy seguro de que a Klaus le gustará el ambiente que se forma allí.- Añadí.
        -¿Tú crees que será apropiado? estoy seguro de que la mayoría habrá tomado partido en nuestra separación.- Dijo preocupado.
        -A ver… tu caías muy bien a todo el mundo, y estoy seguro de que Klaus-Hiro también les caerá genial… además, Miquel se ha liado con un magnate de empresas de productos informáticos que seguro que conoce a tu novio de su trabajo.- Dije, descubriéndome a mí mismo habiendo perdonado a mi ex e intentando incluirlo de nuevo en mi vida. -Pero… ¿Que cojones estás haciendo?- Me preguntaba mentalmente mientras me dirigía al comedor de la empresa y pedía al cosmos que por favor no apareciesen por la barbacoa del jueves.
        El ambiente de la empresa, en general, había mejorado mucho. Los rumores sobre el inminente despido de un tercio de los empleados estaban remitiendo al mismo ritmo que llegaban los componentes para los nuevos productos a fabricar. Y no hay nada como fabricar al cien por cien de las posibilidades de la empresa para dar sensación de seguridad a los empleados.
        En mi puesto de trabajo, tenía que lidiar con la ya casi enfermiza obsesión de María por volver a vernos saliendo juntos a Álvaro y a mí. Aunque, en el fondo, me divertía muchísimo ser el centro de atención de las mosqueteras, sobre todo si era por temas banales como podría ser la reconciliación con mi expareja. Si realmente ellas hubiesen sabido como estaban nuestras relaciones, se habrían escandalizado.
        Darío seguía haciendo prácticas en la peluquería RIZZO’S. Estaba muy satisfecho pues la dueña lo había seleccionado para trabajar durante todo el verano. Por lo visto el que solo estuviese disponible por las tardes, a media jornada, lo transformó en el candidato ideal para el puesto que ofrecía la Sra. Josefina, pues el grueso de la clientela se concentraba en el horario de sobremesa hasta ocho. Mi novio además se había comprometido para todas las noches del verano como camarero gay del PACHA.
        Por mi parte, repetía las condiciones del año anterior en la discoteca y trabajaría solo los viernes, sábados y días festivos. Esperaba poder hacer algunos días de fiesta durante mis vacaciones, y lo más importante: disfrutarlos.
        Tenía la esperanza que en algún momento Álvaro me pondría al día de cómo le habían ido las cosas a Klaus-Hiro en Japón. Me corroía la curiosidad por saber si aún seguía casado con esa tal Sayaka o por tal y como pintaban las cosas la habría repudiado para vengarse de su suegro por haberlo obligado a casarse con ella a la fuerza.
        El miércoles, a la una del mediodía, mientras todos se iban a almorzar al comedor de la empresa y viendo que mi expareja no se decidía a informarme de ese asunto, tomé la decisión de preguntarle yo por ello.
        -He visto que han empezado a llegar componentes para nuevos modelos. Eso debe de significar que le han ido bien las cosas a Klaus por Japón ¿No?- Le dije a Álvaro con tono coloquial.
        -Sí. Le ha ido muy bien. La verdad es que su padre tenía completamente atado el traspaso de poderes hacia su hijo con una planificación que casi asusta.- Dijo el pelirrojo muy serio. -Da miedo el pensar como alguien puede pasarse tantos años de su vida planificando lo que sucederá después de su muerte.- Añadió.
        -Dímelo a mí.- Dije yo. -Todavía tengo la sensación de que en cualquier momento me encontraré con algún nuevo mensaje suyo escondido en algún lugar para que aparezca en el momento que él había planeado que apareciese.- Añadí mientras mi expareja sonreía. -Por cierto ¿Cómo ha acabado la historia del matrimonio de conveniencia de Klaus?- Pregunté, esperando no estar diciendo ninguna inconveniencia.
        -Siguen casados.- La cara de Álvaro cambio por completo, dejándome evidente lo mucho que le desagradaba ese tema. -Te lo voy a contar porque estoy seguro de que acabara llegándote el chisme por cualquier otro lado.- Dijo muy serio. -Klaus ha hecho públicos todos los trapos sucios del Sr. Semaho, provocando un terremoto de proporciones bíblicas en el Consejo de Administración de la Casa Madre, viéndose obligado a dimitir de todos sus cargos de responsabilidad en la empresa.-
        -Vaya… no lo entiendo… ¿eso no habría sido suficiente motivo como para pedir la nulidad del matrimonio?- Pregunté.
        -El problema vino cuando los jueces empezaron a investigarlo por varios delitos penales, entre ellos su participación en la muerte de un magnate metalúrgico japonés. Ante la posibilidad de acabar en la cárcel optó por suicidarse dejando todas sus acciones y patrimonio a nombre de su hija: la actual esposa de Klaus-Hiro.- Álvaro no movió ni un parpado mientras me contaba esto. -Por lo que gracias a su matrimonio con Sayaka ahora es él el que controla la mayoría de las acciones de la compañía.-
        -¡Dios! No sabes cómo lo siento.- Le dije convencido de que la situación no debía de ser nada fácil para ellos dos.
        -Hacen vida separados, cada cual tiene sus propios intereses. Sayaka está esperando un hijo de Klaus-Hiro.- Al decirme esto se me pusieron los ojos como platos. -No pongas esa cara, ese era uno de los pactos que le había impuesto el Sr. Semaho con la intención de unir los dos patrimonios. A partir de la nueva situación que se ha creado, ella se tragará el orgullo y tendrá y criará su hijo en Japón, renunciando a su vida social, mientras, Klaus hará su vida donde y como le dé la gana, solo que ahora no tendrá que darle ninguna explicación a nadie.- Concluyó.
        En ese momento me invitó a salir de la sala y se puso a caminar a mi lado dirección al comedor. -Como se ponga a comer en mi mesa a media fábrica le dará un infarto.- Pensé. Y así fue, al entrar los dos juntos en el comedor casi todos los que estaban comiendo se giraron hacia nosotros con cara de ¿Qué coño está pasando aquí? La imagen paso a ser surrealista cuando nos sentamos en una mesa aparte y empezamos a comer mientras charlábamos amistosamente. Hay que tener en cuenta que Rosita se había encargado de esparcir por toda la fábrica el culebrón de nuestra ruptura, y claro, en ese momento todos los compañeros de trabajo estaban disfrutando de un nuevo episodio de la novela en vivo y en directo. Mientras, parecía que a Rosita, Andrea y a María se les estaba dando un aneurisma, Eugenia, por su parte, nos miraba y sonreía muy complacida.
        A los postres me soltó la bomba: -Mañana vendremos a la barbacoa. Klaus tiene muchas ganas de volver a comer pan con tomate.-
        -Fantástico.- Pensé. -Cuando se lo diga a Darío me va a matar.- Seguí pensando.
        Después de comer Álvaro se quedó en el edificio de administración (sin duda querría estar un ratito con su chico) y yo lo agradecí. Solo habría faltado que me acompañase a hacer el café con las mosqueteras para que a María le diese un ictus delante de todo el mundo. Aun así, tuve que someterme al interrogatorio de tercer grado que me impusieron las chicas.
        Más tarde, al llegar a casa a las cinco y media me sorprendí al escuchar el timbre del teléfono. Tenía que reconocer que, aunque había dado mi número a todo el mundo, aparte de mi familia, ninguno de mis amigos me había llamado aun, sin duda por el hecho de que estaban acostumbrados a pasar por casa cada vez que tenían que decirme algo importante. Cuando contesté resultó ser Miquel. Estaba con Thomas tomando un refresco en una terraza del paseo marítimo y me llamaba desde su teléfono móvil para invitarme a unirme a ellos.
        Tardé en llegar el tiempo de cambiarme y hacer los trescientos metros que separaban mi casa de la terraza del GIANFRANCO, la cafetería-granja-coctelería a la que la gente local solía ir cuando el POMELO’S no era una opción válida. -¿Ya tienes la barbacoa a punto para mañana?- Preguntó Thomas un segundo después de sentarme, con su acento de español mexicano.
        -Las barbacoas se organizan solas.-  Contesté riéndome irónicamente.
        -Que bien… no sabes cómo echaba de menos estas cosas.- Dijo Miquel mientras le daba un buen sorbo a un gin-tonic. Me empezaba a exclamar el que últimamente cada vez que veía a mi amigo, tenía un vaso con alcohol en la mano.
        -Tengo que deciros que van a venir un par de invitados sorpresa.- Dije con tono de preocupación.
        -No me digas que has invitado a alguno de los Boy’s del show del viernes del PACHA.- Dijo Miquel poniendo cara de entusiasmado, mientras daba saltitos sobre la silla como un niño esperando un pastel.
        -No… No es eso. Van a venir Álvaro y su actual pareja… mi jefe de la empresa.- De golpe me pareció oír un frenazo en el cerebro de Miquel y su cara paso del entusiasmo al pasmo y desagradable sorpresa.
        -Un momento.- Dijo Miquel muy contrariado. -¿Tu jefe es ese japonés rubio que te tirabas hace unos meses?-
        -Si.- Dije yo.
        -¡Tú eres idiota!- Dijo mi amigo haciendo ademanes con las manos. -¿Piensas poner en una misma sala a tu exnovio junto con su actual pareja que resulta que es un examante tuyo y a tu actual pareja, que por cierto se lio a ostias con tu expareja en tu casa?- Mientras Thomas alucinaba con el carácter que demostraba su pareja.
        -Jajajajja.- Me reí de la preocupación mi amigo. -Una cosa es segura, esa barbacoa promete ser apoteósica.-
        Durante el tiempo que tardé en tomarme el resto del refresco Miquel intentó de manera infructuosa que desinvitase a Álvaro y a Klaus.
        Thomas, que durante todo el tiempo había estado escuchado y no había dicho ni pio, rompió su silencio y me pregunto: -Miquel me ha dicho que trabajas en una multinacional japonesa, cuando te refieres a tu jefe… ¿Estás hablando de tu jefe de sección?-
        Ante la pregunta tuve mis dudas sobre si decirle quien era realmente mi jefe. Pero… ¿Porque no?, por una vez que podía presumir de amistades importantes. Y se lo solté: -Es uno de los accionistas de la empresa, se llama Klaus-Hiro Yamahaka.- Y fue decir ese nombre y el pobre Thomas casi se cae de la silla.
        Una vez se hubo recuperado del shock, me dijo muy serio: -¿Estás seguro de que realmente esa persona que conoces es Klaus-Hiro Yamahaka?-
        -Mmmh… ¿veintitantos, mestizo japonés de pelo rubio dorado?- Dijo Miquel haciendo una mueca con la cara.
        -Padre japonés y madre noruega.- Dije yo dándole más información.
        -Si realmente es quien estáis diciendo, yo tengo que venir a esa barbacoa.- Dijo Thomas muy serio. -Mi empresa lleva años intentando trabajar con esa multinacional, pero jamás nos han concedido ni una entrevista.-
        Mire muy sorprendido al americano y le dije riéndome a Miquel: -Tú, controla a tu chico, no quiero que mañana se dedique toda la noche a agobiar a mis invitados.-
        Fue en ese momento cuando Thomas insistió en invitarnos a cenar a Darío y a mí. No tenía muy claro si fue una reacción espontánea a la revelación que acababa de hacerle o simplemente quiso tenerme más tiempo cerca para poder sacarme más información del japonés rubio. La cuestión era que a las ocho estábamos en casa esperando a Darío para irnos los cuatro a cenar a un buen restaurante del centro de Palamós. -Bueno, supongo que con chuletones  y buen vino será más fácil decirle a mi novio que mañana se encontrará cara a cara con dos de mis examantes.- Pensé.
        Durante toda la cena Darío casi ni abrió la boca. Esa solía ser la actitud que tomaba cuando no tenía ni idea de que iba la conversación que manteníamos los demás: escuchar y callar para no cagarla. Aunque las expresiones de su cara ante la insistencia del americano para que le revelase más datos personales de mi jefe y su actual pareja, eran todo un poema. La expresión se le tornó de muy mala leche cuando le quedó claro que a la cena del día siguiente estaban invitados el japonés que me trajo la muñeca de porcelana y el tío pelirrojo con él que se dio de ostias la primera noche que se quedó a dormir en mi casa.
        Esa noche me tocó estar hasta casi las dos de la madrugada dándole explicaciones a mi pareja sobre mi vida antes de conocerlo. Al final y después de muchísimo hablar, todo se redujo al típico: -Tu vida antes de conocerme no me importa… yo también tengo un pasado.- Zanjándose así posibles malos entendidos futuros.
        -Aunque, eso de que Álvaro te dejo por un modelo mejor de novio, perdona que te lo diga, es una falacia. Tu novio cambió un buen vino con solera por una botella de Moët & Chandon de alta gama.- Dijo mirándome a los ojos. -Tienes la maldita manía de considérate muy por debajo de que realmente eres. Y yo, sinceramente, prefiero el vino al champagne.- Y dicho eso me dio un beso en la mejilla y se dispuso a dormir.
        -Qué razón que tienes, cabrón.- Pensé. Además no era la primera persona que me decía eso mismo.
        Eran pasadas las dos de la madrugada y no podía dejar de pensar en que el propio Klaus-Hiro me había dicho hacía ya unos meses las mismas palabras que acababa de soltarme un aspirante a peluquero de dieciocho años. -Sin duda alguna yo debería de ser consciente del hecho de que podía aspirar a muchísimo más que a un empleo de operario en esa empresa. Pero, me consideraba una persona cómoda y práctica, y sinceramente la idea de luchar para triunfar en la casa de otros no me seducía lo más mínimo.- Estaba convencido de que me costaría mucho dormirme, se estaban amontonando en mi cerebro las palabras de mi amante junto al estrés que llevaba acumulando durante esa tarde. Y el despertador sonaría implacable a las seis y media.

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        ¿Porque al final todo se reduce a los intereses individuales de cada persona?

        Imagen Eriko Stark.




lunes, 30 de octubre de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO. (Miquel, Thomas y las conveniencias de los amantes enfermeros)

MIQUEL, THOMAS Y LAS CONVENIENCIAS DE LOS AMANTES ENFERMEROS.


        El sábado tres de junio, a las doce de la mañana, alguien estaba aporreando la puerta. -De no estar seguro de que Miquel estaba en los Estados Unidos, juraría que es él.- Refunfuñé mientras salía de la cama como podía y me arrastraba hacia la puerta. Hacía escasamente cinco horas que nos habíamos metido en la cama Darío y yo y, sinceramente, necesitábamos al menos un par de horas más de sueño.
        Al abrir la puerta me encontré frente a Miquel. -¡¡¡Sorpresaaa!!!- Gritó mientras entraba en tromba seguido de su séquito habitual: Nuria, “La Cuca”, Lidia y Lola, con un añadido, traía además a su novio americano con él. -Nosotros traemos los croissants y tu pones el café, y después… ¡¡¡Barbacoaa!!!  ¡Dios! Como he echado de menos esto.- Dijo mientras me abrazaba con fuerza.
        En ese momento vi pasar por delante de mí a Nuria y el enorme barrigón que iba pegado a ella. -Voy a preparar café.- Dijo riéndose, mientras el resto de la “troupe” colocaba todo el avituallamiento sobre la mesa. Desde el pasillo podía ver la cara de susto que estaba poniendo Darío, tapándose con el nórdico pues estaba en pelotas.
        -Este es Thomas.- Dijo Miquel presentándome a su actual pareja.
        -Encantado.- Dijo el americano dándome la mano mientras yo le sonreía un poco desconcertado.
        -Perdona el desorden pero supongo que Miquel ya te habrá dicho que los que vivimos aquí somos artistas.- Le dije, disculpándome por tener la casa completamente manga por hombro.
        Hacían una curiosa pareja, aunque conociendo las ultimas conquistas de Miquel (Drako como muestra), este chico era de lo mejorcito que le había visto. Lo que me llamaba más la atención era la diferencia de edad. Contrastaban los veinticinco o veintisiete años de mi amigo con los cuarenta y pico de Thomas. Además el americano era mucho más bajito y rollizo que Miquel, y ya empezaba a tener el pelo canoso. Me resultaba curioso el que, a la que subía dos escalones o hacia algún esfuerzo, se ponía a resoplar como un cerdo el día de San Martin. Eso, unido al acento mexicano que tenía su español, lo hacía parecer entre entrañable y divertido. Con un bigote y un sombrero de ala ancha habría sido una versión rubia y pecosa de Pancho Villa.
        Una vez hechas las presentaciones, fui en auxilio de mi pareja, con la excusa de ponerme algo de ropa más adecuada, pues tan solo llevaba puesto los pantalones de chándal. Mientras, mis amigos tomaban posesión de la cocina, el comedor y la terraza, empezando a tomar café o aperitivos, según fuese su necesidad o conveniencia. Darío estaba perplejo, se agarraba al edredón cubriéndose como si estuviese viendo peligrar su intimidad. -Tu solo habías conocido a Miquel ¿verdad? además se fue a Los Ángeles a la semana siguiente que lo conociste.- Le dije.
        -¿Siempre son así de eufóricos e inoportunos?- Preguntó con cara de terror.
        -Antes, cuando hacia una barbacoa los jueves de cada dos o tres semanas casi no aparecían por casa en sábado o domingo, bueno, el Miquel muy a menudo, pero ese no cuenta. Y como desde semana santa no hemos hecho ninguna cena para reunirlos, pues tarde o temprano tendría que suceder esta reunión improvisada.- Le dije riéndome. -La excusa, aunque podría haber sido cualquier otra, es la llegada de la parejita americana.-
        -¿Y no podrían quedar en un bar como hace todo hijo de vecino?- Se quejó mi chico.
        -Están acostumbrados a usar mi casa de centro social mariquita, y a ver quién es el guapo que les dice que no pueden seguir reuniéndose aquí.- Dije mientras me vestía. Darío se reía y hacia como que no con la cabeza.
        Cuando estuvimos a punto, con los pantalones tipo pirata y una camiseta de manga corta, aparecimos en la terraza. -Para quien no esté al día de la situación: Os presento a mi chico, Darío.- Todos saludaron con un inapetente “hola”, no parecían excesivamente interesados por mi actual pareja. Solo Nuria se le acercó y le ofreció una taza de café.
        -Eres el hijo pequeño de Piluca “La ferretera”, ¿verdad?- Preguntó mi embarazadísima amiga.
        -Si.- Respondió Darío muy escuetamente.
        -Era inevitable que los dos chicos que más escándalos han protagonizado en el pueblo acabasen juntos.- Dijo riéndose ante un avergonzado Darío. -Hacéis una pareja perfecta.- Añadió mientras le daba un beso en la mejilla y regresaba a la cocina seguida por mi actual novio.
        En la terraza se había formado un grupillo alrededor de Thomas, que estaba reclinado en una de las tumbonas. Todos parecían interesados en lo que estaba contando, preguntándole con ansia. Solo abandonaban la conversación para hacer caso a sus teléfonos móviles. Bueno, todos menos Miquel, que no se atrevía a abandonar el grupo, pero estaba muy pendiente de lo que yo hacía, y por su actitud de niño que se está haciendo pipí, deduje que se moría por contarme algún chisme importante. Vi cómo se bebía el Martini que tenía en la mano de golpe y excusándose, fingió ir al comedor para rellenar su copa. Al pasar por mi lado me hizo una señal para que lo siguiese dentro de la casa.
        -¡Está forrado de dólares!- Me dijo al oído cuando estuvo seguro de que nadie nos escuchaba.
        -Mira tú por dónde, has pegado el braguetazo del año.- Le dije riéndome mientras me acababa el café que me había preparado Nuria.
        -Es increíble, me trata como una reina y me consiente todos los caprichos del mundo.- Dijo Miquel completamente eufórico.
        -Pues hija, cásate con él y no lo dejes escapar, que un partido así no se encuentra todos los días.- Dije con tonillo irónico.
        -A eso hemos venido.- Afirmó mi amigo con tono muy serio. -En quince días se me acababa el visado de vacaciones y hemos regresado para poder tramitar desde la embajada de aquí un visado de trabajo permanente.-
        -¿Y te quedaras ya por siempre en Los Ángeles?- Le pregunté sorprendido.
        -Eso es el paraíso gay. No te puedes ni imaginar los chulazos que hay por ahí, si uno está bueno el de al lado está mejor. No sé qué les dan de comer a los chicos americanos pero crecen con unos cuerpazos que quitan el hipo…- Miquel parecía excitarse solo con imaginárselo. Dicho eso, cogió su Martini recién rellenado y regresó al lado de su novio para vigilar como un ave de presa que ningún palomito se lo birlase, y yo, como buen anfitrión, me decidí a poner en marcha las brasas de la barbacoa.
        Durante el almuerzo Thomas estaba en su salsa. Por lo que deduje de la conversación, el americano había sido bróker en la bolsa hasta los treinta años. Edad en la que se retiró con una cartera de acciones y una cuenta corriente de escándalo. Dedicándose los últimos quince años a montar empresas de software que daban servicio de apoyo a grandes multinacionales en los temas de informática y de internet. Realmente aprendí más de ordenadores y sus programas en esa comida que en diez años de trabajar con robots en una fábrica japonesa.
        Aprovechando que tenía a mano a alguien tan instruido a nivel de nuevas tecnologías, lo usé para intentar que me confirmase si las palabras póstumas de mi difunto amante japonés tenían algún sentido práctico.
        -¿Cuál de los formatos de video acabará imponiéndose, el VHS o el Beta?- Preguntó Lidia pretendiendo hacernos creer que entendía algo sobre el tema.
        -Lamento decirte que antes de diez años habrán desaparecido del mercado los dos sistemas y serán sustituidos por sistemas digitales del tipo DVD.- Dijo Thomas con cierto aire de disculpa. Hay que tener en cuenta que el formato DVD en ese año ya existía, pero eran unos discos compactos enormes y muy aparatosos. Aunque en los USA ya se comercializaba el sistema actual de DVD, la gente de calle de Palamós no vería uno de esos disquetes hasta casi el año 2000.
        -¿Y qué haremos con los aparatos y todos las cintas de video que tenemos en casa?- Preguntó Lola totalmente desconcertada.
        -Pues lo que hace todo el mundo con los trastos viejos.- Dijo el americano sonriendo. -Lo guardareis en las estanterías de los muebles al lado del aparato de video durante un tiempo mientras os adaptáis al nuevo aparato digital, con la falsa ilusión de que ese sistema aun tendrá alguna utilidad en el futuro y al cabo de varios años descubriréis en un trastero todas las cintas y aparatos asociados al sistema de video que se habrán convertido en trastos inútiles y engorrosos.- Añadió ante la cara de sorpresa de todos los comensales. -En realidad es una estrategia de mercado a medio plazo genial. Tened en cuenta que cuando os hayáis adaptado al nuevo sistema de DVD, las grandes multinacionales del consumo de electrónica domestica ya tendrán a punto otro formato para obligaros a cambiar televisiones, sistemas de almacenamiento de películas y reproductores cada cinco o diez años.-
        -Entiendo, y supongo que con los teléfonos móviles sucederá lo mismo.- Dije yo.
        -En efecto.- Dijo mostrándome su teléfono móvil. -Este aparato lleva incorporada una pequeña cámara fotográfica y una pantalla, es de lo último en tecnología digital y me permite descargar las fotos en mi ordenador personal.- Todos nos quedamos alucinando con la sofisticación de ese teléfono que parecía un hibrido entre mando a distancia y ladrillo. -¿Conocéis la serie de televisión Star Trek?- Preguntó, asintiendo todos con la cabeza. -Pues la tendencia comercial consiste en que los teléfonos móviles se vayan pareciendo cada vez más a los “Tricordes” de esa serie, con infinidad de aplicaciones y funciones incluidas.-
        -No creo que eso sea así.- Dijo Nuria. -Estos aparatos son carísimos, y la mayoría de la gente no podrá permitírselos.-
        -Sí, en este momento sí que son caros, ya que la mayoría de los aparatos que aparecen en el mercado son prototipos de exploración de posibles cupos de venta, pero cuando la producción sea masiva los precios bajaran mucho. Una cosa que tienen a su favor es que es un tipo de tecnología muy barata de producir.- Sentenció Thomas dejándome con una gran preocupación en el cuerpo, pues de golpe acababa de entender exactamente a qué se refería Hikaru en el mensaje póstumo que me hizo llegar dentro de la muñeca de porcelana.
        Después, la barbacoa siguió con los temas habituales, nos pusimos al día sobre los chafardeos locales y Miquel nos contó algunas curiosidades de Los Ángeles. Hacia las cuatro de la tarde “La Cuca” y Lola se fueron pues tenían obligaciones laborales que atender y Thomas parecía que se estaba indisponiendo, así que Lidia, la enfermera del grupo, propuso que se retirase a descansar y tomase su medicación. -¿Medicación?- Me pregunté.
        A las cuatro y media solo quedábamos en casa Nuria, Darío y yo. -¿Qué le pasa a Thomas?- Le pregunté a Nuria esperando que me aclarase porque se ahogaba tanto y tenía a veces la piel tan violácea.
        -Tiene problemas de corazón.- Me dijo muy seria.
        -Problemas tipo me puede dar un infarto en cualquier momento o del tipo me enamoro de quien no debo.- Si, ya lo sé, sonaba excesivamente sarcástico, pero es que me estaba refiriendo al novio de Miquel.
        -Del tipo: Miquel puede quedarse viudo en cualquier momento.- Dijo Nuria mirándome con cara de mala leche. -¿Por qué sois tan malas entre vosotras las mariquitas?- Añadió molesta.
        -Es que se me hace extraño ver a Miquel en una relación con alguien tan… dependiente.- Dije con tono de preocupación.
        -Ya sabes cómo es Miquel, siempre necesita tener relaciones muy intensas.- Dijo Nuria mientras Darío nos miraba muy atentamente sin decir ni mu.
        -¿Y el que esté podrido de pasta no influye para nada?- Yo volvía a ser malo.
        -Supongo que algo estará influyendo, pero tienes que entender que Miquel en los USA tiene la misma consideración que tienen aquí los inmigrantes ilegales que vienen a trabajar en la construcción. El que estén aquí intentando solucionar su situación legal en Los Ángeles dice mucho de la implicación de los dos en la relación que mantienen.- Dijo Nuria muy complacida.
        Dando por concluida la autopsia a la relación de Miquel y su novio, nos dispusimos a recoger la mesa y limpiar un poco la terraza y la cocina. Nuria se apropió del fregadero y no nos dejó limpiar ni un plato, tal y como solía hacer siempre. Eran las siete cuando nuestra amiga se despidió. Insistimos en llevarla hasta su piso, pues su bloque estaba al otro lado del municipio, pero ella se empeñó en ir dando un paseo, pues quería ir un ratito a la playa para mojarse los pies y sentarse en la arena. Insistí en que al menos Darío la acompañase por el trozo del paseo marítimo, me hacía cosa dejarla ir por ahí con ese barrigón sin que nadie le diese apoyo.
        Cuando salieron yo me dediqué a preparar los trastos de Dragg Issis para esa noche.
        A las ocho y media cuando Darío regresó, yo ya tenía todos los trastos cargados en el FIAT Punto de color lagarto. -Por lo que parece, al final las cosas le han ido muy bien a Miquel en América.- Dijo mi chico rubio muy complacido mientras entraba en el coche.
        -No te dejes impresionar.- Le dije. -Los arboles no te dejan ver el bosque.-
        -¿A qué te refieres?-Preguntó Darío.
        -Una cosa es verlos cara a la galería, donde los dos se comportan como lo que se esperaría de una pareja ideal.- Dije yo al poner en marcha el automóvil.
        -¿Quieres decir que todo es una fachada?-Preguntó mi chico desconcertado.
        -Ignoro qué tipo de relación tienen esos dos, pero una cosa tengo clara: Thomas a Miquel lo tiene contratado como cuidador personal o enfermero.- Sentencié. -Lo de meterse en su cama no tengo ni idea si está incluido en el contrato o no.- Darío me miraba con la cara muy seria y sin contestarme. -Me preocupa mucho que todo esto acabe en un baño de lágrimas.- Concluí.
        Eran las nueve y en pocos minutos Dragg Issis aparecería de nuevo y tendría toda la noche para lucirse y ser el centro de la fiesta. Nadie debía de notar lo tremendamente preocupado que estaba por un amigo que no había parado de cagarla en todo lo que había hecho desde el momento en que lo conocí hacía ya ocho años.


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        Una buena amiga siempre me decía: Nada es tan efímero como la ciega felicidad de los amores imposibles.

        Imagen: Eriko Stark


domingo, 22 de octubre de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO. (Fragmentos del diario de un directivo japones.3 (Carta de despedida de Hikaru Yamahaka a su amante))

FRAGMENTOS DEL DIARIO DE UN DIRECTIVO JAPONES.3 (Carta de despedida de Hikaru Yamahaka a su amante).

        No sé muy bien cómo debo empezar esta carta. La verdad es que no estoy acostumbrado a escribir este tipo de misivas. Normalmente redacto informes a mis secretarios, pero este mensaje es demasiado personal para permitir que otra persona lo escriba por mí. Así que te pido disculpas por adelantado por los errores que pueda cometer en la redacción y espero poder plasmar exactamente cuáles son mis sentimientos e intenciones.
        Hoy es siete de enero de 1995. Esta mañana el maestro Akira Hukame, cumpliendo el plazo prometido, me ha entregado las dos piezas de porcelana que le pedí hace una semana. Son unas esculturas de una exquisita perfección y el trabajo de bordado que han realizado en el kimono es sublime. He colocado una de las muñecas de porcelana en un lugar especial en el porche de mi casa de Kioto. Recibe una luz indirecta durante todo el día y he colocado a su alrededor los doce bonsáis que he cuidado en los últimos veinticinco años. Cuando la nostalgia me invade, su presencia me reconforta y me recuerda que aún hay esperanza. La otra muñeca de porcelana, como ya habrás descubierto, era para ti.
         Pienso en ti constantemente, mi bello y joven artista. Creía que el tomar consciencia de haberte humillado y maltratado en mi despedida, haría que me fuese más fácil el pasar página y olvidarte. Pero el resultado ha sido el contrario del que esperaba… me siento culpable, ruin y mezquino. Solo puedo pensar en el daño que te he provocado y en como compensarlo.
        Es irónico, ya me había convencido de regresar a España para recuperarte, de hecho ya estaba preparando mi viaje de retorno, cuando el Doctor Ukemawa me ha informado de que me quedan pocos meses de vida. Y aun así, solo puedo pensar en que desearía pasar el poco tiempo que me queda a tu lado. Pero entonces me calmo y pienso que sería muy injusto transformarte en el enfermero de un moribundo. Realmente deseo que me recuerdes tal y como éramos en estas fotos que te envío, felices y deseosos el uno del otro, no como lo que empiezo a ser en este momento: la sombra de aquel hombre poderoso que fui.
        Es mi deseo informarte de lo que sucederá en el futuro más próximo en vuestra empresa. Es justo que lo sepas y así podrás entender por qué estoy actuando como lo estoy haciendo.
        Mi inmolación como Directivo del Consejo de Ejecutivo de la Casa Madre, debería traer como consecuencia una larga época de estabilidad en la filial de nuestra empresa en España, de la mano de mi hijo Klaus-Hiro. Él todavía no sabe que está destinado a controlar esta gran multinacional en un futuro próximo. Tiene la preparación necesaria para ser un gran Director General, pero todavía no entiende cual es la esencia que se esconde en el alma del consorcio empresarial. Sin duda tendrá curiosidad por conocerte. De hecho lo he preparado todo para que tenga la necesidad de conocerte. Si ejerces en él solo una pequeña parte de la influencia que me has realizado a mí, sin duda alguna empezará a desear amar a esta empresa.
        Puede que al principio la situación sea turbulenta: mis enemigos en el consejo de administración se envalentonaran con mi desaparición, mostrándose tal y como son en realidad al estar convencidos que mi hijo es débil de espíritu. Sus agresiones sin duda harán a Klaus-Hiro más fuerte, para que así aprenda a usar las armas que he dispuesto que le lleguen a sus manos de manera progresiva.
        Una vez se concluya mi plan, se podrá garantizar un periodo de tranquilidad en vuestra empresa de entre cinco y ocho años. Porque, y eso me rompe por dentro el alma, tus esfuerzos por salvar la empresa en la que trabajas solo permitirán darle una bocanada de aire y un poco de tiempo. Eso es así porque la viabilidad del planteamiento productivo de la fábrica de Girona es completamente obsoleto a largo plazo.
         La base de los beneficios de esa factoría, y que tan buenos resultados ha dado en los últimos veinte años, es una combinación de mano de obra relativamente económica junto con unos materiales asequibles y a bajo precio. Eso nos ha servido para introducirnos en un mercado que imponía grandes aranceles a los productos fabricados fuera de la Unión Europea. Podíamos así contentar a un público que pedía productos voluminosos, tecnológicos y de cierta calidad en la manufactura sin tener que importarlos de los países que realmente podían producirlos a unos precios verdaderamente bajos.
        En el futuro más próximo, la tendencia del mercado llevará a la desaparición de los aranceles de importación y acabarán por imponerse los productos altamente tecnológicos y con formatos muy pequeños y ligeros, que permitirán un fácil transporte. Es en este punto donde los sistemas de producción de vuestra empresa fallan por completo. Los directivos, no han invertido ni un céntimo en reconvertir la empresa en un modelo de fabricación de productos de alta gama y digitales. Están anclados en un modo de producción basado en el potencial humano, renunciando a la utilización de robots de alta tecnología aplicados a la producción.
        Esa carencia hará que en pocos años vuestros sistemas de producción sean totalmente obsoletos y no puedan competir con la oferta de mano de obra muchísimo más barata de otros países con economías emergentes.
        En previsión de lo que sin duda alguna sucederá, incluyo dinero suficiente para que puedas rehacer tu vida cuando el inevitable final de la empresa suceda. No es justo que después de lo que te has expuesto para luchar por nuestra empresa la única recompensa que recibas sea una carta de despido. Invierte bien ese dinero para que te asegure un futuro próspero. Por mi parte me despido convencido de que he hecho todo lo que estaba en mi mano para protegerte. Te deseo toda la felicidad y prosperidad del mundo.

        Hikaru Yamahaka.


        Después de leer la carta quedé totalmente abatido. No entendía nada, se suponía que habíamos ganado los buenos: Klaus tenía todo lo necesario para poner de rodillas a todos los directivos del Japón y aun y así eso no sería suficiente para que la empresa sobreviviese más allá de ocho años… -No era justo.-
        Me senté en el sofá mirando a mí alrededor, intentando imaginarme a que se refería Hikaru cuando hablaba de los productos altamente tecnológicos. Para mí en ese momento la alta tecnología era sin ninguna duda el reproductor de video y el televisor de cuarenta pulgadas con sonido envolvente, que podía conectarlos con el enorme equipo de música de módulos independientes con Compac Disk, amplificador, ecualizador, grandes altavoces de madera lacada, doble platina de cassete, y tocadiscos de discoteca.
        Él no va más de la tecnología a la que había tenido acceso en ese momento, en mis posibilidades económicas, era la antena parabólica que me había hecho instalar, dirigida al satélite ASTRA y que usaba para ver y grabar el único canal gratuito al que podía acceder: la MTV. Otra de las filigranas tecnológicas que veía venir con fuerza eran los teléfonos móviles, pero en ese momento no le veía una utilidad real, aparte de seguir como un borrego a la moda tal y como hacían la mayoría de los “Pijos” del momento.
        En ese momento me parecía imposible que los ordenadores saliesen de las oficinas o talleres y entrasen como un electrodoméstico más en todas las casas y escuelas. La palabra internet tan solo aparecía en los comics, novelas y películas de ciencia ficción americanas, donde algunos privilegiados y empresas ya empezaban a usarlo. Pero en mi mundo real de 1995 lo único que conocíamos de esas complicadas tecnologías eran los E-Mails que enviaban desde Japón a los directivos de la empresa y, sinceramente, nos parecían extraños y ciertamente irreales.
        Como comprenderéis, la idea de televisores planos, sonidos envolventes con altavoces mínimos, y todas las características de video, sonido, fotos y archivos de datos concentrados en un PC o un teléfono móvil me sonaban más a Star Trek que a productos de centro comercial (tal y como lo entendemos ahora).
        Ante el gran desconcierto que tenía en ese momento solo me quedó clara una cosa: A la fábrica le quedaba tan solo cinco años de vida.
        Quería pensar que el disponer de esa información me daba alguna ventaja sobre el resto del mundo, pero de golpe el terror invadió mi mente. Llevaba varios años deseando que me echasen a la calle para poder cobrar el subsidio de desempleo y poder acabar mis estudios de arte, pero en el momento en que tuve la certeza de que eso sucedería con una fecha límite, empecé a cuestionarme todos mis planes mientras una terrible ola de inseguridad invadía todos los poros de mi cuerpo. -¿Qué había cambiado para que yo reaccionase de ese modo? si yo siempre había estado bastante seguro de mí mismo en ese aspecto.- Sin duda alguna mi relación con el Sr. Hikaru Yamahaka había tenido algo que ver en este cambio de actitud.
        Para poder entender un poco todo lo que me contaba mi examante en la carta, durante varios días dedique cierto tiempo a investigar algunas de las cadenas auxiliares, concretamente las que se dedicaban a terminar de montar las placas de circuitos integrados de los equipos electrónicos que fabricábamos en la empresa. Conocía bien el departamento, durante varios años me había encargado del proceso inicial de esa sección, estando al cuidado de las insertadoras automáticas de componentes. Esas máquinas, aunque muy sofisticadas, no dejaban de ser verdaderas antiguallas que básicamente colocaban puentes (algo parecido a grapas), resistencias, diodos y bobinas, vamos las piezas más simples y voluminosas de las placas.
        Al observar a las chicas que insertaban los chips y circuitos integrados entendí a qué se refería Hikaru cuando hablaba de la obsolescencia de nuestra empresa. Los chips solían ser pequeñas piezas muy delicadas de entre medio y dos centímetros, con infinidad de patitas metálicas que tenían una posición muy determinada en la placa. Era muy complicado colocarlas correctamente y a eso se le añadía el que las patitas metálicas muy a menudo se doblaban o no entraban en su posición correcta, error que provocaba que todo el aparato no funcionase correctamente. Fue en ese momento que me vino a la mente una escena de la película “Acoso”, con Demi Moore y Michael Douglas como protagonistas, en esa escena el personaje protagonizado por Demi Moore se paseaba por una cadena de montaje similar a las que teníamos en la empresa, donde unas mujeres vestidas con el típico sari indio y largas melenas trenzadas intentaban colocar de manera muy complicada y a mano, unos chips muy parecidos a los que usábamos nosotros. Esa escena servía para demostrar la inocencia del protagonista, pues sus órdenes habían sido que esos chips de alta tecnología debían de ser colocados de manera automática y en atmosferas muy controladas, cuando en realidad se colocaban del mismo modo que hacíamos nosotros: a apretones y manualmente.
        En ese momento me di cuenta de que la empresa no dejaba de ser un mega taller donde solo colocábamos tornillos y ensamblábamos piezas muchísimo más sofisticas que en realidad se fabricaban en Japón, China o el Reino Unido. Las únicas piezas originales que se realizaban en la zona eran algunas cajas de madera, piezas de plástico, embalajes y poca cosa más... Algo me decía que se seguirían produciendo aquí hasta que desde el gobierno se endureciesen las normativas de protección del medio ambiente.
        Ante semejante panorama llegué a la conclusión de que debería tener una charla con Klaus-Hiro y pedirle explicaciones sobre lo que Hikaru contaba en la carta. Aunque no le mostraría la carta original, sino la traducida por mí, obviando la parte que hablaba de los cuarenta mil dólares, se trataba de ser honesto, pero no tanto.
        Estábamos a veintidós de mayo y el verano ya nos llamaba desde el otro lado de la calle. Darío en menos de media hora llegaría de las prácticas de trabajo en la peluquería RIÇÇO’S y yo me preguntaba sobre la conveniencia o no de contarle todo lo que había descubierto en el mensaje póstumo de mi examante a mi actual pareja. -Ya se lo contaré otro día, cuando tenga las ideas más claras.- Pensé. Y empecé a recoger los trastos de la mesa del comedor.

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