martes, 1 de agosto de 2017

Relación oculta, el primer cortometraje erótico de David González

David González ha tocado infinidad de temas y registros: terror, suspense, drama, comedia, ficción, amor, morbo, crítica social, intriga....Y ahora le llega el turno al erotismo.

Y es que el realizador catalán se lanza a rodar su primer contenido audiovisual altamente sexual.

Un drama romántico, una profunda historia de amor sexual, erótica, elegante y sensual que no deja de tener un contexto social con trasfondo además de diálogos punzantes.


La historia es muy simple. Una pareja homosexual con una notoria diferencia de edad. 20 y 40 años.

El joven está profundamente enamorado y lo tiene muy claro. El más maduro también le ama pero se enfrenta a un fuerte dilema y a una crisis existencial donde la lógica y la ética le jugarán malas pasadas.

Aunque el reparto aún no está confirmado, se sabe que la ayudante de dirección y coach será Alicia Latroupe (Quien ya trabajó en CHANTAJE y J.K HOTEL) y que el libreto y la dirección corren a cargo de David González, quien rodará este mismo mes de agosto y ha asegurado que el cortometraje será, en realización, diferente a todo lo que ha hecho hasta ahora. El sexo será el protagonista absoluto del cortometraje, a pesar de que no todo su metraje contenga esas escenas.

Sin ser pornográfico ni explícito pero sí muy atrevido, Relación oculta comenzará a rodarse a principios de agosto.


Mes en el que también comenzará la producción de su cortometraje Selectiva y no remunerada, proyecto que supone una fuerte crítica a las empresas que realizan formaciones abusivas sin remunerar, y que está directamente basada en una experiencia propia.

En este proyecto que hablará del mundo del marketing y cuyo guión se encuentra retocando, ya han sonado diferentes nombres en el reparto como Adriá Disch (Sífilis), Carla González (La Hermandad, Cani), Lorena Pino (La elección es tuya) y nuevos fichajes del joven, director, guionista y productor, siempre enfrascado en denuncia social mientras da el salto muy próximamente al largometraje con la adaptación de La elección es tuya.


jueves, 1 de junio de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO (Semana Santa, una muñeca de porcelana japonesa y yo mismo.8-(Darío, glosario de la A a H)

       SEMANA SANTA, UNA MUÑECA DE PORCELANA JAPONESA Y YO MISMO.8 (Darío, glosario de A a H)


        Darío nació un lluvioso dieciséis de abril de 1977. Pasadas cuatro horas, cuando después de limpiarlos, subieron a la madre y al niño a la habitación asignada, Piluca “la Ferretera” descubrió, como si de una revelación divina se tratase, que la decisión que tomó en solitario y a espaldas de su marido de quedarse embarazada por tercera vez, había sido una muy mala idea.
        Su madre, la abuela del niño, acababa de informarle que su marido no había aparecido por el hospital, de hecho, nadie sabía nada de él desde hacía dos semanas. Piluca había creído, en su desesperación, que las responsabilidades de un nuevo hijo le habrían hecho entrar en razón y se habría sentido obligado a cortar la relación que mantenía desde hacía ya dos años con una mujer quince años más joven que él. Lo que ella no se esperaba, era que Abelardo, su marido, estaba en esa edad a la que tradicionalmente se considera que ya has vivido la mitad de la vida que podrás disfrutar y te cuestionas todas las decisiones tomadas. Al igual que todos los hombres heterosexuales al verse próximo a los cuarenta años (a los gais nos sucede a los treinta) se estaba replanteando todas las oportunidades perdidas a consecuencia de su matrimonio y todas las demás obligaciones que eso había conllevado.
        Una vez dado el paso, habiendo probado el sabor de la independencia, a Abelardo, la responsabilidad que le pretendía imponer su esposa en forma de un nuevo hijo, le supo igual que un trago de hiel. Su respuesta fue poner tierra de por medio y recomponer su vida con la otra mujer.
        Como muchísimos otros, su enlace había sido el resultado, más que del amor, de la necesidad de dos personas de juntarse para mejorar su estatus social. Pilar (Piluca), era la hija única de los dueños de una de las tres ferreterías que quedaron en pie en Palamós después de la Guerra Civil. Después de muchas penurias y sacrificios lograron tirar adelante el negocio familiar. Tuvieron la gran suerte de ser los propietarios de los huertos y campos de labranza por donde crecería urbanísticamente la cuidad en los años cincuenta, sesenta y setenta, por lo que, esos terrenos se transformaron en un enorme jamón del cual cortaban una loncha cada vez que un constructor quería hacer el pueblo un poco más grande, y, de rebote, a los participantes en la operación un poco más ricos. Ese dinero hizo de Piluca una de las chicas bien de la zona.
         Durante la reordenación y la ampliación del puerto, a principios de los años sesenta, aparecieron por la ciudad varios ingenieros enviados desde la capital del reino para supervisar las obras. Abelardo apareció en el mundo de Pilar rodeado del aura de modernidad y glamour que desprendían los universitarios de la capital, haciéndosele irresistible desde el primer instante en que lo conoció, durante las fiestas patronales.
         Cuando le entregaron a su hijo para que lo alimentase por primera vez, Piluca, ante la evidencia del tremendo problema que se le presentaba en el futuro más inmediato, lloró. Se limitó a alimentarlo, ni lo abrazó ni hizo ninguna muestra de cariño hacia ese trozo de carne de piel rosada y pelo rubio que succionaba con avidez sus pezones. El único atisbo de sentimiento que desprendía esa mujer eran las lágrimas que se derramaban por sus mejillas, al tiempo que recibía todo el apoyo de su anciana madre, conocedora de la comprometida y durísima situación de su hija.
        Pilar se había casado enamorada. No era ese amor maduro, resultado de una convivencia, el compartir necesidades y experiencias vitales. Era amor pasional e idealizado, ese amor de posesión por poseer, el amor que te vendían en las películas americanas, ese que se suponía indispensable para acceder al matrimonio canónigo, el amor disfrazado de ilusión por un vestido blanco y esa gran fiesta donde ella, sin duda, sería la princesa, el centro del mundo. Esa ilusión y felicidad duró lo que duraban los cuentos de princesas como Cenicienta y Blanca Nieves: hasta después de la noche de bodas. Al despertar y descubrir que se acababa de entregar a un extraño que no tenía ningún interés en conocerla y que solo esperaba de ella que fuese una puta en la cama y una criada en la casa.
        Evidentemente no fue un matrimonio feliz. Abelardo utilizo el patrimonio de su esposa para medrar en el gran estudio de ingeniería de Barcelona para el que trabajaba (básicamente aceptó ese matrimonio buscando ese fin), mientras, Pilar criaba sus hijos sola en Palamós. De hecho, él se avergonzaba de ella, evitando mostrarla entre sus círculos profesionales y de amistades, por considerarla excesivamente pueblerina. Durante doce años fue un matrimonio a distancia, una especie de relación de fines de semana y vacaciones. Entre semana el marido trabajaba y vivía entre Barcelona o donde le llevasen los proyectos en los que participaba, supliendo sus necesidades afectivas y sexuales con infinidad de secretarias y profesionales del sexo… hasta que conoció a Sofía.
        Sofía era una mujer segura de sí misma, joven y fuerte. Recién licenciada en ingeniería, estaba haciendo prácticas en la empresa como becaria. Encontró en ella a alguien con las mismas ilusiones y objetivos, alguien que hablaba su idioma y que lo complementaba en todos los sentidos, emocional y profesionalmente. Su relación fue como un terremoto que destruyó por completo los cimientos de la vida que había construido con Pilar, haciendo añicos lo pocos soportes que aún mantenían la relación en pie.
        Darío creció sin conocer a su padre y sin el amor de su madre, que siempre lo consideró un daño colateral de la guerra que empezó cuando su padre la cambio por otra mujer quince años más joven. Desde ese momento Pilar se enfrasco en hacer de la vida de su marido un martirio, negándole el divorcio y poniéndolo en evidencia en todos los foros que podía. Esa actividad y todo el tiempo que dedicaba a la gerencia del negocio familiar le impidió el recuperarse emocionalmente y rehacer su vida. Inicialmente sus abuelos intentaron suplir las carencias afectivas que la madre le negaba al niño, especialmente su abuela que se preocupó muchísimo de su educación. Después de la muerte de los ancianos, Abel, su hermano mayor asumió el rol  de figura de autoridad ante Darío, de hecho, hacía ya cierto tiempo que se comportaba como el verdadero hombre de la casa.
        Darío creció cuidado por parientes, vecinos e infinidad de canguros. Haciendo de él un chico extrovertido y acostumbrado a ganarse las simpatías de todo el mundo. Pasó su infancia jugando en la calle, siempre con chicos mayores que él, apuntando maneras muy mariquitas desde muy temprana edad, quizás por eso fue inevitable que a los doce años se enamorase del hermano mayor de uno de sus compañeros de juegos, que lo inició en el sexo homosexual a tan pronta edad. Esa historia duró poco, pero corrió como la pólvora entre los aficionados a la pedofilia de la región, que empezaron a colmarlo de regalos y atenciones en busca de los favores del niño. Como el que no quiere la cosa, acabó pasando por la entrepierna de casi todos, sin despertar la más mínima sospecha entre los vecinos y familiares.
        Nadie sospechó nada de lo que estaba sucediendo, no podían imaginar que toda esa ropa de marca, juegos electrónicos, zapatillas deportivas y complementos de moda fuesen el pago por sus servicios sexuales. De hecho ni tan solo Darío era consciente de ello, él disfrutaba del sexo sin complejos, de los regalos y de ser el centro de atención de tanta gente, que lo hacían sentir la persona más especial del mundo. Pero acabó cumpliendo los dieciséis años, y siendo demasiado mayor para todos aquellos que buscaban a un niño, alejándose de un objeto que ya no les atraía. Se encontró de golpe en un mundo de adultos que empezaron a tratarlo como lo que realmente era: un chapero.
        De golpe todo lo que hasta entonces habían sido atenciones pasaban a ser malos tratos y humillaciones.
        Siendo como era, demasiado independiente como para aceptar esa situación, tuvo que reconstruir a toda prisa su mundo a partir de las experiencias que había vivido hasta entonces. Fue en ese momento en el que aparecí yo en su vida, trastocando todo lo que hasta entonces había conocido. El tomar consciencia de lo que realmente le había sucedido y descubrir que había otras realidades a parte de la que le había tocado vivir, lo transformó profundamente.
        Gracias a la insistencia de sus difuntos abuelos, accedió a aprender el trabajo de peluquero, más por hacer algo con su vida que por una verdadera pasión por ese oficio. Lo de trabajar como recogedor de vasos y camarero en el PACHA fue el resultado de un impulso, ya que disfrutaba muchísimo al sentirse protagonista y estar rodeado de gente.
        Eran las siete de la tarde del domingo de Semana Santa, había dedicado toda la tarde a traducir del inglés al castellano parte del diario del Sr. Yamahaka. Decidí parar, porque mi estómago me pedía insistentemente algo de comida que lo calmase, además, tenía que preparar la indumentaria de esa noche para Dragg Issis. Mis peores pronósticos se cumplieron cuando vi a Darío en el patio de casa, cargando con dos grandes bolsas de basura que contenían parte de sus efectos personales más preciados.
        La reunión con su familia había sido un perfecto fracaso. De las pocas explicaciones que me dio entre sollozos y llantos no me quedó muy claro si se había ido de casa por decisión propia o porque su madre y hermano lo habían echado. Dejó los dos bultos a un lado del comedor y se sentó muy abatido en el sofá. Al verlo tan desconsolado me enternecí, sentándome a su lado abrazándolo fuertemente, esperando poder darle consuelo con esa acción. Después de estar casi media hora en esa posición, intentando que me aclarase lo sucedido y ante la evidencia del hecho de que debíamos prepararnos para ir a trabajar al PACHA, pacté con él una especie de tiempo muerto, para poder seguir hablando del tema a partir de las seis de la madrugada, una vez finalizásemos la sesión en la discoteca.
        Aunque, el hecho de que llevase varios días acumulando ropa en casa, me hacía temer que había un poco de premeditación en todo lo sucedido y que la situación tenía mucho más de huida que de conflicto no resuelto.
        Durante el recorrido promocional junto a Tatiana, Dragg Essencia, Darío y un par de seguratas, ya convertido yo en Dragg Issis, y mientras mí chico se afanaba en repartir invitaciones, hablé con Tatiana. Le pedí que lo controlase un poco, pues temía que debido a la frustración y al mal rollo que acumulaba en el cuerpo por lo sucedido con su familia, le diese por beber mucho más alcohol del que debiera esa noche.
        La fiesta del domingo fue floja. Poca gente, muy hecha polvo y resacosa. Solía ser así cada año. Los turistas de vacaciones suele hacer del sábado el día de la apoteosis final fiestera y normalmente el domingo lo dedicaban a recuperar fuerzas para conseguir estar frescos el lunes por la mañana y poder sumergirse por completo en la operación retorno a casa. Curiosamente mi actual pareja se portó muy bien. Aunque un poco tristón, realizó su trabajo con eficacia y procurando ser divertido. Tatiana se pasó la noche haciendo coña con el chico, retándose continuamente entre ellos a bailar sobre la barra y haciendo competiciones de chupitos entre los clientes. Me alegró comprobar el gran compromiso que tenía la camarera con su compañero de trabajo.
        De regreso a casa, a las seis, le hice a mi pareja la pregunta del millón de dólares: -¿Qué ha pasado?-
        -No me entienden.- Fue su escueta respuesta.
        Comprendí que en ese momento no deseaba ponerme al corriente de su versión del conflicto que lo estaba alejando de su familia. No insistí. Sabía de primera mano lo difícil que era aceptarse a sí mismo a través del rechazo de los que deberían apoyarte. Le ofrecí lo que sabiamente me ofrecieron las personas que me acogieron cuando estuve en su misma situación: el estar ahí, el escuchar y el no juzgar.
        Al llegar a casa nos encontramos con las dos bolsas de basura industrial que contenían sus efectos personales en el rincón del comedor, justo donde las había dejado. Se quedó plantado mirándolas el tiempo que tardé en cerrar el portal del patio trasero y la puerta de la terraza. Cuando estuve a su lado me dijo: -¿Es así como te tienes que sentir?-
        -¿A qué te refieres?- Le dije.
        -Tengo todas las cosas que verdaderamente me importan en bolsas de basura, y las he tenido que sacar a toda prisa de la que hasta hace pocos días era mi casa, porque de golpe, ahora, soy un extraño para mis familiares.- Dijo con un tono muy afligido.
        -Es al principio. Con el tiempo duele menos y acabas viéndolo como un paso que tenía que suceder tarde o temprano.- Dije yo. -Ahora te toca aprender a valerte por ti mismo.- Y cogiéndolo por el hombro nos fuimos a la cama. Cuando despertásemos ya sería otro día: el último de las vacaciones de Semana Santa.
        Quince minutos después de meternos en la cama, Darío se giró y me preguntó: -¿Estas dormido?-
        -Estaba a punto.- Le dije un poco molesto.
        -¿Es normal tener la sensación de que tu madre nunca te ha querido?- Dijo con tono de preocupación.
        -Eso lo dices ahora porque estás molesto por lo que ha sucedido.- Le repliqué.
        -No creo que sea eso… veras, cuando me siento decepcionado o molesto por algo que tiene que ver con mi madre, me viene a la memoria todo lo que ha hecho y dicho desde que yo era muy pequeño.- Dijo mientras me abrazaba por detrás haciendo la cuchara. -No recuerdo que nunca me haya besado, ni para darme las buenos noches. Al principio creía que todas las madres eran como ella, pero después, en la escuela, descubrí que las madres de mis compañeros de colegio sí que les daban besos a sus hijos. Entonces pensé que eso era porque ella siempre estaba disgustada y molesta por el trabajo o porque papá se fue con otra mujer. Pero a veces, por la noche, me levantaba de mi cama a hurtadillas y los espiaba, me chocó muchísimo que fuese tan afectuosa con Abel y Sara, a ellos los tocaba, los acariciaba y les daba un beso de buenas noches. Eso me llevó a la conclusión de convencerme de que mi madre no me quería. Hasta el punto que no soportaba dirigirme la palabra.- Añadió. -Dices que tendré que aprender a vivir solo… no me hace falta, llevo viviendo solo desde que murieron mis abuelos.-
        No le contesté. Qué puedes decir cuando te quedas sin palabras. Simplemente, me gire y lo abracé fuertemente hasta que se durmió.
        Despertamos a las tres y media. Curiosamente era el tercer día que no soñaba con Hikaru Yamahaka y no estaba muy seguro de si eso me reconfortaba o no. Darío se hacía el remolón en la cama y no me soltaba, frotando su tremenda erección con mi pierna. -Mmmmh… mira como estoy.- Dijo mostrándome su entrepierna. -¿Me vas a dejar así?-
        -Cariño… me estoy meando. Dame un minuto y vuelvo.- Dije mientras saltaba de la cama y me dirigía corriendo al lavabo.
        Al regresar al cabo de varios minutos me lo encontré en la cama moviéndose a cuatro patas haciendo el perrito y diciéndome. -Guau.. Guau… he sido un perrito malo… tendrás que castigarme…- A menudo me preguntaba con qué tipo de gente se habría relacionado ese chico para hacer con tanta naturalidad esos roles sexuales.
        Una hora después (la verdad es que llevaba cierto tiempo calmar al perrito), abandonamos la cama para almorzar alguna cosa. Tenía la nevera vacía y en el congelador solo quedaban verduras. Por un momento añoré los tiempos en los que se hacían las barbacoas multitudinarias en casa y mi congelador siempre estaba lleno de carne. Le propuse a mi amante el volver a comer de nuevo en el BRAVISSIMO, pues eran casi las cinco de la tarde y sería muy difícil encontrar otro restaurante con la cocina abierta a esa hora. El martes dedicaríamos un ratito a ir al supermercado para llenar la nevera y un poco el congelador.
        El día era feo, de esos que el cielo está cubierto de un manto de nubes grises. No hacía mucho frio, así que no teníamos muy claro si teníamos que ponernos ropa de abrigo o no. Evidentemente, como no era día de estar comiendo en una terraza entramos directos al interior del restaurante. Nos encontramos dentro con “La Cuca” y varios de los camareros del ANARKO que estaban ya por los postres y los cafés de sobremesa. Nos saludamos sin excesivo entusiasmo. Al salir todo el grupo de camareros, Javi se separó del rebaño y vino a despedirse: -Supongo que ya sabes que, como te pille la madre de ese crio, te va a cortar las pelotas ¿Verdad?- Dijo mirándome con cara siniestra.
        -Yo también te deseo lo mejor del mundo.- Le contesté intentando ser lo más sarcástico posible.
        Cuando se hubo marchado, Darío me pregunto: -¿Y eso? ¿A que ha venido?-
        -Con “La Cuca” siempre hemos tenido una relación de amor y odio.- Le dije. -Ya irás conociendo a mis amigos.-
        Le propuse de pedir algo especial de postre pues solo faltaba un día para su mayoría de edad y como esa noche tendría que trabajar en el PACHA, no podríamos celebrarlo juntos. Al final nos pedimos un par de tiramisús y sendos carajillos de Bailey’s.
        Más tarde, después de llevarlo a trabajar a la discoteca, me enfrasqué de nuevo a seguir traduciendo del inglés el dietario de Hikaru.


        Posdata:
        Ya estaba otra vez metido en la misma situación que siempre quise evitar: volvía a tener a alguien viviendo en mi casa con la excusa de una relación sentimental.





domingo, 21 de mayo de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO (Semana Santa, una muñeca de porcelana japonesa y yo mismo.7-(Sueños y mensajes postumos)

SEMANA SANTA, UNA MUÑECA DE PORCELANA JAPONESA Y YO MISMO.7 (Sueños y mensajes póstumos)

        Volvía a estar otra vez en mitad del bosque de cerezos floridos, el suave viento arrancaba con delicadeza los pétalos de las blancas flores y los hacía revolotear en una especie de ventisca que me rodeaba haciendo que los mechones de mis postizos de lana roja se moviesen al ritmo de las mangas del kimono azul con ribetes rojos. Caminé hasta llegar a un grueso cerezo donde pude admirar los dos símbolos grabados en su corteza. Eran los mismos que se me aparecían en cada sueño, caía en ese momento en la cuenta que los demás árboles que me rodeaban tenían también esos dos símbolos grabados a la misma altura, como también los tenían los que quedaban detrás de estos, y así hasta que mi vista se perdía en el infinito.
        Maldecía en ese momento el hecho de que Hikaru no me hubiese explicado su significado en inglés o de algún otro modo que me permitiese entender lo que estaba intentando decirme. En ese momento noté una mano sobre mi hombro. Al girarme descubrí a mi examante detrás de mí. Con un gesto, poniéndose el dedo índice delante de los labios me invitaba a callarme. Acto seguido con sus dedos índices señaló hacia el suelo mientras empezaba a desvanecerse mezclándose con la blanca ventisca de pétalos de cerezo.
        Cuando Hikaru había desaparecido completamente el viento cesó de golpe y todos los pétalos empezaron a caer como una cálida nevada. Dejando ver un bucólico paisaje de frondosos bosques, pagodas japonesas y pintorescos edificios. Solo algo extraño parecía distorsionar esa imagen perfecta de postal, en el fondo del horizonte una nube de polvo estaba inundando toda la escena, de repente los edificios empezaban a desmoronarse y las montañas empezaban cuartearse engullendo el bosque, los edificios, los cerezos en flor y todo lo que se podía ver en el horizonte.
        Como consecuencia de una potentísima onda sísmica, el suelo empezó a abrirse bajo mis pies tragándose todo lo que me rodeaba, yo intentaba luchar contra esa locura agarrándome fuertemente a las raíces del enorme cerezo que tenía delante de mí para no caerme en el profundo y oscuro abismo al que estaba a punto de precipitarme. En ese momento apareció sobre el árbol Klaus-Hiro. Por un momento me sentí aliviado, estaba convencido de que había venido a ayudarme, pero en vez de acercarme su mano, empezó a pisotear mis dedos para que me soltara y cayera dentro de la profunda sima.
        Justo en el momento en el que me caía, desperté. Al abrir mis ojos pude ver a Darío que me estaba agitando para que despertase. -Estabas teniendo una pesadilla.- Me dijo alterado, con cierto tono de disculpa.
        -Pues sí, tienes razón. Que angustia que acabo de pasar.- Dije mientras aún notaba el sudor en mi frente y mi corazón tremendamente acelerado. -¿Qué hora es?- Pregunté mientras buscaba un poco desorientado el despertador.
        -Son las diez de la mañana-. Dijo Darío. -Solo llevamos tres horas y media durmiendo.- Añadió invitándome a dormirme de nuevo.
        -Sigue durmiendo, voy a beber un poco de agua a ver si consigo relajarme un poco.- Le dije mientras me levantaba de la cama.
        Al entrar en el comedor y pasar entre la mesa y el sofá tuve la sensación de que la maldita muñeca de porcelana me seguía con la mirada desde la alacena. Cuando salí de la cocina con el vaso de agua en la mano no podía quitar mis ojos de la urna de madera lacada y cristal. Bebí un buen trago de agua y tomé una decisión.
        Diligentemente me fui a la habitación de invitados y abrí el armario, arrinconé toda la ropa del interior hacia un lado procurando dejar un hueco lo suficientemente grande para que cupiese el regalo de Hikaru. Después cogí de un golpe la urna que contenía la muñeca, decidido a empotrarla dentro del armario para que desapareciese de mi vista para siempre.
        Cuando tuve la caja en mis brazos me di cuenta de que había alguna cosa suelta en su interior que golpeaba de un lado para otro. -Mierda, ya se habrá roto algo.- Pensé molesto. Intenté ver de qué se trataba por si tenía solución y podía arreglarlo con un poco de cola. Alrededor de la muñeca no había nada desprendido y curiosamente, me sorprendió el ver que todas las partes de la muñeca, vestido incluido, estaban muy, pero que muy bien sujetos. Volví a mover la urna dándome cuenta de que lo que se movía estaba dentro del bloque de madera tallada que le servía de base. Al primer momento daba la impresión de ser una pieza de madera maciza y tallada, pero en realidad estaba hueca.
        Lo estuve repasando concienzudamente por los cuatro costados, buscando algún resorte que lo abriese. Al final caí en la cuenta que había una de las perlas incrustadas que decoraban el relieve que estaba más salida que el resto. Al intentar sacarla un resorte hizo “clac” y se separó el relieve del lateral dejando ver un cajón perfectamente camuflado en la estructura de la base. Al abrir el cajón encontré dos libretas muy parecidas al dietario del Sr. Yamahaka que me mostró Klaus en la cena que hicimos hace tiempo en su casa de Girona.
        Ya no volví a la cama, la curiosidad pudo más que el sueño. Una de las libretas estaba escrita en japonés y la otra en inglés. Como del idioma japonés no tenía ni idea, me dedique en cuerpo y alma, ayudándome de un diccionario inglés-español, a traducir la libreta que podía medio entender.
        A las dos del mediodía, cuando Darío despertó, me encontró en el comedor totalmente absorto en la nueva tarea que me había auto encomendado: la traducción del diario de Hikaru Yamahaka.
        -No me digas que llevas aquí desde las diez de la mañana.- Dijo Darío muy sorprendido.
        -Sí, hay café en la cocina y croissants al lado de la frutera.- Contesté totalmente absorto en mis pensamientos.
        Darío pasó delante de mí, mirando con extrañeza y curiosidad a la muñeca que estaba sin la urna de madera y cristal, acariciando con la punta de sus dedos el cajón abierto que sobresalía de la base del pedestal tallado. Cuando regresó con un tazón de café con leche y un croissant dijo: -Vaya esto parece muy interesante y divertido, porque no me cuentas de que va y yo también podré divertirme contigo.-
        Caí en la cuenta en ese momento, que no le había contado absolutamente nada a Darío de mi historia con el Sr. Yamahaka. De hecho, él solo conocía, y por encima, mi historia con Álvaro y por motivos obvios (se pelearon cuando mi ex pareja intentó sacar sus cosas de mi casa creyendo que yo estaba fuera, encontrándose a Darío durmiendo en mi cama). La verdad era que, a Darío y hasta la noche anterior, lo había considerado solo como un amante, un juguete sexual que entraba en mi casa cada vez que le apetecía follar conmigo. No me había planteado en ningún momento el intentar ir más allá de una relación estrictamente sexual.
        Era evidente que, si tal y como me lo había propuesto la noche anterior, deseaba subir un nivel en nuestra relación y pasar de follamigos a pareja, tendría que contarle a Darío toda mi historia desde que conocí a Hikaru Yamahaka, más que nada para que se hiciese a la idea de en donde se estaba metiendo. Así que, aprovechando que a mi amante le encantaba la pizza y que en el BRAVISSIMO, al ser ya temporada alta tenían la cocina abierta desde las doce del mediodía hasta las doce de la noche, invitaría a Darío a comer y lo pondría al día de toda mi historia desde el mes de noviembre del año pasado.
        A las cuatro y cuarto de la tarde, estábamos sentados en la terraza del BRAVISSIMO pidiendo pizza para Darío y pasta para mí. Estuve contándole mi relación con Hikaru y las consecuencias que tuvieron para la empresa y para él mismo la información que le proporcione. Le conté también todo lo sucedido en el extraño triángulo que se formó entre mi pareja Álvaro y el hijo de mi examante Klaus-Hiro. Cuando llegamos a los postres creía que mi acompañante ya tenía suficiente información para que se hiciese una idea aproximada de con quien estaba saliendo.
        -Mhhh… ¿Todo esto me lo has contado porque te estás planteando salir seriamente conmigo?- Me preguntó Darío, dejándome totalmente descolocado.
        -Bueno… me pareció entender que era eso lo que me proponías ayer por la noche.- Le dije yo justificándome.
        Darío me ofreció una sonrisa de oreja a oreja, mientras nos servían el tiramisú de postre, y dijo: -Si…Si…Si… quiero ser tu novio y quiero vivir contigo.- Y curiosamente yo tenía la sensación de que acaba de caer en una trampa de la que me sería muy difícil de escapar.
        -Ok, estoy de acuerdo, pero primero harás las paces con tu madre y ella deberá estar de acuerdo con que te vengas a vivir a mi casa.- A mi acompañante rubio se le borró de golpe la sonrisa de su cara y a mí me recorrió una sensación de alivio por todo mi cuerpo.
        -Vaaale… hablaré con mi madre y haremos las paces.- Refunfuñó a regañadientes, mientras, a mí me tranquilizaba la idea de que la invasión de mi casa por parte de Darío sería mucho más progresiva de lo que inicialmente me había  parecido.
        Cuando regresamos a casa serian casi las seis de la tarde, yo estaba rendido. La noche anterior solo había dormido tres horas y muy mal además. Me metí en la cama para intentar dormir una pequeña siesta, pero los dos carajillos de Bailey’s que me había metido en el cuerpo a los postres me impidieron dormirme, además a la media hora apareció Darío en plan muy cariñoso decidido a darme mi merecido premio por haberlo hecho oficialmente mi novio.
        A las ocho acabamos tirados en la cama, totalmente sudados y agotados. La sesión de sexo fue genial, muchísimo mejor que el mejor sexo de reconciliación que había tenido jamás con Álvaro. A diferencia de este, Darío no tenía ningún prejuicio ni limitación en la cama, lo que lo hacia la pareja perfecta (sexualmente hablando). Si además conseguía que lograse ser autosuficiente económicamente acabaría siendo el novio ideal.
        A las nueve entraba en el camerino del PACHA para transformarme en Dragg Issis. Para esa noche había elegido un vestido azul brillante con tirantes, largo hasta el suelo y abierto en un lateral al estilo Gilda. Acompañaba el vestido los plataformones cubiertos con una funda blanca hasta bajo las rodillas, que les daba un aire a las botas de los años sesenta pero en versión Dragg. Pelucón caoba de estilo afro bien crepado y todo cubierto con un chaquetón de pelo artificial en color blanco. De bisutería, metal dorado y perlas blancas. Embutido en toda esa parafernalia interpreté el “I will survive” de Gloria Gaynor y el “No More "I Love You's"” del último disco que acababa de sacar Annie Lennox.
        Me quedé muy sorprendido con Juan. Dragg Essencia  apareció transformado en Alaska, bueno en su versión más genuina de “Bruja Truca”, y más me sorprendió cuando realizó, de manera impecable, su versión en playback del “Quiero ser santa” y el “A quién le importa”.
        Me pasé la noche a base de cafés y coca cola, si no me mantenía activo me podía caer de sueño y cansancio. A las seis de la madrugada mientras el resto del personal de PACHA se reunían para irse a desayunar al Bar Paco, Darío y yo nos fuimos para casita, ya que yo necesitaba la cama como el aire que respiraba.
        Dormí de un tirón hasta las cuatro de la tarde.
        Al despertarme, descubrí al que, ya oficialmente, era mi nuevo novio, cocinando pasta en la cocina. Olía de maravilla cosa que me recordaba que llevaba casi veinte horas con solo café y coca cola en el estómago. Vestido solo con un bóxer, volví a montar la urna sobre la muñeca de porcelana y recogí el diccionario, los papeles y las libretas de Hikaru, y así tener espacio para poder almorzar, desayunar o la comida que correspondiese a esa hora del día.
        Era el sábado de Semana Santa, Darío en tres días cumpliría los dieciocho años y aún no había hecho las paces con su familia.
        La noche del sábado de Semana Santa pasó sin demasiadas cosas a destacar. Tan solo remarcar que el aforo fue totalmente completo, cuando no se sobrepasó. Vamos que el PACHA estaba petado de gente. A parte de eso sucedieron unas cuantas curiosidades que enseguida os paso a contar.
        Durante la cena en la “Yaya Pepa” me venían a la memoria algunos de los pensamientos que Hikaru Yamahaka había escrito en su dietario y que yo ya había logrado traducir del inglés. En realidad venía a ser una continuación del diario que Klaus-Hiro nos había leído a Álvaro y a mi durante la cena en su casa de Girona.
        Esa noche había tomado como referencia artística a Cindy Louper (últimamente intentaba a alejarme un poco de Annie Lennox y el blanco y azul). Embutido en un corpiño rojo y negro, lucia varios postizos alocados de lana y rastas rojas y caoba en la cabeza, llevaba una falda con vuelo de la misma tela que el corpiño con un montón de enaguas de tul debajo que le daba al conjunto un aire a lo bailarina de ballet con platadormones rojos. Dragg Essencia me seguía el rollo sonriendo mientras actuaba interpretando a Marta Sánchez con un look que se podría definir como “puticolegiala Dargg”.
        Hacia las cuatro de la madrugada, después de mi segunda actuación, me topé con María, mi compañera de trabajo en la empresa multinacional. Después de invitarla a unos chupitos (cosa que resultó ser una empresa titánica, pues todas las barras trabajaban al cien por cien), me confirmó su disponibilidad para empezar a aprender el oficio de camarera en alguna de las barras del PACHA. Me comprometí a hablar con el Sr. Roure sobre el tema y el martes cuando nos encontrásemos en la fábrica le daría la respuesta del propietario.
        Habría pasado casi media hora cuando pude ver desde el fotocool que un chico estaba increpando a Darío. En la portería la luz azul que correspondía a la señal de emergencia en la barra de Tatiana estaba encendida, lo que significaba que habían pedido que retirasen a ese individuo (sí, tenían un código de luces de colores para cada barra). Dos de los chicos de seguridad sacaron al individuo hacia la zona de taquilla al tiempo que Marcus hablaba con Darío. Mientras Dragg Essencia y yo seguíamos haciéndonos fotos con los clientes, intentando fingir que todo eso no tenía nada que ver con nosotros.
        Cuando Markus se dirigió hacia la entrada, dejé el grupo de fotógrafos y lo seguí. Al final resultó ser que ese joven era el hermano mayor de Darío, que esperaba conseguir alguna explicación por parte de su hermano aprovechando que no podía escapar de la barra. Pude comprobar que el jefe de seguridad tenía totalmente controlada la situación. -A ver chico.- Dijo Marcus cuando creyó que el joven se había tranquilizado un poco. -Puedes hacer dos cosas: seguir berreando y molestando al camarero y esperar a que llamemos a la policía y darle las explicaciones a ellos o puedes calmarte y hablar con nosotros.- Siguió con un tono muy intimidatorio. Ante semejante amenaza, Abel, que así se llamaba el hermano de Darío, optó por tranquilizarse. Después de respirar profundamente, empezó a relajarse. -Darío no puede atenderte en este momento.- Siguió Markus. -Así que, puedes largarte y hablar con el camarero mañana o disfrutar de la fiesta y esperar hasta las seis a que termine de trabajar y hablar con él entonces.-
        Viendo que el jefe de los seguratas tenía controlada la situación decidí volver al fotocool. Poco después pude ver a Abel que salía dirección al parking, sin duda alguna había tomado la decisión de esperar a mañana para hablar con su hermano.
        A las seis de la madrugada mi novio (que raro que se me hacía usar esa palabra para definirlo en ese momento) estaba muy intranquilo ante la posibilidad de que su hermano lo estuviese esperando en el parking, salimos varios compañeros a la vez para apoyarlo en caso de que así fuese, pero en el parking solo habían varios clientes muy pesados con alguna copa de más. Visiblemente más tranquilos nos dirigimos al Bar Paco para desayunar. Un bocata de jamón y un café con leche después, regresábamos a Palamós. Darío me propuso el poner el despertador a las doce del mediodía, para así irse a casa de su madre a la hora de comer e intentar solucionar el conflicto que tenía creado en su casa, cosa que me pareció genial, pues yo podría dedicarle toda la tarde a la traducción del diario del Sr. Yamahaka.
        Seis horas después, cuando sonó el despertador, me sorprendí al descubrir que era la segunda noche que no soñaba con mi examante japonés. Darío se vistió con pereza, sin duda alguna no le apetecía lo más mínimo enfrentarse de nuevo a su familia. Antes de salir se me acercó y me dio un beso. -Que vaya muy bien.- Le dije.
        -Hmmm… ya veremos, no me las tengo todas conmigo.- Contestó.
        -Puedes estar tranquilo.- Le dije. -Una madre siempre quiere a sus hijos… sean gais o no.- Añadí intentando tranquilizarlo mientras salía por la puerta principal. Después, me levante de la cama, me prepare una gran cafetera y me dispuse a seguir sumergiéndome en océano mental de los últimos días del Sr. Hikaru Yamahaka.


        Posdata:
        Nunca puedes dar una historia por finiquitada. Si quedan asuntos pendientes encontrarán la forma de volver a aparecer en tu vida.




viernes, 12 de mayo de 2017

"SE ACABÓ" el primer single de Sergi Martínez

"SE ACABÓ" el primer single de Sergi Martínez

        Sergi Martínez, joven actor Barcelonés, protagonista del cortometraje La elección es tuya que acumula en su haber un total de 10 nominaciones en diferentes festivales, entre las que se incluye mejor intérprete por su papel de Jonah (que además prepara su adaptación a cine) y un papel importante en La Hermandad, los tres proyectos dirigidos por David González.


        En mayo lanza su primer single "Se acabó" del que recientemente ha rodado un videoclip que dirige y González y han producido ambos junto a la colaboración de Francesca González.

        El videoclip tiene previsto ver la luz a finales de mayo y será incluido en la banda sonora de la película donde interpreta a Jonah, una mala influencia.


jueves, 11 de mayo de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO (Semana Santa, una muñeca de porcelana japonesa y yo mismo.6-(Dario y el Jueves Santo)

SEMANA SANTA, UNA MUÑECA DE PORCELANA JAPONESA Y YO MISMO.6 (Darío y el Jueves Santo)


        Como novedad destacable debería decir que la noche del miércoles al jueves de Semana Santa no soñé con Hikaru. Lo interpreté como una señal de satisfacción por parte de su espíritu por haber logrado descifrar parte del mensaje que creía que me estaba intentando enviar a través de mis sueños, aunque me sorprendí a mí mismo echando de menos esa extraña conversación onírica con mi examante.
        Nos levantamos pronto, tanto Darío como yo teníamos comida familiar, así que, después de que mi amante se vistiese y desapareciese por el patio trasero dirección a casa de Piluca “La Ferretera”, yo me puse guapo para ir a comer a casa de mis padres.
        La relación con mi familia desde mi salida del armario había sido relativamente tensa, aunque de algún modo habíamos conseguido un acuerdo tácito que nos permitía permanecer juntos en la misma sala con una actitud relativamente cordial. Para mis padres, evidentemente, yo seguía siendo el hijo díscolo que había echado por tierra todas las esperanzas puestas en el primogénito. Aunque básicamente, esas expectativas consistían en que me casase, les diese nietos y no fuese maricón. Porque, siendo francos, aparte de esas premisas nunca me aclararon que otras esperanzas tenían puestas en mí.
        Con mis hermanos la relación era mucho más cordial. Distante, pero muy cordial. El distanciamiento no era debido, a mi entender, por mi posible homosexualidad, estoy convencido de que lo que nos separaba emocionalmente eran nuestros intereses intelectuales: mientras mis hermanos soñaban con ser médicos, astronautas o conductores de maquinaria pesada… yo solo deseaba ser princesa.
        Supongo que usé todo el tiempo que tenía que dedicar a aprender a jugar e interactuar emocionalmente con amigos, compañeros y hermanos a mi lucha interna, intentando conseguir aceptarme y ser quien deseaba ser en realidad. Cuando a los dieciocho años conseguí reafirmarme como homosexual, descubrí con terror todas las carencias emocionales a las que había renunciado en el proceso.
        No os voy a aburrir con los convencionalismos sociales a los que me tuve que adherir para no desencajar en la reunión familiar y me iré directamente a las ocho de la noche. Ya estaba en casa, Darío había llegado antes que yo y me esperaba en el sofá viendo la tele. Estaba un poco molesto pues su reunión familiar había sido muy tensa. Sus hermanos y su madre le habían echado en cara, ya no el hecho de su homosexualidad, si no el que no apareciese casi nunca por casa. Por lo visto habían tenido una bronca monumental y él se había largado dejándolos a todos con la palabra en la boca.
        -No rompas los lazos con tu familia.- Le aconsejé. -Al final, los amigos y los novios pasan y se van… te lo digo por propia experiencia. Lo único que permanece siempre es la familia. Si, insoportable y exigente la mayoría de las veces, pero estará allí aunque no la necesites.- Añadí.
        Acordamos en hablar del tema a la mañana siguiente con más tranquilidad y calma. Aunque me temía que las posibilidades de razonar con un chico de diecisiete años ante un tema tan trascendental como la conveniencia de mantener buenas relaciones con la familia, serían las mismas que tenía yo a su edad.
        A partir de las nueve, mientras me iba transformando en Dragg Issis, una extraña sensación de seguridad se estaba esparciendo sobre mi autoestima, similar al efecto que hace la mozzarella sobre una pizza. Era evidente que el aburrimiento y las carencias emocionales que me quedaron clarísimamente evidenciadas la noche anterior, se disiparon al mismo ritmo que cubría mi cara de maquillaje y perfilaba mis labios de azul. Dragg Issis estaría esa noche totalmente radiante y arrebatadora, dispuesta a ser el centro de la fiesta por muy fuerte que fuese la competencia de Dragg Essencia, que, por cierto, esa noche estaba espléndida, como siempre.
        Era Jueves Santo y ya se notaba que para muchísima gente habían empezado las vacaciones de Semana Santa, pues la zona comercial estaba muy llena. A los carteles promocionales de todos los locales nocturnos de la zona se juntaban miles de chicos y chicas repartiendo publicidad y vales de descuento tanto del ATENA’S como de los locales de aforo medio. Me aliviaba el descubrir que, los otros dos locales de gran aforo que había en el municipio, después de los penosos resultados económicos de la temporada del año anterior, habían tomado la decisión de abrir solo los meses de julio y agosto.
        Cenamos en el Napoli’s, Darío disfrutó de lo lindo (le encantaba la pizza), por lo demás, estuvo toda la noche entre distante y pensativo. Yo me había preparado la canción de Tina Turner “I Can't Stand The Rain”, pensaba interpretarla con una (cada vez más voluminosa) falda de tul blanco y un corpiño estampado al estilo de piel animal, a juego con los plataformones, un enorme pelucón mega crepado de lana en tres tonos de azul y bisutería dorada. Esa noche me di cuenta de que Dragg Essencia, pese a poseer un gran talento teatral y escénico, tenía el repertorio de canciones bastante limitado, pues empezaba a repetir actuaciones de Mónica Naranjo, Olé Olé y Marta Sánchez. De seguir así tendría que aconsejarle que se pusiese las pilas y aumentase su repertorio musical.
         Me lo pasé genial siendo el centro de la fiesta, recibiendo la atención de los clientes y rechazando las proposiciones deshonestas de varios chavales que querían llevarme a algún sitio oscuro.
        A las seis de la madrugada, después de desayunar en el Bar Paco, me percaté de que Darío no había abierto la boca en toda la noche. -¿Aún estás preocupado por la bronca que tuviste con tu familia?- Le pregunté.
        -Si…- Refunfuñó.
        -¿Quieres que hablemos de ello?- Insistí.
        -Es que se empeñan en tratarme como si fuese un crio.- Se desahogó.
        -Pero… si es lo que eres…- Pensé para mí mismo. Obviamente no podía soltarle eso si quería que me contase su punto de vista. -Pero… ¿Exactamente qué es lo ha pasado?- Opté por decirle.
        -Mi hermano, que es un cretino, le contó que soy gay a mi madre y que me estoy viendo contigo. Y mi madre me ha prohibido que vuelva a salir de casa y que siga viéndote.- Por su tono parecía que en cualquier momento se pondría a llorar.
        -Por lo que a mí me parece llevas mucho tiempo entrando y saliendo de tu casa sin dar ninguna explicación y haciendo lo que te da la gana, ¿no tenías miedo de que esto acabase pasando tarde o temprano?- Le dije.
        -Ya… pero eso a mi madre no le habría importado una mierda mientras creía que pasaba la noche en casa de alguna chica. Pero el saber que en realidad me paso las noches follando con tíos, eso según ella lo cambia todo y no puedo hacerlo.- Dijo empezando a soltar lagrimones. En ese momento fue cuando fui consciente de que me había metido en un follón tremendo al haber iniciado esa relación con ese menor. Por suerte en cinco días cumpliría los dieciocho años y por lo menos la parte legal de la historia dejaría de preocuparme. Aunque la idea de que Piluca “la Ferretera” me acorralase en algún callejón y me montase una escena pidiéndome explicaciones sobre lo que hacía con su hijo pequeño me acojonaba muchísimo.
        -No sé si te ayudará esto que voy a contarte.- Le dije. -Cuando mis padres se enteraron de que era gay, empezaron a presionarme mucho y a querer controlar absolutamente todo lo que hacía. Y la verdad, acostumbrado como estaba a no dar ninguna explicación por absolutamente nada de lo que hacía, me pareció totalmente intolerable el que de golpe mis padres tuviesen esa actitud conmigo, más aún cuando yo estaba convencido de que no estaba haciendo nada malo. La situación se me hizo insoportable y poco después de haber cumplido los veinte años me busqué trabajo en la multinacional y me largue de casa a la brava y exponiendo mi salida del armario como única explicación.- Empecé a explicarle.
        -Ya pero a ti te ha ido muy bien.- Dijo Darío muy esperanzado.
        -Me va bien ahora.- Sentencié. -Vivir solo no es ningún regalo, solo el alquiler del piso y los gastos normales de una casa se me comían todo lo que ganaba en la fábrica. Tuve muchísima suerte de que mis amigos me encontrasen trabajo de camarero los fines de semana en bares y discotecas. Y gracias a eso conseguí cierta independencia económica, pero fue a costa de perder absolutamente toda mi vida social, mi mundo se limita solo a mi trabajo en la empresa multinacional y los trabajos que hago los fines de semana. Tengo poquísimos amigos de verdad y los pocos que tengo están relacionados de algún modo con los trabajos que realizo. Me resulta casi imposible conocer gente que no esté relacionada con la multinacional japonesa o con el PACHA. Además no puedes fiarte de ninguna pareja, porque todos… Y que te quede claro… El amor es una gran mentida, y absolutamente todos los tíos que se te acerquen lo harán por algún interés.- Concluí mientras el chico rubio que llevaba de copiloto me miraba con cara aterrorizada.
        -Quieres decir que tú solo estás conmigo por interés.- Dijo con cara de terror.
        -Te haré la pregunta al revés… ¿Tú porque estás conmigo?- Contesté.
        Darío se quedó en silencio unos segundos, sin duda había dado muy cerca de su línea de flotación y no tenía muy claro que contestarme. Estábamos llegando a casa, y mi acompañante no dijo nada hasta que, después de entrar el coche en el patio y descargar las cosas, estábamos ya en la cama. -Porque eres el único tío que me ha tratado con respeto.- Me dijo mientras yo entraba en la cama.
        -¿Perdón?- Le dije, pues yo ya había perdido el hilo de la conversación.
        -Todos los tíos con los que me he acostado o me han gustado siempre me han tratado como una puta mierda, me usaban como un trozo de carne y después me echaban a la puta calle. Estoy contigo porque eres el único que me ha tratado con respeto y me habla como un adulto. No sé si estoy enamorado de ti o simplemente te estoy utilizando, pero me he acostumbrado a que me abraces después de hacer el amor, a que me regañes porque solo quiero comer pollo y pizza, a que me dejes que me acurruque a tu lado cuando vemos la televisión en el sofá, a prepararte un capuchino con una galleta para cuando regresas del trabajo… me he acostumbrado a eso y ahora no podría vivir sin tenerlo.- Me quedé de piedra. No le contesté, simplemente lo abrace fuerte y no lo solté hasta que nos dormimos muy juntos. Llevábamos poco más de un mes de relación y por mucho que me jodiese reconocerlo yo también me había acostumbrado a Darío.
       

        Posdata:
        Todos los filósofos de la historia coinciden en que hay una gran diferencia entre amar y querer. Yo no estaba seguro de si en algún momento llegaría a amar a Darío… pero de lo que no tenía ninguna duda era que ya había empezado a quererlo.

         Imagen: Eriko Stark




sábado, 6 de mayo de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO (Semana Santa, una muñeca de porcelana japonesa y yo mismo.5-(Vacaciones, sueños y tatuajes)

SEMANA SANTA, UNA MUÑECA DE PORCELANA JAPONESA Y YO MISMO.5 (Vacaciones, sueños y tatuajes)


       Como ya empezaba a ser costumbre esa noche volví a soñar con Hikaru, esa vez no fue algo del estilo gore y angustioso como lo que soñé las veces anteriores: estábamos sentados en la terraza de un restaurante, los camareros y todos los clientes eran asiáticos, por lo que podría deducir que estábamos en algún sitio de Japón, a nuestro alrededor había multitud de cerezos en flor que se distribuían alrededor de un enorme templo japonés, de esos que tienen un montón de tejados uno encima del otro. El ambiente era bucólico, de vez en cuando una ráfaga de aire primaveral sacudía los árboles y una especie de ventisca de pétalos de cerezo lo envolvía todo. Un camarero muy atento nos ofrecía la carta  y nos llenaba una copa de champagne. Mi acompañante y yo brindamos y bebíamos mirándonos a los ojos, después el Sr. Yamahaka me decía algo en japonés, recordaba la palabra, ya se la había oído anteriormente pero desconocía por completo el significado. Ante mi evidente incomprensión, mi acompañante empezaba a perder la paciencia y me mostraba la carta del local con insistencia.
        Al abrir la carta descubrí que en su interior no estaba el menú del restaurante, en cada hoja de la libreta estaban dibujados los dos símbolos japoneses con los que ya había soñado anteriormente. Al levantar la vista extrañado vi que ante mí ya no estaba Hikaru, si no Klaus-Hiro. Justo en ese momento una ráfaga de pétalos de flor de cerezo lo envolvía hasta hacerlo desaparecer.
        En ese momento desperté. Faltaban unos quince minutos para que sonase el despertador. A mi lado dormía profundamente Darío, esta vez no lo había oído llegar. Desconecté la alarma del despertador y me dispuse a darme una ducha y prepararme para irme a realizar mi última jornada laborar antes de los cinco días que tendría de vacaciones de Semana Santa.
        Después de lo acontecido el día anterior no me apetecía lo más mínimo ir a trabajar ese miércoles. Estaba tan resentido con los compañeros de la empresa que me alegraba de la posibilidad de que la empresa cerrase en breve y toda esa pandilla de chismosos y liantes acabase en el paro.
        Ya en la fábrica, mientras esperaba que la maquina me preparase el café, haciendo tiempo para entrar con el resto de operarios para hacer la gimnasia japonesa y escuchar el meeting del jefe de producción, vi a las mosqueteras reunidas en la mesa que habitualmente solían ocupar. Andrea estaba sentada con ellas, por lo que, al sacar el café de la máquina, me salí fuera de la nave para dejarles claro lo molesto que estaba con la actitud que había demostrado la presidenta del comité hacia mí el día anterior.
        Poco después, en el meeting de control de calidad, Tomás nos animó con una pequeña charla sobre lo bien que lo estábamos haciendo y yo me dirigí a mi sección. Había pocos aparatos para revisar, parecía que por fin todo el mundo hacía bien su trabajo, sumándole el hecho de que la producción había bajado a la mitad. Ordené un poco la sección y me deshice de todo lo superfluo y componentes antiguos que ya no se usaban. Me descubrí con muchísimo más espacio en la sección, cosa que me alegró.
        A la hora del descanso de las diez fui el primero en llegar a la máquina de café, y en vez de quedarme con las mosqueteras regresé a mi sección. No tenía ganas de mezclarme con la gente sabiendo que volvía a ser el blanco de todas las críticas de los empleados. Al poco rato apareció María en nuestra sección. -¡Dios! qué muermo de trabajo es el chequeo continuo a ritmo de cadena.- Dijo con cara de circunstancia mientras me ofrecía una galleta de un paquete de oreos.
        -Yo lo estuve haciendo durante tres meses y no estaba tan mal.- Le repliqué con una sonrisa.
        -Ya… pero tu ibas a tu ritmo y no tenías a un tirano como Tomás controlando los segundos que tardas en cada inspección.- Me dijo con cara de circunstancia.
        -Mala idea, ese trabajo no se debe de hacer con prisas.- Dije cogiéndole otra galleta, estaban realmente ricas.
        -Ahí te doy la razón.- Dijo María con cara de aptitud.
        -¿Trabajaras de Dragg estas vacaciones?- Preguntó cambiando totalmente de conversación.
        Me sorprendió que me preguntara eso, normalmente nunca hablábamos de mi trabajo de fin de semana. -Sí, claro, me he comprometido de jueves a domingo.- Le dije sin querer darle mucha importancia al tema.
        -¿Pagan bien por trabajar en una discoteca?- Seguía insistiendo. No tenía ni idea de a donde quería ir a parar María hablándome de ese tema.
        -No me puedo quejar.- Le dije, aunque hay sitios que pagan mucho mejor, y ya que le estaba dando conversación creí que era justo que me diese desayuno, así que le cogí otra galleta.
        -¿Tú crees que yo serviría para trabajar de camarera?- Preguntó. Y ya estábamos en el kit de la cuestión: Esta quería que la enchufara en el PACHA.
        -¿Has trabajado de camarera alguna vez?- Le pregunté.
        -Solo he preparado cubatas en los guateques de mis amigos, pero no creo que sea mucho más difícil ¿no?- Dijo con aire condescendiente.
        -A ver… para ser camarera de discoteca no es suficiente con ser una niña mona paseando las tetas delante de la gente detrás de una barra. Tienes que ser eso y además ser capaz de servir y cobrar las consumiciones lo más rápido posible a los cientos de clientes que se suelen apelotonar en las barras en las dos horas punta, de las dos a las cuatro de la madrugada. Además tienes que estar espléndida, sonriente, fantástica y conversadora, porque las copas no solo se sirven… se venden.- Sentencié. María me miraba con cara de terror. -Si verdaderamente quieres trabajar en la noche, puedo hablar con el propietario del PACHA y tenerte unos fines de semana a prueba para que aprendas el oficio, y si después de ver cómo funciona aun quieres trabajar de camarera, a la primera vacante que haya te pondrán en nómina.- Añadí.
        -Me lo pensaré.- Dijo mientras regresaba a su puesto de trabajo.
        El resto del día pasó rápido, de hecho me concentré en el poco material de chequeo que me pasaron desde control de calidad. Mientras, repasaba mentalmente lo que faltaba para la barbacoa de esa noche.
        A las cinco y media, cuando llegué a casa me encontré con un capuchino y dos pastitas sobre la mesa, daba gusto llegar así a casa. Darío lo había preparado todo para la barbacoa, y me esperaba tirado en el sofá con solo un bóxer puesto. -¿Merendarás antes o después del café?- Me dijo con tono tremendamente erótico. Obviamente me lo merendé primero, comiéndome enterito a ese chaval cachondo. No sé cómo se lo hacía, pero siempre que volvía cabreado de la empresa conseguía que me olvidase de todos los problemas.
        Me sabía mal que Darío no se pudiera quedar a la barbacoa, pero tenía que trabajar en la discoteca y empezaba a las nueve. A las ocho y media lo lleve hasta el PACHA y después de despedirnos le prometí que iríamos a verlo más tarde. A las nueve y cuarto, cuando llegué a casa me encontré con Nuria y Lola esperando en el portal de casa. Aunque llevábamos muchos días con un clima casi veraniego, a esa hora y en la calle la temperatura solía bajar bastante.
        -¿Lleváis mucho rato esperando?- Pregunté.
        -Cinco minutos. ¿Dónde estabas?- Dijo Lola.
        -He llevado a Darío al PACHA, hoy trabajaba.- Contesté mientras habría el portal y les daba un pico en los labios de bienvenida. Entramos rápido en casa, mientras mis invitados se ponían cómodos yo iba a la cocina y ponía en la nevera el avituallamiento que traían consigo. Enseguida se percataron de que había algo distinto en el comedor de casa.
        -Que pasada.- Dijo Lola al ver la muñeca de porcelana. -¿De dónde has sacado esta maravilla?- Añadió.
        -Es un regalo… bueno más bien una herencia… Si, la mejor definición es que se trata de una herencia.- Dije dándome cuenta al instante de que el comentario que acababa de hacer me hacía parecer mucho más interesante de lo que en realidad pretendía.
        En ese momento sonó una especie de música que me parecía haber oído con anterioridad, Lola sacó de su bolso una especie de mando a distancia de televisor y empezó a hablar con el aparato en el oído. Yo me quedé mirando a Nuria haciéndole un gesto con los hombros en plan: ¿Qué está pasando?
        -Es un teléfono móvil.- Me dijo con voz baja.
        -¿Un teléfono móvil?- Pensé con cara de incredulidad. -De hecho ya le pega con lo pija que es esta chica.- La verdad era que en la primavera de 1995 los teléfonos móviles eran una rareza que solo usaban algunos ejecutivos de la empresas y los súper mega pijos que deseaban ostentar de manera superlativa. Me alegró que dentro del circulo de mis amistades hubiese alguien con un aparato de esos, de algún modo tenía la sensación de que hacía que subiese el cache del grupo que formábamos. La cosa empezó a tomar un tono más bien surrealista cuando llegó Lidia con un aparato de esos en la mano hablando con su último ligue, que por lo que parecía también tenía uno.
        -¿Qué me he perdido?- Le dije a Nuria. -¿Desde cuándo cualquier enfermera necesita tener un teléfono móvil?- Le pregunté.
        -Por lo que parece hay una oferta en la que si te adjudicas una línea de teléfono móvil te regalan el aparato. Por lo que parece si no abusas mucho de las llamadas sale al mismo precio que una línea fija.- Me explicó.
        Esa noche tuve mi primera experiencia con el mundo de la telefonía móvil, y me quedó muy claro que nada sería igual en nuestra sociedad a partir de ese momento. Durante toda la cena Lola, Lidia, La cuca (sí, Javi también tenía teléfono móvil) y más tarde Juan (el último ligue de Lidia) se pasaron la noche atendiendo llamadas y llamando a gente que también tenía teléfono móvil. Quedamos relegados en un rincón del sofá Nuria y yo hablando de nuestras cosas, muy molestos por la poca o nula participación en la reunión social del resto de los invitados. La verdad era que cuando no estaban llamando por teléfono estaban hablando de las maravillas de poder llamar a cualquier número de teléfono del mundo desde cualquier parte.
        Me prometí a mí mismo que no acabaría siendo poseído por ese aparato infernal, y durante casi un año y medio conseguí resistirme a la tentación, porque llegó un momento en el que por un pan de kilo te regalaban un teléfono móvil. Al final, a finales de 1996 acabé sucumbiendo a la moda imperante y me descubrí llevando un Motorola muy mono de prepago en el bolsillo.
        A las doce de la noche y dando por totalmente fracasada la barbacoa, invité a todos los participantes a salir de casa e irnos a tomar algo al POMELO’S, dije ese local por decir un sitio a donde irnos, aunque me habría servido incluso el ANARKO para salir de esa paranoia obsesiva de llamadas desde cualquier rincón de casa.
        El POMELO’S ya no era lo que había sido. Sin Miquel de coctelero jefe daba la sensación de que al local le habían extirpado el alma. Cuando se comenta que un empleado puede levantar o hundir un negocio dicen una verdad como un templo, en este caso, la ausencia de la gran locaza sonriendo detrás de la barra no la podía suplir nadie e incluso los combinados preparados por el nuevo coctelero sabían cómo a aguado. La sensación que me daba era de menos gente, incluso el karaoque sonaba como a hueco y las luces parecían más tenues. Tomamos una copa y haciendo tiempo esperando nuestro turno para cantar (penosamente) alguna canción, esperamos a que nos diesen las dos de la madrugada para irnos al PACHA, esta vez, yo, como cliente.
        Nuria no nos acompañó. Para ella, aunque se me hacía extraño, las dos de la madrugada empezaba a ser su límite horario de salida nocturna. Mientras la dejaba delante del portal de su piso pude ver como su barriga ya empezaba a mostrar síntomas evidentes de su embarazo. -Que descanses.- Me despedí dándole dos besos.
        -Pasároslo muy bien guapísimos.- Nos dijo mientras desaparecía por la puerta del bloque.
        Quedamos Lola y yo en el coche, mientras tomábamos la calle dirección a la discoteca creía que me estaba contando alguna cosa importante. Obviamente, al segundo me di cuenta de que en realidad estaba llamando a Lidia desde el coche solo por el placer de usar ese maldito chisme. -¡Si se iban a ver en diez minutos!- Pensé exasperado.
        Algo pasó en mi cerebro esa noche, porque desde la maldita cena solo veía teléfonos móviles por todos lados. En la discoteca todo el mundo parecía tener uno y continuamente salían a la terraza o al parquin para hablar, buscando la mejor cobertura. Era como si de repente solo pudiese prestar atención a algo que hasta ese momento me había importado un bledo. A todos los efectos todo seguía igual, Dragg Essencia hizo una actuación sublime, se notaba a la legua que ese chico era bailarín y había estudiado teatro e interpretación.
        Dejando a un lado todo el tema de la telefonía móvil, el acceder a mi sitio de trabajo como cliente y no como empleado, me reveló algo que resultó ser demoledor para mi autoestima: Después de casi seis años trabajando en la noche por prescripción de mi psicólogo, no había logrado obtener ninguna mejora sustancial en mis habilidades sociales para poder relacionarme con la gente. Toda la comunicación de la que era capaz de disfrutar se limitaba a la disponibilidad de mis acompañantes (Lola y Lidia, que me ignoraban al estar completamente poseídas por esa maquinita infernal) y a la de mis compañeros de trabajo (que, obviamente, como estaban trabajando no podían atenderme), viéndome incapaz de presentarme o iniciar una conversación con nadie con quien no tuviese un mínimo de confianza previa, algo que me era completamente imposible sin esconderme debajo de Dragg Issis.
        Y ahí estaba, eran las tres de la madrugada, en la pista de la discoteca bailando junto a los invitados de la barbacoa, rodeado de toda la gente que, si estuviese vestido como Dragg Issis me estarían hablando, intentando conocerme o llevarme a algún reservado para meterme la mano a la polla para excitación de su novia o pareja. Pero era yo mismo, y ese hecho hacía que todas esas personas me ignorasen soberanamente. Esa noche la estrella era Juan, que concentraba todo el poder que le otorgaba el aura de Dragg Essencia.
        Esa noche, las repercusiones que provocaron en mi ego la aceptación de que en realidad era un inadaptado emocional fueron dramáticas y profundas, porque, lejos de concienciarme del enorme problema que tenía y no había logrado resolver, me aferré como a un clavo ardiendo al parche emocional que suponía para mi autoestima Dragg Issis. Permitiendo a partir de ese día que el personaje acabara absorbiendo la totalidad de mi interacción con el resto del mundo. Evidentemente, solo era cuestión de tiempo que acabase como una solterona amargada, solo, rodeado de gatos y encerrado en mi casa. Pero la reacción (que no la solución) a ese problema tardaría mucho aún en llegar.
        Me sentía tan asqueado que ni el alcohol conseguía aliviarme, de hecho el sabor del tercer wiski con limón que tenía en las manos me resultaba asqueroso, y no era porque el licor fuese de garrafón, simplemente había dejado de apetecerme la bebida. Cansado de pasear de un lado a otro acabé abandonando la copa en la barra principal.
        Eran las cuatro y me sentía profundamente aburrido, así que opté por irme a la terraza Chill-Out y sentarme en alguno de los sofás y esperar a ver si algún cliente borracho la liaba parda y yo me divertía un poco con el espectáculo. Una vez allí lo único que parecía mínimamente observable y mencionable eran los clientes que, con el móvil en la mano, buscaban cobertura en el extremo del jardín que había detrás de la barra de Irene, la nueva camarera que sustituía a Estela. En ese momento tuve un ramalazo a lo “Rosita” y decidí sentarme en el último sofá para intentar chafardear las conversaciones de la gente con teléfono móvil. Al pasar por delante de la barra me fijé en un tatuaje que llevaba la camarera en el hombro, era un símbolo chino o japonés que me recordaba enormemente al que se me estaba apareciendo en mis sueños desde que tenía la maldita muñeca de porcelana en casa.
        -Irene, ¿Cuál es el significado de ese tatuaje que llevas en el hombro?- Le pregunté, olvidándome por completo de todo lo que circulaba por mi mente hasta ese momento.
        Irene se miró el hombro extrañada. -Creo que es chino. Aunque no estoy segura.- Dijo. -Es el ideograma que se utiliza para definir ojo o alma.- Mientras, yo me la miraba y escuchaba atentamente intentando deducir cuál era el secreto que podría encerrarse en mis sueños. -También sirve para definir el concepto madera según el contexto en que se encuentre escrito- Añadió. -Lo elegí porque me gustaba el dibujo. Podría significar patatas fritas con kétchup y me habría dado igual.- Desde ese momento olvide incluso donde estaba y me centre por completo en intentar descubrir qué podrían significar los dos signos que aparecían en mis sueños.
        A las seis de la mañana, mientras regresábamos a casa aún seguía dándole vueltas en mi cabeza a los conceptos ojo-alma-madera. -No te he visto el pelo en toda la noche.- Se lamentó Darío.
        -¿Perdón? ¿Cómo dices?- Pregunté saliendo del profundo ensimismamiento en el que estaba sumido.
        -Digo que ¿Qué tal has pasado la noche, sin tener que ser Dragg Issis?- Insistió Darío.
        -Bueno, ha sido extraño, creía que disfrutaría más de ser yo mismo.- Dije.
        -Vaya, ¿Y no ha sido así?- Replicó.
        -Es que he descubierto que soy un muermo de aburrido y que solo me lo paso bien cuando soy Dragg Issis.- Dije con evidentes síntomas de preocupación.
        -Pues que no se entere el propietario, porque seguro que intentara rebajarte el sueldo.- Dijo riéndose Darío.





        Posdata:
        Hay algo peor que tener consciencia de que estás fracasando en tu vida: descubrir que además de eso, no sabes quién eres ni quien deseas ser.

        Foto: Ériko Stark



viernes, 28 de abril de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO (Semana Santa, una muñeca de porcelana japonesa y yo mismo.4-Rumores, sospechas y componentes)

SEMANA SANTA, UNA MUÑECA DE PORCELANA JAPONESA Y YO MISMO.4 (Rumores, sospechas y componentes)


        Estábamos a lunes. El lunes de semana santa. Cuando sonó el despertador a las seis y media, Darío se hacía el remolón, de hecho, él ya estaba de vacaciones y el levantarse tan temprano para irse a su casa a seguir durmiendo no le apetecía absolutamente nada. Sin demasiado entusiasmo le dejé una copia de la llave de casa para que pudiese seguir durmiendo a pierna suelta mientras yo me iba a trabajar hasta las cinco de la tarde a la empresa multinacional. No me iba tranquilo, aún no tenía la confianza suficiente con ese chico como para dejarlo solo en casa con las llaves para que pudiese entrar y salir a su aire.
        La semana pasaría rápido pues solo trabajaríamos de lunes a miércoles. Había muchísima gente en la empresa que estaba cambiado horas extra por días de fiesta, hacer diez días de vacaciones seguidos era muy tentador. Ese era el motivo por el que, de las seis cadenas de producción había dos de paradas. El mismo porcentaje se aplicaba a la sección de control de calidad, por lo que me encontré solo haciendo los chequeos rutinarios, pues María había sido requerida para sustituir a alguien que estaba de vacaciones.
        Al encontrarme solo de nuevo en el antiguo almacén de control de calidad no pude evitar que me viniese a la memoria todo lo que había sucedido allí, desde el intento de estafa al Sr. Hamahaka hasta el primer beso que le di a Álvaro. Me estaba distrayendo y se me acumulaba el trabajo. El día pasó rápido, a las cuatro y media cuando le presenté el informe del día a mi superior, descubrí con sorpresa que Álvaro no estaba, teniendo que entregar las fichas de los controles horarios a Tomás, el segundo al mando. -Vaya… ¿ahora estas de jefe?- Le pregunté con curiosidad.
        -Sí, estos tres días sustituiré a Álvaro.- Me dijo muy orgulloso.
        -Vaya, por lo que parece el jefe se ha ido de vacaciones.- Dije con ironía.
        -Bueno, es más bien un viaje de trabajo, se ha ido diez días al Japón para unos cursillos de adaptación a su cargo.- Me explicó Tomás presumiendo de la confianza que le demostraba el jefe de sección.
        -Entiendo, Klaus ha tenido que volver a Japón y se ha llevado a su putita para no tener que ir de caza por ahí.- Pensé sorprendiéndome a mí mismo completamente alterado por el ataque de mala leche que acaba de tener.
        No entendía el porque me enojaba tantísimo descubrir que la historia entre Klaus y Álvaro parecía funcionar la mar de bien. Me daba la sensación que por más que lo intentase jamás podría aceptar el modo tan abrupto como se rompió nuestra relación. Sin duda alguna era por eso que, el solo hecho de que ese pelirrojo pudiese ser feliz con otra persona me ponía totalmente de los nervios.
        Cuando llegué a las cinco y media a casa estaba tan alterado por la mala leche que llevaba encima que creía que en cualquier momento podría explotar y llevarme a medio municipio por delante. Lo último que me esperaba al entrar en casa era un café con pastitas y a un chavalín rubio esperándome totalmente orgulloso de haber dejado la casa como los chorros del oro.
        El pobre Darío había limpiado y fregado toda la casa, había recogido toda la ropa y había hecho tres lavadoras, colgando toda la ropa en los tendederos. El cuarto de baño y la cocina relucían como nunca lo habían hecho antes y la terraza estaba recogida y completamente barrida. Se me pasó la mala leche de golpe, y mientras tomábamos un capuchino juntitos, llegué a la conclusión de que no podía envidiar a Álvaro por quedarse con el Director General de la empresa multinacional, pues en el reparto, a mí me había tocado la mejor chacha del mundo. Tengo que reconocer que después del café me liberé de todo el stress que traía de la fábrica maltratando un buen rato el culo de Darío.
        A las ocho y media de la noche, ya mucho más relajado llevé a mi amante rubio al PACHA, esa noche y las dos siguientes trabajaría llevando él solito la barra de Tatiana. El Sr. Roure había decidido abrir todos los días con el mínimo de personal. Como yo tenía que trabajar hasta el miércoles en la empresa, le había dejado todo el protagonismo del espectáculo a Dragg Essencia. Les acompañé durante el trayecto de promoción y a la cena (pagando yo mi parte). A las doce los despedí y me fui para casita para ponerme a dormir.
        Esa noche volví a soñar con Hikaru, esta vez volvía a ser Dragg Issis con el kimono azul con ribete rojo corriendo con las plataformas de veinte centímetros por un interminable jardín de estilo japonés, con puentes blancos sobre un larguísimo riachuelo y bonsáis por todas partes. Al estilo de la escena del jardín de invierno japonés de la película de Quentin Tarantino “Kill Bill” donde Uma Thurman y Lucy Liu se batían en un duelo a muerte con katanas. Continuamente me encontraba con un salto de agua que hacía golpear un trozo de bambú: chapoteo de agua… ¡CLAC!... chapoteo de agua… ¡CLAC!... chapoteo de agua… ¡CLAC!... Ese sonido se repetía continuamente en mi cabeza mientras corría por ese jardín sin fin.
        Al final, llegaba hasta una higuera que había crecido en forma de cueva, Hikaru se encontraba sentado debajo del árbol, al estilo de un buda con la posición del loto, vestido con un kimono masculino de color azul oscuro. Al verme, me hacía una señal con la mano derecha para que me parase y con la izquierda cogía una espada corta y se la clavaba en el vientre realizando los movimientos típicos del harakiri. Yo le gritaba que se detuviera, pero no salía ningún sonido de mi boca. Sin mostrar ninguna muestra de dolor en su cara, volvía a adoptar la posición de loto mientras su sangre se derramaba sobre las losas de mármol del suelo escribiendo alguna palabra en caracteres japoneses que me era imposible de entender o descifrar. Al volver a levantar la vista Klaus-Hiro estaba al lado de su padre y con un golpe certero de espada le cortaba la cabeza. Fue en ese momento que me desperté al oír el ruido que hacía Darío abriendo la puerta de la entrada.
        Había olvidado que le había dado una copia de las llaves de casa. Me acosté pensando que se iría a dormir a casa de su madre. Ahora estaba en mi casa a las cinco y media de la mañana, y en una hora yo me tendría que levantar para irme a trabajar. -Mierda.- Pensé.
        -Hola amorcito.- Dijo mi amante mientras se desnudaba y se metía en la cama. -Sigue durmiendo que yo me pongo a tu lado.- Añadió.
        -Y una mierda.- Pensé yo. - Falta una hora para que suene el despertador. Ya que te tengo aquí y me has desvelado, te vas a enterar de lo que vale un peine.- Pensaba mientras me abalanzaba sobre ese joven con la correspondiente erección matutina de turno.
        A las siete me iba de casa hacia la fábrica dejando a Darío completamente exhausto durmiendo en mi cama.
        Una vez en la empresa, a media mañana, hice un viaje paseando hasta el almacén de componentes, necesitaba algunos recambios, pues habían salido algunos aparatos con defectos que precisaban la sustitución de alguna pieza. Al circular entre las cadenas de montaje me di cuenta de lo rápido que había vuelto toda la empresa a la rutina anterior a la gran auditoría de enero.
        Me llamaba la atención el que se estuvieran clausurando de nuevo las cadenas auxiliares y se volviese a externalizar la sección de las piezas premontadas. -Uiixxh.- Pensé. -Como me jode tener que darle la razón a Álvaro, al final todo volverá a ser igual que como estaba antes de la inspección del Sr. Yamahaka.- Y sin darle más vueltas al tema entré en el almacén con el carrito. Una vez dentro me llamó muchísimo la atención lo vacía que se veía esa sección.
        Normalmente al inicio del año nuevo fiscal japonés, que solía coincidir con los últimos días de marzo o los primeros días de  abril, se solían hacer las primeras pruebas de producción de los nuevos diseños de los modelos a fabricar durante el resto del año y en consecuencia, los almacenes de componentes eran un caos de dimensiones cósmicas, ya que al material para la producción diaria normal se le solían incluir los millones de componentes de los nuevos productos a fabricar.
        Me dio muy mala espina. Sin querer ser pájaro de mal agüero, el que no hubiese nuevos productos a fabricar era muy mala señal, significaba que en tres o a lo sumo cuatro años no tendríamos pedidos de fabricación, porque ese era el tiempo de vida que solían tener en el mercado los modelos de todos los aparatos que se producían en la fábrica. Decidí consultarlo a Andrea cuando la viese a la hora del almuerzo.
        Pero a la una del mediodía, Andrea no se nos acopló como de costumbre para ir a comer. Cuando pregunté a las demás mosqueteras por ella, me contaron que estaba reunida con todos los miembros del comité de empresa porque tenían que presentar un informe de sus actividades a la empresa madre del Japón, y eso les podría llevar varios días.
        Decidí entonces sondear a Eugenia. Tal y como recordaba, la sección de las máquinas insertadoras de componentes electrónicos eran las primeras en notar la llegada de los nuevos modelos, pues tenían que reprogramarse completamente para que se adaptaran a las nuevas medidas de todos los componentes de los nuevos diseños.
        -¿Tenéis mucho follón con las placas de los circuitos de los nuevos modelos?- Le pregunté del modo más inocente que pude.
        -¿A qué te refieres?- Dijo Eugenia sin saber de qué le estaba hablando.
        -Normalmente en abril solíamos ir de puto culo con las producciones para los nuevos modelos que se tendría que fabricar a partir de Mayo.- Dije poniéndola en situación. -¿Me estás diciendo que aún no habéis empezado a preparar los nuevos modelos?-
        -Ni a mí ni al chico del otro turno nos han dicho nada de preparar piezas para ningún modelo nuevo.- Me dijo Eugenia confirmando todas mis sospechas.
        Decidí no insistir más en el tema, porque empezaba a ver que mi amiga se estaba preocupando. Durante las horas de la tarde, hasta las cinco, seguí dándole vueltas al tema sin llegar a ninguna parte. Cuando faltaban cinco minutos para salir, apareció Andrea en mi sección, parecía muy molesta. -Oye… ya está suficientemente alterado el gallinero, como para que vayas tú y todavía infundas más miedo en la gente.- Me dijo muy alterada. Por lo que parecía, Eugenia le había ido a preguntar por el tema de los nuevos diseños.
        Me la quedé mirando con cara de circunstancia y le dije: -Entonces es cierto, en cuatro años esto se va a la mierda.-
        -Aquí todos estamos luchando para que eso no suceda, y no ayuda en nada que haya alguien gritando al desastre.- Me dijo muy seria. -Te has empeñado en no ayudar en nada, pero, por lo menos déjanos al resto que luchemos como podamos.- Añadió.
        -Un momento.- Dije. De golpe el desconcierto empezaba a transformarse en cabreo. -A qué cojones te refieres.-
        -No me vengas ahora haciéndote el inocente, en administración todo el mundo sabe que si te hubieses cerrado la bragueta y la boca no estaríamos en la situación en la que estamos.- Ahora sí que Andrea estaba muy molesta y a mí ya se me había subido la mosca a la nariz.
        Respire hondo, y medité muy seriamente que le iba a contestar a mi amiga. Tenía que encontrar las palabras precisas para ponerla en su sitio sin parecer resentido. -Sabes qué es lo que más lamento.- Le dije. -Que te consideraba una buena amiga, eres la única persona de esta empresa a quien le confiaría mi vida. Que te pongas de parte de esos hijos de puta no me lo esperaba de ti.-
        -No lo entiendo.- Dijo Andrea. -¿Porque no aceptaste el cargo de jefe de control de calidad? Era la única condición que habían impuesto desde la casa madre para seguir adjudicándonos nuevos modelos a fabricar.-
        De golpe sonó como un frenazo en mi cabeza. -Entonces… si mi amiga no estaba aludiendo a mi relación con el Sr. Yamahaka ¿a qué diablos se refería Andrea?- Pensé.
        -No entiendo nada.- Le dije. -¿Qué quieres decir con tener la bragueta cerrada?- Le pregunté.
        -No has aceptado el puesto y has impuesto a tu pareja para el cargo.- Dijo un poco desconcertada. Yo respiré aliviado al descubrir que no había trascendido nada aun de mi relación con Hikaru.
        -No te has enterado de nada.- Le dije riéndome. -Sí, yo me negué a aceptar el cargo, pero lo hice porque era consciente de que no tenía la preparación adecuada para ejercerlo.- Le aclaré a la presidenta del comité de empresa. -En cuanto a Álvaro, a la que vio la oportunidad, salió corriendo de mi cama para meterse en la cama del director general y así asegurarse el cargo para él solito.- Añadí consciente de que acababa de escupir un montón de veneno sobre mi ex pareja.
        En ese momento la cara de Andrea se desencajó, estuvo balbuceando un momento y después me dijo: -Dios mío, lo siento mucho, corren muchísimos rumores en administración y ese era el más consistente. Me siento la persona más ruin del mundo. Tienes razón, tenía que venir a preguntarte a ti desde el primer momento en vez de creerme los chismes que corren por la empresa.- En ese momento sonaba la sirena que anunciaba el final de la jornada laboral y yo solo quería alejarme de nuevo de toda la mierda que se volvía a generar a mi alrededor. Salí a toda prisa de la nave del almacén de producto acabado seguido de cerca por la presidenta del comité de empresa y me dirigí a toda prisa a mi coche. Ni tan siquiera fiché a la salida. Me alejé lo más rápido que pude de ese mundo de ladrones e hijos de puta.
        Al llegar a casa me encontré con Darío en el comedor comiéndose una pizza. Haría una hora que se habría levantado. Al verme tan abatido me dijo: -Vaya… ¿Un mal día en el trabajo?- Tenía todos los labios sucios de salsa de tomate y llevaba puesto solo los calzoncillos, me hizo mucha gracia la imagen y de golpe olvide todos mis problemas y me centré en ese chico guapísimo que me sonreía desde la mesa.
        Más tarde, mientras tomábamos un café, le sugerí a mi amante que esa noche fuese a trabajar al PACHA con su moto, pues yo no tenía el cuerpo para volver a dormir solo cinco horas. Fue entonces cuando me recordó que estaba trabajando de noche para poder pagar la reparación de su vehículo, pues se le había escacharrado no sé qué parte del motor. -Ufff… cuando tengo carencia de sueño se me olvidan las cosas.- Así que, a las ocho y media lo acompañé con mi coche a la discoteca y a las diez ya estaba durmiendo como un lirón.

        Posdata:
        Hay veces que tengo la sensación de que mi vida es un autocar sin frenos a toda leche por una pendiente que acaba en un precipicio.