viernes, 12 de enero de 2018

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO. (Playa, revelaciones transcendentales y crema de protección factor sesenta )

PLAYA, REVELACIONES TRANSCENDENTALES Y CREMA DE PROTECCION FACTOR SESENTA.

        El domingo dos de julio me desperté más o menos a las dos del mediodía. Habíamos puesto el despertador a las tres (por si acaso), con la intención de irnos recién levantados a la fiesta de cumpleaños que Miquel y Thomas habían organizado en la playa. Como tan solo se trataba de cruzar la calle y plantarnos en el paseo marítimo, había suficiente con ponernos el bañador, coger la toalla, la bolsa con el regalo de Miquel y la crema protectora factor diez millones (con lo blancos de piel que éramos los dos, era lo mínimo que necesitábamos a esa hora para no quedar como dos gambas achicharradas) antes de salir.
        Darío dormía a pierna suelta. No lo desperté. Era la primera vez en su vida que trabajaba a destajo, y en dos empresas a la vez. Estaba convencido de que debía de estar rendido, aunque me sentía muy orgulloso de él.
        Tranquilamente, preparé café y mientras se hacía, salí un ratito a la terraza. Descubrí con horror que tenía completamente descuidado mi huertecito urbano. La mitad de lo que tenía plantado estaba completamente mustio. Digo mustio para no decir que empezaba a tener la consistencia deshidratada del tabaco de los puros habanos. Me afané en regar mi pequeño huerto con la esperanza de poder salvar mi plantación al rehidratarse un poco.
        Después, pausadamente me preparé una taza de café y procedí a tomármela tranquilamente, estirado sobre una de las tumbonas. Hacía demasiado calor y me estaba achicharrando, así que moví la tumbona hacia la sombra del enorme almendro que cubría gran parte del patio. -¡Dios! Cuanto estrés por una puta taza de café.- Pensé.
        Ya más relajado, recordé la conversación de la noche anterior con Martin. Se me hacía muy difícil de entender que, después de lo que habíamos vivido juntos cuando trabajábamos de camareros y recogedores vasos en los Pubs y discotecas de Ampuriabrava, mi amigo no me considerase lo suficientemente confiable como para acudir a mí en busca de ayuda cuando tuvo problemas. Y más aún cuando yo lo tenía entre las pocas personas que consideraba amigos de verdad.
        Bien… Paremos un momento. Llegados a este punto creo que haría falta que os explicase mi definición de “Amigo de Verdad”. Desde siempre he creído que ese concepto solo se podría usar con conocidos o allegados a los que les podrías pedir dinero, con el total convencimiento de que te lo dejarían sin pedirte ninguna explicación, ni intentarían imponerte condiciones. Obviamente, con Martin, yo habría estado dispuesto a ayudarlo económicamente (por lo menos en lo que mis posibilidades me permitiesen).
        Y claro, partiendo de lo que había sucedido y de la poca confianza que yo le merecía, me aliviaba muchísimo la idea de que, en realidad el que hubiese tenido problemas económicos fuese él. Porque en ese momento ya no tenía tan claro si yo eran tan “Amigo de Verdad” suyo como él lo era de mí. Tenía la sensación de que si el que hubiese necesitado su ayuda hubiese sido yo, me habría llevado una gran decepción. -¡Mierda!- Pensé.
        En ese momento oí el bramido del despertador. Me acerqué a la habitación con un par de bañadores en la mano, ofreciéndoselos desde la puerta a mi chico recién despertado, para que eligiese entre el de color rojo y blanco y el de color negro y violeta. -Elije uno, que nos vamos a la playa.- Le dije.
        -¿Es obligatorio?- Pregunto muy perezoso.
        -Venga… que nos vamos a divertir.- Dije intentando animarlo.
        Diez minutos después nos plantábamos en el paseo marítimo. Toda la troupe ya había tomado posesión de nuestra parcela habitual de la playa. Playa que por cierto, estaba petada de familias, niños, guiris y toda la fauna habitual de los domingos de verano.
        El grupo se había organizado alrededor de tres neveras de playa que contenían refrescos, vino blanco, rosado, cava, ginebra, wiski y mucho hielo. Al lado, bajo la sombra de tres sombrillas y protegidos de las moscas por una especie de cubículo de tela mosquitera, había un surtido de pollo al “ast”, carne a la barbacoa, patatas fritas, quetxup y mayonesa. Curiosamente, todos comían con platos de porcelana cuadrados y bebían de copas de cristal fino: de globo para gin-tonics y vino blanco, vasos cortos para wiski y vino negro, vasos de tubo para otros combinados y refrescos y finalmente copas de aguja para el cava. Pude ver detrás de la sombrilla donde Miquel y Thomas se escondían del sol del mediodía, un enorme arcón de transporte de donde sacaban toda la vajilla que estábamos usando. La situación me pareció genial y digna de una maricona glamurosa como era mi amigo.
        Estaban todos, El Fede, “La Cuca”, los camareros del ANARKO, Lola, Lidia, Nuria, antiguos compañeros de Miquel del POMELO’S, novios (actuales y pasados) de todos los presentes y por supuesto, Darío y yo.
        Tenían puesta una música en plan Chill-Out tranquilita, que permitía hablar y no molestaba al resto de la gente. Todo ello situado lo suficientemente alejado de las duchas y las zonas de juegos de los niños para no acabar comiéndonos la carne aderezada de arena. La sorpresa me la llevé diez minutos después de instalarnos. Sin previo aviso, llegaron Álvaro y Klaus-Hiro. -¡Fantástico! Ni durante el fin de semana me podré librar del trabajo de la empresa multinacional.- Pensé abrumado. Obviamente, como llegaron los últimos detrás de nosotros, instalaron sus toallas justito a nuestro lado.
        Por suerte y para mi alivio, la conversación no trató en ningún momento de temas de la empresa multinacional japonesa, al menos por lo que se refería a mí. Mientras devorábamos las salchichas y un buen cacho de pollo asado, todo ello regado de buen vino blanco y cava en copas de aguja de cristal, el japonés y mi expareja, simplemente me ignoraron, dedicando toda su conversación a Thomas. Por lo demás, la fiesta era como si una de las barbacoas de casa se hubiese desplazado hasta la playa. La gente, cuando pasaba caminando o paseando a los niños mientras esperaban el tiempo reglamentario de digestión para poder volver al agua, se nos quedaba mirando sorprendidos por el sarao que estábamos montando. Sin duda alguna estábamos dando un espectáculo entre surrealista y decadente al sustituir los platos de plástico con la típica tortilla y las latas bebidas a morro por platos de porcelana cuadrados y copas de cristal de diseño. El súmmum llegó a la hora de los postres, porque no tengo ni idea de donde salió una tarta enorme de cumpleaños, con veintisiete velas encendidas. Tal y como era de esperar todos le cantamos el cumpleaños feliz mientras Miquel apagaba las velas de un soplido y después entre cava, tarta y cafés servidos directamente del POMELO’S, mi amigo fue abriendo todos los regalos que le íbamos dando. Llegó un punto en el que creo que la mitad de la gente de la playa nos sacaba fotos creyendo que éramos un grupillo de famosos excéntricos o una troupe de teatro haciendo una performance.
        El resto de la tarde la pasamos entre chapoteos en el mar, crema de protección factor sesenta, chupitos, cubatas y gin-tonics. Me tenía muy desconcertado el hecho de que ni Álvaro ni Klaus-Hiro no me hiciesen en ningún momento ninguna mención al nuevo departamento de la empresa al que me habían asignado. La verdad era que estaban muchísimo más interesados en Miquel y Thomas. Bueno, en realidad muchísimo más interesados en lo que el americano les contaba que en las pocas aportaciones que mi mariquita amigo pudiese añadir a la conversación. -¿Podría ser que esos dos no hubiesen venido a la fiesta para amárgamela a mí, sino por Miquel y su pareja?- Pensé. -De hecho ellos los habían invitado y, seamos francos, era la fiesta del cumpleaños de Miquel.-
        Justo en ese momento tuve otra gran revelación: -¡Despierta estúpido! El mundo no gira a un palmo alrededor de tu ombligo.-  Oí que le gritaba mi subconsciente a mi cerebro. De repente tuve la sensación de que ese pensamiento me volvía a poner de nuevo con los pies en la tierra, que por cierto, buena falta me estaba haciendo en ese momento.
        Tal y como ya me había pasado en otras ocasiones, mis recelos me estaban llevando a la paranoia, pues ya estaba empezando a creer de nuevo que los intereses de la gente que me rodeaba eran una gran conspiración en la que de un modo u otro yo saldría perjudicado. -No es un reto ni un castigo, es una oportunidad.- Las palabras de Hikaru Yamahaka retumbaban como un eco lejano en mi cabeza, luchando contra mi habitual inseguridad y desconfianza hacia todos aquellos que por un motivo u otro me habían decepcionado con su deslealtad.
        A partir de las cinco de la tarde, los que participaban en el cumpleaños, empezaron a ir marchándose. Primero se fueron todos los que trabajaban en tiendas y locales de cara al público, es decir, Lola, el Fede y varios más. Es lo que tiene trabajar en una localidad turística, que los días de fiesta tienes que abrir el negocio si o si.
        “La Cuca “, los demás camareros del ANARKO y del POMELO’S fueron desfilando directitos al curro una hora más tarde. Y a las siete nos despedíamos Darío y yo, quedando en la playa Thomas, Miquel, Álvaro, Klaus-Hiro, Lidia, Nuria y tres chicos que solo conocía de vista.
        Tranquilamente fuimos paseando hasta casa, donde nos dimos una ducha antológica y nos embadurnamos de crema aftersun. Darío se puso monísimo y a eso de las ocho y media lo llevé a trabajar al PACHA.
        Mientras acompañaba a mi chico hasta la puerta del local, llegó Martin, transformado ya en “La Sabrosona”, luciendo su peluca de color caoba de pelo natural y ataviado con un conjunto de Salsa-Dragg en colores amarillos y rosas.
        Mientras Darío y los demás camareros hacían la preparación de sus barras cortando limón, naranja y otras frutas, “La Sabrosona” y yo nos tomamos unos chupitos mientras hacíamos tiempo para dejar que Juan se transformase en Dragg Essencia. Hablamos de lo bien que nos lo habíamos pasado cuando compartíamos barra en la discoteca COCONUTE de Ampuriabrava.
        Le pasé mi número de teléfono y Martin me dio el de su teléfono móvil, quedando en que nos llamaríamos algún día entresemana para quedar y tomar un café o un gin-tonic a media tarde.
        Me gustó la idea de recuperar la relación de amistad que tenía con Martin. Teniendo en cuenta que acababa de perder a Miquel al irse de nuevo a Los Ángeles. En ese momento él era quizás mi único amigo y confidente, pues en un par o tres meses, la segunda persona con la que tenía más confianza se pondría de parto y sin duda tendría cosas más importantes a hacer que escuchar y dar consejos a un gay afectado de paranoias y manías persecutorias.
        Además estando como estaba, totalmente a la defensiva con Álvaro y Klaus, el poder disponer de nuevo de la amistad de Martin, me proporcionaba una sensación de tranquilidad y seguridad muy reconfortante. Claro que al leer esto os preguntareis: -¿Qué tipo de relación tenías con Darío, si no lo incluías entre tus amigos de confianza?- Y la respuesta era tan simple como demoledora: era mi pareja. Única y exclusivamente mi pareja sentimental y sexual. Y curiosamente esa parecía ser la fórmula para que nuestra relación funcionase, al menos por mi parte. Al no tratarse de una historia basada en la pasión desbocada de dos personas que se han buscado desesperadamente hasta encontrarse, sino más bien en dos almas atormentadas, asqueadas de los amantes y sus promesas incumplidas de amor pasional, nos permitía centrarnos en el día a día de manera tranquila y sosegada, sin la necesidad de grandes demostraciones sentimentales excesivamente épicas y teatrales. En ese punto de mi vida el cariño y, como no, el sexo que me ofrecía Darío eran suficiente para mí, y por lo que parecía también para él.
        Entenderéis entonces que tomase la decisión de aprovechar el verano para fortalecer mi relación de amistad con mi antiguo compañero de empleos y aventuras, pues el destino me lo había vuelto a poner a mano.


        Posdata:
        Como jode que tus mejores amigos pasen a serlo entre ellos y te dejen de lado.



domingo, 7 de enero de 2018

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO. (Encargados homofóbicos, Martin y "La Sabrosona" )

ENCARGADOS HOMOFÓBICOS, MARTIN Y “LA SABROSONA”.

        Después de lo acontecido el miércoles y el jueves en la empresa multinacional donde trabajaba entresemana, en la sección “secreta” (el nombrecito tiene coña pero cinco años después, cuando cerraron la empresa definitivamente, todo el mundo aun la llamaba así), el viernes me lo pasé encerrado y leyendo todo lo que pude encontrar sobre cómo trabajar el metacrilato. Dejando de lado todo lo demás, en ese momento, eso, era lo único que me interesaba del nuevo puesto.
        Tenía a mi disposición tres ordenadores con lo mejorcito en programación y conexión a internet del momento. Teniendo en cuenta la poca disponibilidad de las dos cosas para el común de los mortales en 1995 eso era todo un lujazo. Solo había un problema: yo era un perfecto negado a la hora de utilizar ese tipo de tecnología. Tardé casi tres meses, después de las vacaciones de verano, en conseguir abrir el programa del Word para poder escribir un documento. Y aun así, tenía que estar continuamente molestando y preguntando a quien tuviese cerca con conocimientos de informática para que me descolgase el ordenador, pues cada dos por tres no hacia lo que yo deseaba. Llegó un momento en el que todo el mundo de oficinas al verme, huía, básicamente no les apetecía lo más mínimo tener que contarme por enésima vez como arreglar los mismos estropicios informáticos.
        Aunque el lema de la empresa era “Ya ira aprendiendo a medida que vaya usándolo”, pronto se arrepintieron de no haberme pagado un curso intensivo de iniciación al uso del programa Windows y el Word.
        Pero de ese tema ya hablaré extensamente en otro episodio.
        Era viernes 30 de junio y yo estaba preocupado, pues Martin empezaría a trabajar con nosotros en el PACHA la noche siguiente y yo no tenía noticias suyas. Ni una triste llamada o simplemente el pasarse por la discoteca a saludar.
        Durante el paseíllo promocional constatamos que la crisis debía de estar remitiendo, pues había muchísima gente de fin de semana para ser un viernes. Ya se empezaban a ver grupillos de italianos, ingleses y alemanes. Ello se notó cuando nos dispusimos a ir a cenar al NAPOLI’S, pues estaba petado de guiris, y nadie se había encargado de reservarnos ni tan siquiera la mesa que estaba al lado de los lavabos. Éramos siete: Dragg Essencia, Darío, los dos seguratas, el stripper, Irene y Dragg Issis. El encargado, que por cierto, desde siempre había tenido cierta animadversión por nosotros, nos dijo que si queríamos comer allí tendríamos que esperar al turno de las doce como el resto de los clientes.
        Nos pilló totalmente por sorpresa, pues a las doce empezaba la hora de los pubs, que era cuando más invitaciones y publicidad repartíamos. Propuse ir a comer un plato combinado al Bar Paco que quedaba cerca (que también era una franquicia del Sr. Roure) ya que allí siempre nos trataban superbién. Y sobre todo, y ahí es donde le haría daño al encargado del NAPOLI’S, decidimos repartir nuestra publicidad entre los clientes y no dejar nada de publicidad ni invitaciones sin sellar en la pizzería. Si nos iba a tratar con ese desprecio, pues que se fuese él personalmente a pedirle la publicidad al dueño. Más tarde, cuando regresásemos a la discoteca yo personalmente tendría una charla con el Sr. Roure.
        Y cuando llegamos de nuevo a las tres de la madrugada al PACHA, nos encontramos con la desagradable sorpresa de que el encargado del NAPOLI’S había llamado al Dueño para quejarse de que habíamos conspirado para dejarle sin su parte de las comisiones de las invitaciones repartidas en el local. Muy molesto por la actitud del encargado de la pizzería, me reuní con el Propietario para ponerlo al día del trato que nos llevaba dispensando ese individuo en los últimos meses, dejándole claro que si se nos obligaba a cenar de doce a una de la madrugada la publicidad se quedaría sin repartir y el principal damnificado por esa decisión sería la discoteca.
        Conocedor ya de todos los problemas que habían, el Sr. Roure se comprometió a hablar con el encargado del NAPOLI’S y tener una solución para la noche siguiente. Solventado este problema la noche transcurrió sin excesivas contrariedades. Dos stripteases y cuatro actuaciones de Dragg después nos encontramos todos desayunando en el Bar Paco a las seis de la mañana. María que se había estrenado oficialmente como coctelera de la barra Chill-Out de la terraza estaba eufórica y no hacía más que preguntarme una y otra vez cosas sobre los pormenores de mi nuevo trabajo en la fábrica (¿Que le iba a contar? si ni yo mismo sabia cuáles eran mis cometidos). En cuanto a Irene, estaba muy cabreada, pues no le hacía ninguna gracia el cambio a la barra de Tatiana.
        El sábado a las once de la mañana Miquel estaba aporreando la puerta de casa. -Un día de estos voy a matar a esa maldita maricona- Dijo Darío medio dormido.
        -¿Tu sabes que trabajamos de noche, verdad?- Le dije medio dormido a Miquel mientras le abría la puerta.
        -Claro, por eso somos tan considerados de venir a las once y no a las nueve de la mañana como realmente pensábamos hacer.- Dijo riéndose mientras entraba en tromba como solía hacer, seguido de Thomas, “La Cuca” y Nuria.
        -Traemos desayuno.- Dijo Nuria muy apurada y embarazadísima de casi siete meses mostrándome la bolsa de papel de la pastelería repleta de croissants.
        -¿Cómo está el pequeñín?- Le pregunté mientras ponía la mano sobre el enorme barrigón.
        -Creciendo y muy molestón, que casi no me deja dormir a consecuencia de las patadas que da por la noche.- Dijo riéndose mi amiga.
        Darío siguió durmiendo mientras yo me iba a desayunar con la pandilla. Él a las tres y media tenía que trabajar hasta las ocho en la peluquería, así que preferí dejar que descansase y estuviese fresco para la noche que le esperaba. Me puse el bañador tipo bermudas, una camiseta y unas chancletas, uniéndome al grupo en la terraza, cerrando las puertas para que si hacíamos ruido no despertásemos a mi novio.
        El desayuno en casa era una excusa para organizar la fiesta del cumpleaños de Miquel, que sería el día siguiente, el domingo vamos. En realidad cumplía los años el día cinco, pero como caía en día laborable para casi todos nosotros, lo había adelantado. Miquel y el americano ya lo tenían todo organizado y quedábamos todos convocados a las tres del medio día en la playa, donde organizaríamos un picnic playero. Me gustó la idea, porque así Darío podría participar en la fiesta, pues la peluquería de Josefina cerraba los domingos y los lunes.
        A la una del mediodía dimos por finalizada la reunión y cada cual se fue a su casa. Acto seguido, preparé un poco de pasta a la boloñesa para que mi chico comiese algo antes de irse a trabajar por la tarde, mientras esperaba hasta las dos para despertarlo.
        Más tarde, cuando Darío se fue a trabajar, yo aproveché para hacerme una siesta de un par de horas, para después ponerme en modo urgencia e irme a buscar a toda prisa un regalo adecuado para esa maricona mega locaza que era Miquel. Opté por gastarme un dineral en una camiseta súper fashion del LOLA’S.
        A las cinco y media, como hacia un día radiante de verano, me embadurné de crema de protección solar y me fui a bañarme y tomar el sol en la playa. Me planté en el sitio habitual donde nos solíamos poner todo el grupo y al ratito apareció paseando por la arena Nuria, que se sentó a mi lado, comiéndose un  helado de menta.
        -Es un antojo.- Dijo justificándose. -Desde que estoy embarazada solo me apetecen las cosas si las aderezo con menta.- Añadió. -Llega al extremo de tener que ponerle jarabe de menta al café o a la limonada.-
        Era la primera vez que una mujer me contaba que tenía un antojo como ese, y eso que había oído cosas rarísimas, por ejemplo a mi madre solo le apetecían alcachofas. Un recuerdo que tengo de mi infancia, de cuando mi madre estaba preñada de mi hermano pequeño, era que siempre cuando llegaba del mercado, aparecía una caja de alcachofas antes del enorme barrigón que precedía a mi mama. Mi tía por lo visto devoraba las latas de berberechos a decenas, y a mi vecina le dio por cogerle asco a los plátanos y solo apetecerle carne casi cruda.
        -Bueno, si te supone un problema, sabes que en un par de meses se solucionará.- Le dije haciendo broma de la situación.
        -Si en eso tienes razón.- Se reía. -¿Cómo has visto a Miquel y a Thomas?- Preguntó cambiando de tema.
        -Bien ¿No?- Dije sorprendido por esa pregunta.
         -Bueno… los documentos que necesita se están demorando en exceso y a Thomas empieza a agobiarle lo rural de la región.- Me comentó.
        -¿No me digas que están en casa de los padres de Miquel?- Pregunté poniendo cara de espanto.
        -No, están en un hotel de Sant Feliu de Guixols.- Contestó.
        -Entonces eso tiene fácil solución, que cojan los trastos y se vayan a un hotel del centro de Barcelona y veras que pronto se des-agobian con el ambiente gay que hay por ahí.- Dije con tonillo irónico.
        -Si, en eso tienes razón.- Dijo Nuria mientras nos reíamos los dos y ella se acababa el enorme cucurucho de menta.
        A las ocho, ya en casa, me di una buena ducha y la dosis correspondiente de After Sun. Colocando al rato los trastos de Dragg Issis en el coche. Poco después llegó Darío, que se afanó en ponerse monísimo para irnos juntos al PACHA.
        Por fin saldría de dudas, Martin empezaba a trabajar esa noche y lo más seguro es que nos pondríamos al día de lo que habíamos hecho durante todo ese año que no nos habíamos visto.
        A las nueve y diez llegó Martin, sorprendiéndome enormemente el ver que en un año y medio había perdido la mitad de su pelo, mostrando ya una incipiente calvicie, además, había engordado unos quince quilos. Aluciné, porque mientras se ponía un vestido de estilo samba, descubrí que no le hacía falta relleno en las tetas pues las tenía casi del mismo tamaño que Verónica S3. Si una cosa tenía a su favor era que cuando engordaba, la grasa no se le acumulaba en la barriga, sino en el culo, así que el vestido, las medias y los enormes zapatos de plataforma le sentaban divinamente. Una carísima peluca de pelo natural rizado en color caoba lo transformó en una versión Dragg de Regina Do Santos genial.
       Antes de salir a repartir publicidad, el Sr. Roure nos dio instrucciones de que a partir de ese día ya no estaríamos obligados a ir a cenar al NAPOLI’S. Tendríamos que repartirnos entre “La Yaya Pepa”, el Bar Paco y “La tasca Mora” que eran los únicos negocios de restauración del propietario cuyos encargados consideraban que nuestra presencia les hacía aumentar la clientela. Tuve la osadía de preguntarle al propietario si habría alguna represalia contra esos encargados si los resultados económicos de esos locales eran peores este año que el año pasado. No tenía ninguna intención de permitir que ese ataque de homofobia tan gratuito les saliese de balde.
        Obviamente “La Sabrosona”, ese era el nombre de guerra que había elegido Martin para su personaje Dragg, nos acompañó en todo el paseíllo promocional, y dado que nos considerábamos en pie de guerra contra ciertos locales del propietario, nos aseguramos de que todos los clientes que entraban en los restaurantes ya tuviesen encima invitaciones para el PACHA. Empezaríamos jodiéndoles donde más les dolía: en el bolsillo, al dejarlos con el mínimo de comisiones por invitaciones repartidas. Nos habíamos transformado en el Equipo de las Draggs Vengadoras, y nos sentíamos fantásticas.
        A las once nos fuimos a cenar a “La Tasca Mora”. Jaime, el encargado era un machito homofóbico del mismo estilo que el resto de encargados. Pero, su local quedaba fuera de todo el circuito nocturno del municipio, así que cualquier tipo de reclamo gratuito, fuese del estilo que fuese, lo agradecía como el agua de mayo. La cocina era típicamente española combinada con mucha barbacoa. La verdad era que se comía muy bien allí. Me hizo gracia el que se hubiese apuntado al sistema de Alfredo, animándonos a actuar para la clientela.
        A las doce y media, mientras recorríamos los pubs, Martin me contó que había tenido muchísimos problemas con la antigua compañía para la que trabajaba, ya que había acabado cerrando y debiéndole la nómina de varios meses. Después de un contencioso administrativo muy desagradable, consiguió recuperar algo de lo que le debían y ahora había encontrado un chollo como técnico de mantenimiento para otra compañía que parecía mucho más sería. Por lo visto le habían hecho responsable de una gran zona en los alrededores de la Costa Brava y le pagaban un pequeño estudio a las afueras de Palamós. Como las reparaciones de las averías se las podía organizar como mejor le fuese, siempre y cuando no pasasen más de ocho horas entre la notificación y la primera visita, esperaba poder hacer los dos oficios a la vez y recuperarse así un poco económicamente en verano.
        Por lo visto mientras esperaba la resolución del conflicto que tuvo con su exjefe, se encontraba en un punto en el que no podía cobrar el subsidio del paro, pues oficialmente no lo habían despedido, ni tampoco cobraba su nómina porque su jefe había desaparecido con todo el dinero de la empresa. Tuvo suerte de los trabajos esporádicos que le salieron como Dragg Queen y otros trapicheos para poder seguir pagando las facturas y comer. Me supo un poco mal que no tuviese la suficiente confianza en mí como para pedirme ayuda.
        Al regresar al PACHA con la limusina, pasamos por delante del LONDONER para ver que se cocía allí, vimos algo de gente en la puerta y dos Dragg Queens con muchas plumas y zapatones con plataforma que hablaban con los chicos de seguridad mientras fumaban. -Que pronto pondrán a esas petardas a hacer la calle.- Pensé, pues para ser casi las tres de la madrugada había muy poca gente intentando acceder al local. En cambio, en el PACHA la situación era la contraria, a esa hora había una cola larguísima para acceder al interior.
        Tenía la sensación de que ese año había muchísima más gente que el año anterior para las mismas fechas. -Quizás se ha acabado la crisis.- Pensé. -Aunque lo más probable es que el local se haya puesto de moda.- Y eso suponía un gran problema, pues las modas pasan con el tiempo y después, al final, no suele quedar absolutamente nada.
        Ese uno del mes de Julio volví a ver actuar a Martin. Tenía que reconocerlo, era el rey de la música latina. Y yo ya podía despedirme de volver a interpretar a Tina Turner, pues él la caracterizaba muchísimo mejor que yo. Tendría que buscarme nuevas canciones si no quería volver a repetir el mismo repertorio del año anterior… aunque, pensándolo bien, actuando solo los fines de semana, quizás podría sacarle jugo a lo mejorcito del año pasado (ensanchando la ropa, pues había engordado cinco kilos).


        Posdata:
        Como jode el descubrir que tu mejor amigo no te considera igual.



lunes, 11 de diciembre de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO. (Andrea, Dolores, secciones secretas y un japones de pelo azul llamado Makoto.2 )

ANDREA, DOLORES, SECCIONES SECRETAS Y UN JAPONES DE PELO AZUL LLAMADO MAKOTO.2 (Diccionarios, sueños y metacrilato)


        Parecía que el miércoles veintiocho de junio sería interminable. Después de un sinfín de despropósitos me encontraba en la nueva (y secreta) sección de la empresa. No tenía nada claro cuál era la finalidad de esa sección. Y aún tenía menos claro qué diablos pintaba yo allí, o que era lo que la empresa esperaba de mí, al forzar mi inclusión a ese extraño proyecto.
        El hecho de que estuviesen dándome la información con cuentagotas no ayudaba nada a tranquilizarme y, lejos de relajarme, lo que provocaba era que aflorasen en mi todos los fantasmas asociados a mi mala relación con los encargados y directivos de la empresa.
        Makoto siguió hasta la una del mediodía contándome todos los pormenores de la finalidad de la nueva sección. Yo tenía cierta dificultad para entender los detalles técnicos, pues mi nivel de inglés no llegaba hasta ese punto. Por lo que continuamente le pedía que me explicase las cosas como si le hablase con un niño de diez años (ese era el nivel de inglés que podía entender sin demasiada dificultad). La verdad era que se le veía totalmente convencido e involucrado en el proyecto… fuese cual fuese.
        Yo, quizás porque nunca he sido consumidor de arte, más bien todo lo contrario (siempre me he considerado un buen artesano, un creador o un artista), me resultaba muy difícil el entender que alguien pudiese pagar las fortunas que pretendían cobrar por unos aparatos de fabricación en serie a los que se les aplicaban esas modificaciones “artísticas”, diseñadas y pensadas tal y como las veía en las fotos y proyectos que se repartían por todas las paredes del local.
        En ese momento mi imaginación iba por libre y ya me estaba viendo poniéndole pelo de vaca a un teléfono móvil o a la carcasa de la pantalla de un ordenador. Porque… siendo claros, yo no veía al japonés ni a la chica cogiendo con sus manitas de “pijo” universitario las herramientas necesarias para montar o realizar ninguna de las modificaciones que tenían planeadas para los aparatos que fabricábamos en la empresa. -Veras que te tocara ser la chica para todo de este par de cretinos.- Pensaba mientras Makoto y yo nos íbamos dirección al comedor de la empresa a la una y media.
        Durante el almuerzo pregunté por Kaede, la chica japonesa, a mi interlocutor de pelo azul. Por lo visto había salido de urgencia dirección a Londres para participar en un exclusivísimo evento que se había organizado para una selectísima clientela (básicamente los hijos mega pijos de millonarios americanos y europeos) en un establecimiento del Soho londinense. Su idea era introducir algunos de los productos que ya tenían desarrollados y conseguir crear la necesidad de conseguirlos entre ese segmento de la población VIP.
        La sorpresa me la llevé cuando le pregunté a qué tipo de aparatos se refería cuando hablaba de “prototipos”. Para entonces estábamos tomando el café en la sección “secreta” (si, la sección era tan elitista, que tenían incluso una cafetera propia, de esas de una carga al estilo de las de cafetería o bar) y casi me caigo de la silla cuando de una especie de caja fuerte me sacó una bandeja metálica con cinco teléfonos móviles sujetados entre algodones.
        Hasta ese momento solo había visto aparatos de color negro baquelita, con algún ribete metálico y poca cosa más. Esos teléfonos que me mostraba eran geniales, había uno con la carcasa estampada con lo que parecía piel de leopardo, otro completamente blanco nacarado, habían dos de dorados con incrustaciones de cristal de swarovski: en uno, los cristales hacían un mosaico con la bandera americana y en el otro con la bandera inglesa, y después, el que me pareció más genial de todos, con la carcasa recubierta de cristalitos al estilo de las bolas de luces de colores de las discotecas.
        Yo en ese momento no tenía teléfono móvil, ni entraba en mis planes inmediatos el conseguir uno, pero al ver esos aparatos sentí la necesidad imperiosa de poseer una maravilla como esa. No era que de repente descubriese en ese aparato un instrumento necesario para comunicarme con el resto del mundo… para nada. Mi cerebro lo procesaba como una joya para ser exhibida y mostrada en todas las fiestas y saraos a los que asistiese Dragg Issis. El que se pudiese usar como herramienta de comunicación pasaba a ser algo totalmente secundario. 
        De repente me descubrí a mí mismo interesadísimo por todo lo que pudiese ofrecerme esa sección. Sección a la que oficialmente acababa de entregarle mi alma (como quien se la entrega al diablo) y sinceramente ya me importaba un pimiento la incompetencia de los directivos, la viabilidad del proyecto o lo que pintaba realmente yo allí: solo quería aprender cómo hacer maravillas como esas que brillaban en la bandeja metálica rodeadas de algodón.
     Cuando me quise dar cuenta ya eran las cinco y media. Las tres horas de la tarde habían pasado tan rápido que ni tan siquiera me percaté de que Makoto se había ido hacia una hora. Como me costaba muchísimo entender las especificaciones técnicas del proyecto me llevé a casa toda la información que creí relevante. Creía que, posiblemente, si tenía a mano el diccionario traductor de inglés conseguía entender mejor los datos que me aportaban esos papeles.
       A las ocho y media, cuando llegó Darío, me encontró (de nuevo) con la mesa del comedor llena de papeles y el diccionario de inglés-español en la mano.
        -Vaya… ¿Otra carta del japonés muerto?- Preguntó con cierta sorna.
        -No, que va, esto es del trabajo.- Dije mientras mi chico ponía una cara como de muy extrañado.
        -¿Desde cuándo te traes trabajo a casa?- Preguntó preocupado. -Creía que no querías responsabilidades- Añadió. -Como siempre dices que en esa empresa si te hacen hacer alguna cosa que está por encima de lo que declaras en tu currículum seguro que se trata de una trampa.- Sus palabras me recordaron uno de los pilares fundamentales de mi propia filosofía versus directivos y jefezuelos.
        -En realidad estoy buscando la forma de hacer esto.- Le dije mientras le mostraba una fotografía en la que aparecían tres de los cinco maravillosos teléfonos móviles.
        -Hala, que pasada.- Exclamó al ver las piezas que llevaban trastocando todo mi equilibrio mental desde el mediodía. -Como lo hacen para que parezca de oro.- Preguntó mi amante rubio extrañadísimo.
        -Es lo que estoy buscando como un loco por estos dosieres.- Dije. -Se supone que entre estos papeles están las especificaciones con las instrucciones para hacer estas joyas.- Empezaba a estar demasiado alterado. -Pero por ahora solo he encontrado dosieres técnicos y formulas publicitarias.-
        -Como veo que no vas a ayudarme a preparar la cena… ¿Qué te parece si me voy a por un menú del restaurante chino?- Propuso Darío.
        -Pues me parece una idea excelente cariño.- Y su viaje hasta el chino me daría la media hora que me faltaba para repasar el ultimo dosier que quedaba sobre la mesa.
        Justo dentro de uno de los carpetanos del último dosier lo encontré. Había unas quince fichas técnicas referentes a los teléfonos móviles. Dejando aparte todas las especificaciones técnicas sobre la tecnología interna que era común en los miles de millones de aparatos que había en el mercado, me centré en buscar cómo diablos habían creado esas carcasas tan geniales. Al final lo encontré.
        Trabajaban con unos moldes plásticos realizados a partir de las carcasas originales de bakelita, sustituyéndola por resinas de metacrilato transparentes mezcladas con pigmentos y otros materiales que les acababan dando ese acabado tan personalísimo, puliéndolos hasta conseguir ese aspecto de joya. La información que daban las fichas técnicas era muy limitada: no ponía nada sobre el tratamiento de esa resina sintética ni cuáles eran los procedimientos técnicos a seguir para, por ejemplo, incluir en su interior los miles de cristalitos de bola de discoteca.
        Ya tenía un objetivo para los próximos días, lograr el máximo de información sobre esa técnica.
         Sin duda alguna a la mañana siguiente o el viernes tendría que tener una reunión con personal. La burocracia es la burocracia y los lacayos de Vanessa necesitarían constancia por escrito de mi aceptación del nuevo puesto.
        Justo en ese momento llego Darío del restaurante con el avituallamiento para cenar. Yo estaba eufórico y en un arrebato, me dio por abrir una botella de cava que había quedado en la nevera de la última barbacoa. -Mmmh… Comida china y cava… ¿Porque no?- Dijo mi chico riéndose. -¿Me contaras de que va toda esa movida de los teléfonos móviles?- añadió mientras repartíamos los paquetes con el logo del Restaurante “La Gran Muralla” por la mesa.
        -Si te soy sincero, aun no tengo ni idea de cuál es mi sitio en toda esta historia de los teléfonos inalámbricos exclusivos. Y la verdad es que me importa un bledo. Lo único que me interesa es este nuevo material que acabo de descubrir que es genial y me permitirá reinventar por completo a Dragg Issis.- Le contaba mientras le daba un bocado a un rollo de primavera empapado en salsa agridulce. Y mientras devorábamos el pato laqueado y la ternera con setas y bambú le conté a Darío todo lo que me había sucedido en la empresa multinacional japonesa desde la mañana.
        Después de felicitarme por el giro de los acontecimientos me soltó: -Y no te preocupa el que en la fábrica descubran que estás trabajando por tu propio interés en vez de por el interés de la empresa.- Poniendo el dedo en la llaga.
        Dediqué un momento a meditar que responder a ese razonamiento, llegando a la siguiente conclusión: -Todos los indicios me llevan a la conclusión de que esta empresa no estará en funcionamiento más allá del año 2000. Si consigo aprender cómo trabajar el metacrilato para conseguir esos resultados tan buenos, saldré de la fábrica con más recursos para tirar adelante que el resto de los empleados, pues la mayoría de ellos, después de trabajar muchos años solo han aprendido a clavar tornillos, empaquetar bultos o insertar componentes.-
        -Si lo tienes así de claro, cariño, adelante.- Dijo Darío mirándome a los ojos y ofreciéndome su copa de cava para brindar.
        Esa noche, después de hacer el amor con mi chico, volví a soñar con Hikaru Yamahaka. Hacía ya varios meses que no soñaba con él y empezaba a pensar que después de haber recibido todos sus mensajes póstumos ya no volvería a aparecerse en mis sueños. Esta vez caminábamos los dos por el larguísimo sendero de piedras blancas circulares que partía en dos un precioso jardín japonés. Yo vestía el ya famoso kimono azul de ribete rojo y él llevaba puesto un kimono masculino de color negro con un paisaje boscoso bordado con hilo dorado y plateado. Mientras atravesábamos los puentes de madera construidos sobre un larguísimo y zigzagueante estanque repleto de carpas de todos los colores y tamaños, yo le recriminaba al nipón todos los problemas que estaba teniendo como consecuencia del tórrido romance que habíamos vivido. Mientras, mi amante me miraba y sonreía complacientemente. Cuando llegamos al rincón donde estaba la higuera con forma de gruta donde lo había visto morir en otra pesadilla, me tapó los labios con el dedo índice y por primera vez en todos esos meses oí a Hikaru hablar en mi sueño. -No es un reto ni un castigo, es una oportunidad.- Me dijo justo un momento antes de desvanecerse en una ventisca de pétalos de cerezo en flor.
        -No es un reto ni un castigo, es una oportunidad.- Era la letanía que se repetía en mi cabeza una y otra vez desde que sonó el despertador a las seis y media. Más tarde ya en la fábrica, mientras tomaba el segundo café con las mosqueteras, bueno todas menos Andrea que no apareció, esas mismas palabras se repetían como un tintineo en mi cerebro: -No es un reto ni un castigo, es una oportunidad.-  Mostrándome totalmente ausente ante mis amigas que esperaban ansiosas alguna explicación o cotilleo sobre la nueva sección. Sonó la sirena, y después la musiquita de la gimnasia japonesa. Gimnasia japonesa que hice siendo consciente de que todo el mundo estaba (de nuevo) pendiente de mí.
        Mientras el jefe de producción empezaba el meeting dando las producciones del día anterior y las previsiones para ese día, yo salí por la puerta lateral y tranquilamente me dirigí hacia el edificio de administración. Para mi sorpresa cuando llegué a la nueva sección súper secreta la puerta estaba cerrada con llave.
        Como no tenía muy claro que debía hacer ni de quien debía recibir órdenes, me senté en uno de los sofás de la sala de espera de la recepción y esperé leyendo una revista a que alguien se dignase a decirme alguna cosa. Fueron pasando algunos de los lacayos de Vanessa que me miraban disimuladamente y algunas visitas se sentaban cerca de mí mientras esperaban ser recibidas. Esa situación se mantuvo casi por dos horas, hasta que apareció Andrea y se sentó a mi lado.
        -Que sepas que sigo muy molesto contigo por lo que me hiciste antes de Semana Santa.- Le dije sin quitar la vista de la revista que estaba leyendo.
        -Te pedí perdón.- Murmuró. -¿Y ahora quizás podríamos seguir la reunión donde la dejamos ayer?- Preguntó esperándose un tono más conciliador por mi parte.
        -¿Tan difícil era mostrarme lo que se hacía en la sección secreta?- Le contesté con otra pregunta. -O, ¿Es que el tema no tiene nada que ver con lo que me mostró Makoto?-
        -Un poco se trata de eso.- Dijo Andrea. -Desde personal han constatado que tienes cierta habilidad para ejercer de colaborador y ayudante de los técnicos japoneses y ahora estarás asignado a esa sección como operario de apoyo de los dos nuevos técnicos japoneses.- Añadió.
        -Cuánta razón tenía el Sr. Cubiles.- Dije lamentándome.
        -¿Que tiene que ver el antiguo jefe de control de calidad en todo esto?- Preguntó la presidenta del comité muy extrañada.
        -Me advirtió del hecho que si en personal se enteraban de que hablaba inglés, acabaría con muchísimo más trabajo del que podría hacer por el mismo sueldo.- Dije con toda la mala leche de que era capaz.
        -Bueno, por lo que se, hay más argumentos que ese para que te hayan adjudicado a ese puesto.- Dijo Andrea con tono condescendiente.
        -Ok. Hay algo más que deba saber, o simplemente me pongo detrás de esos dos como un perrito y espero a que me den instrucciones.- Dije mirándola a los ojos intentando intimidarla.
        -Hay mucho más. Y te lo contaremos Dolores y yo si te dignas a escucharnos.- Mientras, se levantó y se dirigió a la sala de reuniones esperando que la siguiese.
        Mansamente, seguí a la presidenta del comité de empresa de nuevo hasta la mesa ovalada, donde me plantearon más extensamente el proyecto en el que trabajaban Kaede y Makoto. Para poder colaborar con ellos tendría que hacer un cursillo intensivo donde aprendería a utilizar los ordenadores, internet, y lo que más me interesaba a mí: todos los procedimientos técnicos para poder crear esas maravillosas modificaciones a los aparatos. Tan necesarias para conseguir el interés del público VIP por ese producto.


        Posdata:
        -No es un reto ni un castigo, es una oportunidad.- Tuve que repetírmelo infinidad de veces para empezar a creérmelo. Maldito Hikaru Yamahaka.




domingo, 3 de diciembre de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO. (Andrea, Dolores, secciones secretas y un japones de pelo azul llamado Makoto.1 )

ANDREA, DOLORES, SECCIONES SECRETAS Y UN JAPONES DE PELO AZUL LLAMADO MAKOTO.1 (Reticencias exasperantes)


        El día de San Juan lo pasamos literalmente durmiendo. Contribuyó a ello el que llegásemos a casa a eso de las diez de la mañana. La verbena de la noche anterior acabó en el PACHA pasadas las ocho de la madrugada, además antes de irnos con la paga, el Sr. Roure quiso reunirse conmigo para exponerme sus planes sobre María como camarera.
        La sorpresa me la llevé cuando me soltó la bomba: Tatiana dejaba de trabajar de camarera a partir del uno de Julio. En realidad iba a casarse a medianos de verano, y esa era la excusa que había usado para colgar el hábito de camarera después de más de quince años tras la barra. La aparición de María le había venido de perlas al propietario, pues la idea de una mujer coctelera en la barra de la terraza Chill-Out le seducía muchísimo. A partir de la semana siguiente Irene sustituiría a Tatiana en la barra de Tatiana (esa barra seguiría llamándose así durante años) y María sustituiría a Irene.
        Durante el desayuno en el Bar Paco, Tatiana nos invitó a una botella de cava para celebrar su inminente matrimonio con un empresario holandés, con el que mantenía una relación desde hacía más de cinco años. La mitad de los que estábamos en la mesa no teníamos ni idea de que tuviese pareja. De hecho desconocía casi todo de la vida de la mayoría de los compañeros del PACHA. Para poner un ejemplo, de Markus, no tenía ni idea si estaba en pareja o no, la verdad era que no sabía ni tan siquiera si era español o extranjero.
        El desayuno se alargó hasta bien entradas las nueve y media. A María le estaba dando un bajón tremendo, y el cava no la estaba ayudando en nada. Así que le propuse que se quedase a dormir en la habitación de invitados de mi casa. Eran las diez de la mañana y ya estábamos los tres durmiendo a pierna suelta. Así estuvimos hasta las seis de la tarde, hora en la que mi compañera de la empresa multinacional nos despertó para decirnos que se iba a su casa para cambiarse y regresar a la discoteca. No tuve tiempo de contarle los planes que tenía el propietario para ella, de hecho no tuve tiempo ni de preguntarle como pensaba hacerlo para ir hasta el parking del PACHA, que era donde se había quedado su coche.
        Tres horas después, mientras me transformaba en Dragg Issis de nuevo pude ver como María regresaba completamente eufórica de reunirse con el Sr. Roure, convertida ya en la camarera-coctelera oficial de la barra Chill-Out. Por otra parte, me resultaba muy extraño el no tener noticias de Martin. Creía que el saber que en siete días lo tendría de compañero compartiendo escenario, era suficiente excusa como para quedar y compartir opiniones.
        Con Martin nunca habíamos tenido una amistad de las de quedar cada dos o tres días, pero, aunque llevásemos un par de meses sin encontrarnos o llamarnos, los dos solíamos buscar una excusa para quedar y hablar de nuestras cosas. Ahora hacia más de un año que no nos habíamos buscado y me preocupaba que el tiempo y la distancia hubiese hecho mella en nuestra amistad. La verdad era, que desde que, con el personaje de Dragg Issis me habían empezado a salir trabajos remunerados, dejó de llamarme para quedar y hablar de nuestras cosas, y si a eso le sumábamos cierto desinterés por mi parte y los setenta kilómetros que había desde Palamós hasta Figueres, no era extraño ese distanciamiento. Nos volveríamos a ver en una semana y saldría de dudas.
        El sábado veinticuatro pasó rápido, entre la clientela resacosa de la noche anterior y el poco entusiasmo que le pusimos las Dragg Queens (no nos molestamos ni en cambiar las canciones de las actuaciones de la verbena). Además los strippers se cabrearon por el malentendido de la noche anterior y no apareció ninguno para la sesión del sábado. La verdad, nadie los echó de menos. Tenía la sensación de que el tema de los desnudos masculinos ya no daba mucho más de sí, al menos en la sesión de los sábados. La única nota de color de la noche la dio Tatiana, que invitaba a chupitos a todo el mundo como despedida de su vida laboral nocturna.
        Como, a parte de la euforia de María por su próxima incorporación a la plantilla del PACHA, no sucedió nada que considere de mención. Pasare directamente al miércoles siguiente en la empresa multinacional japonesa.
        Ese día, recién llegado a la empresa y justo después de tomarme el café de rigor con las mosqueteras y de cruzar varias miraditas de complicidad con María, justo en el momento que sonaba la sirena que anunciaba el inicio de la musiquita de la gimnasia japonesa, Andrea me pidió que me quedase en la sala de descanso. Ante mi cara de sorpresa, me dijo que tendría que acompañarla a la sección de personal.
        Al preguntarle sobre el motivo de semejante requerimiento, se negó a decírmelo con un escueto: -Todo a su debido tiempo.-
        Mientras cruzábamos el complejo a través del almacén de material de fabricación no pude dejar de darme cuenta del caos cósmico en que estaba sumida esa sección. Los millones de piezas, paquetes y fardos de componentes se acumulaban a montones en un desorden controlado solamente por las hábiles manos y mentes de los encargados de esa zona. Mientras las cadenas cinco y seis empezaban a producir algunos de los nuevos productos adjudicados recientemente. -Qué diferencia que hay con el stock que había en abril.- Pensé. -Con todos estos modelos nuevos que se van a fabricar a partir de ahora la empresa tiene asegurada su viabilidad hasta el año 2000.- Meditaba mientras entrabamos en el edificio de administración. Allí nos esperaba Dolores, la secretaria del Jefe de Personal, que se nos acopló con un expediente en la mano mientras subíamos a la sala de reuniones.
        Al pasar por delante de la muñeca de porcelana, de golpe, noté como un respingo detrás de la oreja. -¿Podría ser que hubiese alguna cámara en la sala de espera y me hubiesen grabado mientras me llevaba el contenido del cajón de la urna de madera y cristal?- Pensé con preocupación. Aunque, la verdad, tampoco podrían molestarse en exceso, pues el contenido del paquete iba dirigido a mí. En fin, en un momento me quedaría claro si se trataba de eso.
        Nos sentamos Andrea, Dolores y yo alrededor de la enorme mesa oval de la sala de reuniones. Parecía que estuviésemos esperando a alguien más porque ninguno de los presentes decía nada. Cinco minutos interminables después, empecé a impacientarme y pregunté: -¿A quién estamos esperando?-
        -En realidad… A nadie.- Dijo Dolores sin saber muy bien cómo empezar a hablarme.
        Pasados cinco minutos más en los que nos dedicamos a mirarnos a los ojos incómodamente y sin que nadie se atreviese a decir nada, Andrea muy indecisa rompió el hielo: -¿Cuáles son tus expectativas dentro de esta empresa?- Me preguntó directamente la presidenta del comité de empresa.
        -Ninguna.- Contesté taxativamente.
        -¿Me estás diciendo que te complace la idea de seguir haciendo lo que estás haciendo ahora durante los cuarenta años que te faltan para jubilarte?- Preguntó Dolores muy afectada.
        -Soy pragmático.- Contesté. -Sinceramente, ¿qué posibilidades hay en esta empresa de que un empleado no cualificado salga de la cadena de montaje o del grupo de estibadores del almacén?- Añadí dejando bien clara mi posición al respecto.
        -Ya te dije que esto iba a ser muy complicado.- Le dijo Andrea a Dolores dejándome muy claro que llevaban mucho tiempo preparando esta reunión. -Los encargados y la antigua dirección lo putearon muchísimo y ahora está completamente quemado, arisco y cerrado a cualquier propuesta que le hagamos.- Añadió. Hablando como si yo no estuviese delante de ellas escuchándolas.
        -¿Pues tú me dirás como lo hacemos?- Dijo Dolores mirando a Andrea. -Porque desde Dirección lo quieren en la nueva sección. Y esta vez no van a aceptar un no como respuesta.- Siguió hablando mientras a mí ya me empezaba a molestar el que me estuviesen ignorando de ese modo. En ese momento se dieron cuenta de que si lo que buscaban era tranquilizarme lo estaban haciendo fatal y se callaron las dos.
        Por mi parte, aun le guardaba cierto rencor a Andrea por la actitud que me demostró antes de Semana Santa, al haberse posicionado y dar crédito a los chismorreos que corrían sobre mi persona en  la sección de personal. En cuanto a Dolores, no sabía mucho de ella, pero el solo hecho de estar trabajando a las órdenes de Vanessa hacia que no sintiese la más mínima confianza hacia ella. Al verlas tan inquietas, me envalentoné: -Como veo que tenéis mucho que hablar entre vosotras, yo regresaré a mi sección, que tengo muchísimo trabajo acumulado. Cuando tengáis las ideas más claras, si procede, me contáis alguna cosa.- Dije mientras me levantaba y salía de la sala, quedándose las dos con un palmo de narices y sin poder articular ninguna palabra.
        Mientras regresaba a mi sección, me regocijaba en la idea que me venía a la mente, donde el departamento de personal estaba por un lado, muy presionado por Klaus-Hiro y por el otro se sentían terriblemente acuciados por mi negativa a aceptar cargos de responsabilidad, todo ello amenizado por la necesidad casi enfermiza del hijo de Hikaru Yamahaka de promocionarme dentro de la empresa como compensación a unos favores que yo no era consciente de haber realizado.
        La presidenta del comité de empresa me persiguió a través de los coches de la zona de parking llamándome para que me parase. Insistió en que regresase o que por lo menos intentásemos hablar mientras tomábamos un café. Accedí a su propuesta y nos dirigimos al comedor de la empresa. Curiosamente, el espacio más concurrido a la hora del almuerzo resultaba ser la zona más íntima el resto del día. Tan solo se oía cierta actividad en la cocina: el ruido de los cuchillos trabajando, el agua limpiando alimentos, el bullir de los pucheros y el silbido de algunos fogones.
        Nos preparamos un café y nos sentamos en un rincón. -No entiendo esta aversión que le tienes a los puestos de responsabilidad.- Dijo Andrea, sorprendida por la actitud que demostraba al respecto. -La mayoría de los empleados matarían por las oportunidades que tú desperdicias.- Añadió, mientras yo la escuchaba en silencio. La mosquetera me miró a los ojos, parecía ciertamente desesperada, y me dijo. -Sinceramente, no sé qué perra le ha cogido al Director General contigo, pero lleva un mes preparando una sección a medida para colocarte.-
        -Joder pero que pesado que es Klaus.- Pensé. -Si quiere mostrarse agradecido que haga como todo el mundo y envié una tarta, una cesta de fruta o una caja de bombones.- Seguí pensando mientras fingía que escuchaba a mi amiga, que esperaba una respuesta de mi parte.
        -Estoy fantásticamente bien en mi sección.- Le contesté con tono muy serio. -La verdad, empiezo a estar cansado de que continuamente quieran encajarme responsabilidades que no me interesan lo más mínimo.- Añadí.
        -Pero, ¿no vas ni tan siquiera a escuchar la propuesta que te hacen?- Preguntó con tono desesperado.
        -Tienes mi curriculum ¿verdad? Pues compáralo con esa propuesta y si crees que se ajustan volveremos a hablar del tema.- Le contesté mientras daba un sorbo al café y meditaba sobre el hecho de que aún no eran las nueve de la mañana y ya llevaba cuatro cafés en el cuerpo. -Esto no tiene que ser bueno para la salud.- Pensé. Mientras, Andrea dándome por imposible me invitaba a volver a mi sección.
        Cuando llegué al almacén de control de calidad me encontré con una desagradable sorpresa. Había otro chico en mi puesto de trabajo, chequeando los aparatos codo con codo con María. -Fantástico.- Pensé, mientras empezaba a encenderme por dentro.
        -En la reunión de esta mañana me han dicho que tú ya no estabas asignado a esta sección y que a partir de hoy Pere te iba a sustituir.- Se disculpó mi amiga cuando me vio entrar en la sección y se dio cuenta de que no me hacia ninguna gracia los cambios que se habían producido.
        No sé si sería por la gran cantidad de cafeína que llevaba en el cuerpo o por la recién consumada conspiración hacia mi persona, pero tenía ganas de partirle el alma a alguien. Siempre había reaccionado muy mal a las situaciones impuestas y esta no sería una excepción. De eso estaba muy seguro.
        Necesitaba tranquilizarme y solo se me ocurrió irme hasta mi coche y encerrarme dentro. Estaba siendo irracional, era evidente que me estaban poniendo en la situación de aceptar lo que supusiese ese cambio de sección o irme. Y la idea de despedirme a la brava de la empresa, en ese momento, no me seducía nada. Justo entonces oí que golpeaban el cristal de la ventana del conductor. Era Álvaro. Dio la vuelta al coche y entró por la puerta del copiloto. -Tu siempre tan melodramático.- Dijo mirándome por encima del hombro.
        -Ahora es cuando tú vas a hacer de poli bueno y me dirás lo bien que estaré en otra sección ¿No?- Le dije.
        -Bueno… estos son los inconvenientes de meterte en la cama de un jefe.- Dijo mi exnovio. -Se acaban obsesionando y nunca creen que hacen lo suficiente para valorarte como es debido.-
        -Gracias, me estas animando muchísimo.- Le dije haciendo el gesto de vomitar con los dedos en la boca.
        -Klaus está empeñado en aprovechar tu talento creativo para la empresa. Y ya sabes lo persuasivo que puede llegar a ser.- Dijo Álvaro muy serio.
        Esas palabras terminaron de encenderme. Me giré mirando al pelirrojo fijamente a los ojos y le dije: -Dile a tu novio, que por ahora lo único que ha conseguido con los ineptos que me ha enviado para convencerme, es que me plantee muy seriamente el dejar de trabajar para esta empresa. Y ahora si no tienes nada más que decirme me gustaría estar solo un rato.- invitándolo a salir del coche.
        Mientras veía como Álvaro regresaba a la nave, me di cuenta de que, oficialmente en ese momento no pertenecía a ninguna sección, así que en teoría nadie me echaría de menos. Eran las nueve de la mañana y hacia un día genial, casi de verano, ideal para estar tumbado tomando el aire en el césped. Me acordé que tenía un libro que aún no había empezado a leer en el maletero, así que busqué una sombra agradable desde donde pudiese verme todo el mundo y empecé a leer, con la esperanza de crear una situación lo suficientemente absurda como para que se solucionase por si sola.
        A las diez, cuando sonó la sirena del descanso de la mañana, las mosqueteras se plantaron en bloque a mí alrededor. Me traían un café (maaas café, era lo que me hacía falta en ese momento) y se quedaron sentadas a mi alrededor esperando a que yo les dijese alguna cosa. El problema era que no tenía absolutamente nada que contarles, así que opté por quitar hierro al asunto y pregunté a María por las aptitudes de su nuevo compañero, poniéndola en un aprieto, pues por muy buenas que fuesen sus cualidades no podía hablar bien de él sin hacerme un desprecio a mí. Quince tensos minutos después regresaron a su trabajo y yo seguí leyendo.
        A eso de las once apareció Makoto, el japonés del pelo azul, saliendo del edificio de administración. Se acercó a mí y me saludo en inglés. -Hola, hace un día genial para estar tumbado en el césped.- Y se sentó a mi lado. -¿Es interesante el libro que estás leyendo?- Preguntó.
        -Es Dune, de Frank Herbert.- Le dije. -Vi la película y aunque parecía interesante no entendí nada, así que he decidido leerme el libro.-
        -Te va a encantar.- Dijo. -Creo que es de los mejores libros de ciencia ficción que se han escrito.-
        -Gracias.- Le dije. -Realmente lo estoy disfrutando.-
        -Una cosa… los vestidos y pelucas que usas para tu show… ¿Los haces totalmente tú con tus manos?- Preguntó poniéndose de rodillas y mirándome fijamente.
        -Si.- Contesté.
        -Sabes que eres realmente bueno diseñando y haciendo ropa ¿no?- Añadió.
        -Sí, eso ya lo sé.- Contesté empezando a temerme por donde quería llevar la conversación.
        -Yo intente hacerme algún disfraz para asistir a las convenciones del Manga, pero soy un negado para el tema del diseño de ropa.- Dijo riéndose. -Así que tengo que contratar a especialistas para que me hagan esas cosas.- Añadió mientras gesticulaba con las manos, de no ser japonés (porque me es dificilísimo ubicarlos) creería que ese chico era súper mariquita.
        Como veía que todo me llevaría hacia esa situación, le hice la gran pregunta: -Exactamente, ¿Qué haces tú para esta empresa?-
        -Colaboro en un estudio de mercado junto con Kaede.- Dijo orgulloso.
        -Y ¿Cuál es la especialidad laboral de Kaede?- Pregunté.
        -Es una de las mejores analistas de tendencias de mercados y estudios sociológicos aplicados al consumo del mundo.- Dijo dejándome de piedra por el curiosísimo oficio de la chica.
        Era obvio que me estaba conduciendo a su terreno. De hecho estaba logrando su objetivo, yo ya empezaba a tener curiosidad por saber qué diablos se cocía en el nuevo departamento. -¿Puedo preguntarte en que consiste ese estudio que estáis realizando?- Después de decir eso me di cuenta de que ya había cerrado el libro y toda mi atención estaba puesta en Makoto.
        -Puedo hacer algo mejor.- Dijo el japonés de pelo azul. -Puedo mostrarte lo que hacemos.-
        Tres minutos después me vi acompañándolo a la secretísima nueva sección de la empresa. -¿Tan difícil era haber empezado por aquí? En vez de enviarme a esas dos incompetentes que solo deseaban justificar su empleo.- Pensaba.
        Una de las secciones de la planta baja del edificio de administración, que se solía utilizar de almacén de material y de archivo la habían vaciado, transformándolo en una especie de laboratorio de ideas. Esa fue una de las sensaciones que tuve cuando entré en esa especie de cueva de Ali Babá plagada de imágenes y diseños imposibles que empapelaban todas sus paredes y plafones divisorios. Tenían cinco ordenadores conectados a todo tipo de aparatos de los que desconocía totalmente sus propiedades y utilidades. Y en ese momento una enorme impresora estaba imprimiendo una foto de tamaño DIN2 de Makoto y Dragg Issis. No pude evitar el quedarme por un momento embobado por el hipnótico zumbido y vaivén de los inyectores de tinta a medida que se imprimía la eufórica sonrisa del japonés de pelo azul junto a una forzada sonrisa de circunstancia de la Dragg.
        -No lo entiendo… ¿Qué tipo de estudio es el que hacéis aquí?- Pregunté sin terminar de entender el porqué de todo aquello.
        -Nuestro cometido es explorar las posibilidades de transformar un producto de consumo de masas en un objeto de cualidades exclusivas.- Dijo el japonés mientras me mostraba una foto de una aspiradora a la que le habían aplicado una especie de estampado tipo piel de leopardo.
        -Y… ¿Alguien está dispuesto a pagar por algo como esto?- Dije mientras se me escapaba la risa.
        -Este es nuestro trabajo, buscar mercados potenciales donde poder colocar un producto estándar con un plus añadido que lo haga ser exclusivo.- Me contestó.
        En ese momento me sentía totalmente abrumado por el sinfín de originalidades fotografiadas que me rodeaban expuestas por todo el recinto. Algunas eran tan geniales, que me las estaba apuntando mentalmente para aplicarlas al vestuario de Dragg Issis a la que tuviese ocasión. Por lo demás, a todo lo que había allí no le veía el más mínimo sentido práctico para una empresa cuyo principal activo era la producción en masa de artículos de bajo coste, destinados a la población de clase media y baja que pudiesen permitírselos.
        La pretensión de crear objetos híper exclusivos para personas de clase muy alta o VIP’S, me parecía un hándicap del todo imposible, incluso para una empresa multinacional con los medios de que disponía esta.
        Y llegados a ese punto. -¿Qué diablos pintaba yo allí?- Me preguntaba.


        Posdata:
        Aunque lo disfracen de persuasión, la mayoría de las veces solo se trata de imposición pura y dura.



miércoles, 22 de noviembre de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO. (Sueño, cotilleos y la Verbena de San Juan)

SUEÑO, COTILLEOS Y LA BERBENA DE SAN JUAN.

        La principal excusa para hacer una barbacoa el jueves veintidós de junio no era otra que el viernes veintitrés, día de la verbena de San Juan, a Darío y a mí nos tocaba trabajar en el PACHA. De hecho, la mayoría de los invitados tenía compromisos para la noche más corta del año, y el único día en el que todos coincidían que tenían libre era el jueves. Además, el que Miquel y su novio estuviesen pululando por la región se juntaba con el hecho de que, desde semana santa no habíamos realizado ninguna barbacoa nocturna y ya tocaba.
        Después de la gran revelación en la barbacoa de la noche anterior, donde que Álvaro me dejó bien claro cuáles fueron los motivos que provocaron el que, de la noche a la mañana me sustituyese como pareja por Klaus-Hiro Yamahaka y que, sin duda, se resumían perfecta y claramente en uno solo: -Ya no siento nada por ti y ahora ese otro lo es todo para mí.- Comprenderéis que, a pesar de estar completamente rendido, no pegase ojo en toda la noche.
        Llevaría dormido unas dos horas cuando sonó el despertador a las seis y media. Como un zombi me arrastre hasta la ducha donde aposté por el agua fría para buscar una reacción extrema que lograse sacarme del trance en el que estaba sumido. Era el segundo día que empezaba en la fábrica con el súper combinado de cafeína y el cachondeo de las mosqueteras por los motivos que podrían inducirme a perder el sueño empezaban a ser de lo más molestos.
        Estaba convencido de que durante el viernes, cada vez que viese a mi expareja, me vendrían a la cabeza las lapidarias palabras que me dijo la noche anterior, durante la maldita barbacoa que hicimos en casa. Y sinceramente, la idea de aceptar que una sola sesión de sexo con el mestizo rubio hubiese provocado un terremoto de proporciones bíblicas en los sentimientos que el pelirrojo sentía hacia mí, se me hacía totalmente irreal.
        Pero la realidad era terca, y se imponía ante mí: Álvaro era ahora el flamante novio o amante (aun no lo tenía claro) del Director General de la empresa. Y a mí me tocaba aceptarlo y asumirlo, más que nada por una cuestión de salud mental, porque como siguiese dándole vueltas a ese tema, acabaría volviéndome completamente loco.
        El viernes pasó lentamente, daba la sensación de que nunca llegarían las cinco de la tarde, porque ese día más que nunca necesitaba llegar a casa para ponerme en la cama y hacer una siesta de tres horas antes de irme al PACHA y poder ser Dragg Issis en condiciones.
        Después de una mañana eterna, a la hora del almuerzo, volvieron a aparecer por el comedor los mismos personajes del día anterior: la chica japonesa y el chico del pelo color azul celeste, acompañados de nuevo por Andrea y Dolores. Esta vez pasaron más desapercibidos, o por lo menos eso parecía, ya que los compañeros que estaban comiendo no se giraron en bloque para mirarlos. El departamento al que estaban asignados esos nuevos técnicos parecía ser el secreto más bien guardado de la empresa, tanto que ni tan siquiera Rosita había conseguido la más mínima información al respecto de Andrea. Yo tenía mi propia teoría al respecto: Sin duda alguna su presencia en la fábrica tenía que ver con los nuevos modelos a fabricar en los próximos años. No era casualidad que apareciesen por aquí justo en el momento en que el almacén de fabricación rebosaba de nuevos componentes a punto de caramelo para empezar la fabricación en serie.
        Pero mis teorías al respecto estaban a punto de cambiar radicalmente, y empezaría a cuestionármelas ese viernes por la noche en el PACHA.
        De la sesión del viernes empezaré destacando que después de una reparadora siesta de tres horas, di la bienvenida a María a sus diez días de prueba como aspirante a camarera en la discoteca. El Sr. Roure decidió que para que la chica no se estresase excesivamente en su primer día, el primer contacto lo hiciese en la Barra Chill-Out de la terraza haciendo de apoyo a Irene. Lo que, a efectos prácticos, significaba que la mosquetera, que se había puesto monísima para la ocasión, empezaría a trabajar en el peor día del año: La verbena de San Juan. La verdad era que si sobrevivía a esta noche y aun le quedaban ganas de seguir trabajando de camarera, tendría el trabajo asegurado en el PACHA.
        Decidí ponerme divinísima para esa noche tan especial, así que tiré de mis mejores galas. La sorpresa la tuve cuando descubrí que había engordado desde el año anterior y me resultaba imposible ajustarme el corpiño del vestido estival sin morir asfixiado. -¡Mierda! tendría que retocar todos mis vestidos del verano.- Pensé mientras cogía el maletín de primeros auxilios de costurera y ferretería (versión Dragg Queen). Después de solventar el engorro gracias a mi pericia en el arte de coser y mover botones, me calcé de nuevo el corsé con el enorme vuelo trasero de tela estampada en imitación de piel de lagarto que iba a juego con los guantes y las botas de plataforma. Un enorme pelucón muy crepado de color azul, un bañador tipo pantaloncito plateado y muchas cadenas y accesorios de color metal completaban el maquillaje en azules y purpurina brillante de Dragg Issis.
        Al subirnos a la limusina me dio la sensación de que cada día éramos más gente en el recorrido promocional. A los habituales de siempre: Darío, los dos seguratas, Tatiana y las dos Draggs se nos habían acoplado María, Bruno y Fabián, los dos strippers. El propietario, creo que acertadamente, había incluido a María en el equipo de publicidad, ya que no iba a pagarla durante los días de prueba, por lo menos le daba la opción de cobrar las comisiones por publicidad y le pagaba la cena. El problema lo tendríamos a la hora de ir a cenar a la “Yaya Pepa”, sin duda alguna el local estaría petado y a Alfredo no le haría ninguna gracia el tener que prescindir de una mesa para diez personas el día de más trabajo del año. De hecho llevaba notando cierta hostilidad por parte de los encargados de los locales propiedad del Sr. Roure desde que éramos tantos a cenar. Sobre todo desde que a principios de junio parecía que con el buen tiempo de los fines de semana la gente solía salir más de fiesta. Me empezaba a molestar que los sábados siempre tuviésemos que comer en la mesa de al lado de la puerta del cuarto de baño.
        Alfredo nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja, ese bonachón nos había reservado una gran mesa frente al ventanal para que todo el mundo que pasase por la calle viese al espectáculo de Draggs que había dentro. Tenía el resto del restaurante transformado en una enorme verbena de mesa única, donde los participantes ya habían empezado a cenar. Me di cuenta de que el generoso encargado esperaba que a los postres nos arrancásemos con unos cuantos playbacks y así le amenizásemos la fiesta que tenía organizada. Como la clientela tenía contratado un menú cerrado de escándalo, a nosotros nos sirvieron lo mismo, más que nada para no empezar a marear a la cocina con platos de la carta. Yo estaba sufriendo por el aguante del apaño que había hecho en los botones del vestido si es que me atrevía a comerme todo lo que nos estaban sirviendo, y el resto del grupo… se puso las botas.
        Cuatro actuaciones y muchos chupitos después, empezamos el circuito de los Pubs y el reparto de invitaciones. Mientras hacíamos el loco por la calle comercial e íbamos de un bar a otro, me fijé que esa noche también inauguraban las discotecas de temporada de verano. Vi bastante publicidad del ALEXANDRA’S, un local que presumía de ser la discoteca más elitista del verano en la zona. No dejaba de ser una enorme terraza sobre el mar en un extremo de la playa con una pista de baile escondida dentro de una gruta natural, combinaba la música Chill-Out i Ambient con el Hause de moda del momento en la sala del interior. Todo aquel que pretendía ser alguien en la región tenía que asistir como mínimo una vez a la semana a las glamurosas fiestas que montaban los promotores, donde pagabas una fortuna por entrar y por cada copa.
        El otro local de temporada, y este sí que me preocupaba, era LONDONER. Siempre había sido una competencia directa del PACHA y para este verano en los carteles de promoción prometían traer lo mejorcito de la isla blanca. Durante todo el trayecto promocional estuve pendiente por si veía más Dragg Queens o chulazos y chulazas tipo gogos del estilo del SPACE, AMNESIA o Disco Ku (el actual PRIVILEGE de Ibiza), aunque, a las dos y media de la madrugada, mientras regresábamos al PACHA nada me hacía pensar que, a veinticuatro de junio, hubiese mucho de Ibiza rondando por ese municipio de la Costa Brava.
        A eso de las tres y cuarto a la discoteca le faltaría poco para tener el aforo permitido completo. Los dos strippers se estaban discutiendo para saber cuál de los dos iba a actuar. Por lo visto había habido un error y la agencia que los contrataba había enviado a dos “boys” como cada viernes, cuando el Sr. Roure había pedido explícitamente solamente uno y solo para una actuación, como si se tratase de un sábado normal. Al final se pusieron de acuerdo en hacer una sola actuación pero con los dos strippers juntos, repartiéndose el sueldo y trabajando por la mitad de su tarifa normal.
        Cuando le toco actuar a Dragg Essencia a eso de las cuatro de la madrugada, el local sin duda alguna ya estaba con el aforo completo… y aún seguía entrando gente al mismo ritmo. En media hora sería imposible moverse por la discoteca. Las barras trabajaban a toda máquina y los camareros deseaban que empezásemos las actuaciones para tener un respiro. Juan, con un vestido al estilo retro-dragg se marcó una versión discotequera de “Puente hasta Mallorca” de “Los Mismos”. Me sorprendió muchísimo la buena acogida que tuvo entre el público su versión de una canción tan antigua. Acto seguido, yo destripé el “You Oughta Know” de Alanis Morrisette, alucinando por la entrega de la concurrencia a la hora de corear la canción.
        Tal y como habíamos acordado, después de las primeras actuaciones, nos reunimos Dragg Essencia y yo en el camerino para coger una gran coca de San Juan cortada a cachitos cada uno y repartirlas entre los clientes que deseasen picar un trozo. Mientras Juan se recorría el fotocool y la barra principal y me dirigí a la barra de Tatiana y la terraza Chill-Out y de paso echar un vistazo a María para ver qué tal le iba con Irene.
        Aunque en la terraza había mucha gente, no tenía nada que ver con la masificación que había en el interior de la discoteca. Parecía que María se desenvolvía bien y estaba sacando partido a las clases de coctelería que le había dado durante los descansos en la fábrica. La verdad es que tenía cierto morbo el ver a una mujer ejerciendo de coctelera, un oficio normalmente reservado a hombres. Siguiendo con el propósito que me había llevado allí, ofrecí el pastel relleno de crema a los clientes que ocupaban los reservados de la terraza. Al llegar al reservado que quedaba detrás de la barra entendí el porqué de las señas que me estaba haciendo María desde que me vio entrar en su zona. Ocupando los sofás de mimbre acolchados y alrededor de dos botellas de wiski de doce años carísimo y un bol lleno de hielo estaban Klaus-Hiro, Álvaro, el Sr. Kaneda, el chico del pelo azul y la chica japonesa. Al verme aparecer con la bandeja, repartiendo coca de San Juan me saludaron muy efusivamente insistiendo en que me sentase con ellos. Después de dejar la bandeja sobre la barra delante de una apuradísima María que no daba crédito a lo que veía, me senté con ellos y me serví un buen lingotazo de ese carísimo wiski. Total, si tenía que soportar la incomodidad que suponía el que todos los directivos de la multinacional japonesa me viesen con el culo al aire y montado sobre los plataformones, haría que la cuenta les saliese lo más cara posible. Aunque le temía al lunes… por suerte no tenía que verlos desde mi puesto de trabajo.
        Me presentaron a Makoto y Kaede. Los dos hablaban en inglés, la verdad es que disponía de muy poco tiempo para dedicarles, y Makoto, el chico del pelo azul, parecía estar alucinando conmigo. No paraba de decirme lo maravilloso que era mi atuendo y lo genial que había actuado en el escenario. No paraba de pedirle a Kaede, la chica, que nos hiciese fotos los dos juntos.
        Me interesé por su curioso pelo azul celeste y me contó que trabajaba para muchas revistas de moda y tendencias como crítico de Manga, Anime y culturas suburbanas. Por lo que pude entender, su trabajo lo obligaba a asistir a casi todas las ferias de comic y manga de cierta relevancia en cualquier lugar del planeta. Solía ir disfrazado de un personaje de un comic muy famoso en Japón y que yo desconocía completamente. Como el personaje en concreto tenía ese color de pelo, y no encontraba ninguna peluca que le pareciese lo suficientemente convincente, optó por dejarse crecer el pelo y teñírselo. -Con un par de huevos.- Pensé yo.
        Makoto me monopolizó por completo hasta que tuve que regresar a la pista de baile pues ya nos tocaba realizar la segunda actuación. Me quedé con las ganas de saber alguna cosa de la chica japonesa. Para llegar al pódium me las vi y me las deseé. Darío y Tatiana, completamente superados por el excedente de trabajo a consecuencia de la multitud que pretendía tomar una copa, nos guardaban el micrófono inalámbrico en la barra para evitarnos el tener que cruzar la multitud que literalmente ocupaba el local para ir a la cabina del Disk-hockey y presentar el show desde allí. Verdaderamente, los chicos de la puerta se estaban pasado el aforo del local por el arco de triunfo, porque daba la sensación que en el local había el doble de la gente que la ley y el sentido común permitía. Sin duda alguna el Sr. Roure se estaría frotando las manos con la millonaria caja que se estaba haciendo esa noche.
        Dragg Essencia interpretó (por enésima vez) el “Sobreviviré” de Monica Naranjo y yo, ya sin toda la parafernalia del corpiño y las mangas (el calor era insoportable) me arranque con el “Simply The Best” de Tina Turner. Eran las cuatro y media y las barras no daban abasto. Me fue imposible volver a la terraza, además después de la segunda actuación teníamos que hacer una sesión de fotocool y la cola de la clientela que deseaba hacerse una foto con las Draggs y los strippers parecía que no tenía fin.
        El fotocool era otra forma de ganar dinero que se habían montado entre el propietario y un fotógrafo amigo suyo. Básicamente consistía en un fotógrafo que sacaba fotos a la clientela bailando, junto a las Draggs, en las barras o durante toda la noche. Una vez reveladas, las fotos se exponían con un número adjudicado a cada una de ellas en el largo pasillo que iba desde las taquillas hasta los lavabos y la entrada de la sala principal. Los clientes chequeaban las fotos buscando las que aparecían ellos y podían encargarlas, pagando por adelantado, para el fin de semana siguiente. Este negocio funcionó de maravilla hasta que aparecieron las cámaras digitales y los móviles con cámara.
        A las cinco y media, cuando pude acceder de nuevo a la terraza Chill-Out, mis jefes y sus acompañantes ya no estaban. Un poco decepcionado me acerqué a la barra y le pedí un wiski con limón a María. -Que jeta que tienes, te has metido un wiski de a tres mil pesetas la copa, de la botella de los jefes y ni te has inmutado.- Dijo mi amiga completamente escandalizada.
        Sin hacer el más mínimo caso al comentario de María me dirigí a Irene: -¿Cómo le ha ido?- Le pregunté. -¿Ya tenemos nueva camarera en el PACHA?- Dije intentando saber cómo había reaccionado al contacto con la clientela durante la noche su nueva asistente de barra.
        -Se desenvuelve bien, y sabe hacer cocteles. Solo necesita coger algo de tablas.- Me dijo Irene.
        -No es excesivamente complicado.- Añadió María.
        -Mhhh… Lo que has hecho aquí, lo multiplicas por cien y sabrás como es el trabajo de las barras del interior.- Dije mirándola siniestramente.
        -Creo que podría hacerlo.- Me contestó con tono desafiante.
        -Ok lo tendré en cuenta.- Dije, mientras tomaba mi copa y regresaba a la sala principal.
        Casi eran las seis de la madrugada, y aunque la clientela había descendido muchísimo, aun daba la sensación de que la discoteca estaba muy concurrida, sin duda alguna ese día trabajaríamos hasta bien entradas las siete de la madrugada. Me acerqué a la entrada y desde la puerta pude ver a lo lejos, entre los bloques de pisos de la primera línea de mar, como el sol incendiaba el mar a medida que aparecía en el horizonte.
        -¿Volveréis a actuar?- Me preguntó Markus, poniéndose a mi lado mirando el horizonte.
        -Yo a las seis me transformo en calabaza.- Le dije con tono irónico mientras veía como los clientes salían con las bebidas en vasos de plástico y se sentaban en la escalinata de la puerta de la discoteca para ver nacer el nuevo día. -Pregúntale a Juan, si a él le apetece actuar de nuevo… pues que lo haga.- Dicho eso, ninguno de los dos nos movimos hasta que el sol estuvo unos quince centímetros por sobre la línea del horizonte del mar.
        A eso de las siete y media, cuando la música cesó y las barras dejaron de servir. Juan y yo ya corríamos por la sala sin el maquillaje ni las galas de Dragg. La barra de la terraza hacía más de una hora que había cerrado y tanto Irene como María ayudaban a rellenar las neveras y las estanterías a las demás barras. Cuando Darío terminó, salió de la barra y de un salto me abrazó y me beso en los labios… ante los atónitos ojos de mi compañera de la empresa multinacional, que no daba crédito a lo que veía.
        -Ah… antes de que la imaginación se te vaya de las manos. Que sepas que Álvaro está liado con el Director General y este es mi actual pareja.- Le dije a María, que estaba flipando en colores.
        -Ahora lo entiendo todo.- Dijo mi amiga muy sorprendida.
        -Y otra cosa. De todo esto que acabas de descubrir, a las demás mosqueteras ni una palabra, y a Rosita menos ¿De acuerdo?- Añadí muy serio. -Ya me está superando el que mi vida privada esté en boca de todos los directivos de la empresa, como para que además todo el resto de los compañeros estén informados de todo lo que hago.- Aunque estaba convencido que el esperar ese tipo de lealtad de mi amiga era una ilusión… Todo eso se sabría en un en decir veintidós.


        Posdata:
        Mi abuela decía: nunca es suficiente con tener la boca cerrada para que un secreto siga siéndolo. Al final siempre acabas cagándola.


        Imagen Eriko Stark.




lunes, 13 de noviembre de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO. (Cansancio, Klaus Hiro, un americano y la típica barbacoa)

CANSANCIO, KLAUS-HIRO, UN AMERICANO Y LA TÍPICA BARBACOA.

        Durante todo el jueves necesité café por vía intravenosa. La noche anterior no conseguí dormirme hasta pasadas las tres y media de la madrugada, y el despertador, implacable, sonó a las seis y media. Cuando las mosqueteras me vieron tomar el súper combinado de cafeína nada más entrar en la fábrica a las ocho menos veinte, empezaron a fabular sobre quien podría ser el responsable de mi carencia de sueño. Como que cuando suelo dormir poco, se resiente mi facilidad para comunicarme, no solté ni prenda sobre los motivos que me quitaban el sueño.
        El día transcurrió lentamente, parecía que, por algún motivo extraño, la cafeína no consiguiese llegar a mis células nerviosas y activarlas. -De seguir así me quedare dormido sobre uno de estos aparatos que estoy chequeando.- Pensaba mientras María se lo pasaba de miedo viéndome tan hecho polvo. Curiosamente, al estar funcionando todas las cadenas de montaje al cien por cien, los aparatos susceptibles de ser defectuosos aumentaban de manera exponencial.
        A la una del mediodía, mientras salíamos dirección al comedor de la empresa, vimos que se nos habían acumulado unos doce palets de producto acabado por chequear. -Si esto sigue a este ritmo no podremos dar abasto para chequear tanto material acabado.- Se quejó María.
        -Ahhh… esto es lo que tiene la tranquilidad de saber que ya no van a despedir a un montón de gente.- Dije yo. -El tener más trabajo del que materialmente somos capaces de realizar.- Añadí con satisfacción.
        -Gracias. Me has dejado mucho más tranquila.- Dijo María con tono agobiado. -No sé qué es peor, acabar en la cola del paro o en urgencias por un ataque de ansiedad.-
       -Cógetelo con calma, el que hace lo que puede no está obligado a mas.- Le dije riéndome.
        Nos sentamos en la mesa que solíamos ocupar habitualmente. Estábamos Rosita, María, Eugenia y yo. Andrea se excusó pues tenía reunión del comité de empresa con el departamento de personal. Iríamos por el segundo plato cuando aparecieron por la puerta del comedor Andrea y Dolores (la nueva secretaria del jefe de personal) acompañados de un chico japonés muy joven  y  (sorpresa) una chica japonesa.
        Todos en el comedor miramos de manera más o menos disimulada a la chica de facciones orientales que vestía una bata gris con el ribete plateado de directivo a la altura del pecho. La verdad era que, en todos los años que llevaba en la empresa nunca había visto una técnico japonés mujer en la empresa. De vez en cuando podíamos ver a la esposa de alguno de los directivos, acompañar a su pareja paseando por la fábrica, pero el ver a una chica de ojos rasgados y larga melena negra y lacia con la indumentaria de operario se nos hacía de lo más extraño.
        Aunque, sin duda, la visión de la chica distraía de lo que realmente me llamaba la atención a mí: El jovencísimo chico, delgadísimo, con el pelo largo, muy crepado y de color azul celeste. Curiosamente también llevaba el uniforme gris con ribete plateado. Por un momento pensé que llevaba una de mis pelucas de Dragg Issis.
        Durante el descanso de la sobremesa y toda la tarde fueron el tema de conversación por excelencia de todos los grupillos que se montaron en los descansos.
        Yo tenía otro tema en el que pensar: llevaba todo el día a base de combinados súper cafeínicos y tenía la sensación de que no podría soportar despierto toda la barbacoa que había programada para esa noche. Tenía la esperanza de lograr dormir una pequeña siesta desde las cinco y media hasta las ocho de la tarde. Le rezaba al cosmos para que nadie me interrumpiese durante ese sueño que tanto necesitaba.
        Al llegar a las cinco y media a casa, hice un rápido repaso para comprobar que la casa estaba en perfecto estado para recibir a los invitados de la cena y me lancé de cabeza a la cama. Conseguí dormir hasta las siete y cuarto, momento en el que llegó Darío. Había salido una hora antes con la excusa de ayudarme a prepararlo todo para la cena. -Un encanto.- Cuando me vio durmiendo a pierna suelta se desesperó.
        -¿No entiendo cómo puedes dormir, si en menos de una hora tendremos aquí a todos los invitados?- Me dijo muy preocupado. Recordé entonces que esta era la primera barbacoa nocturna de mi pareja. Tendría que ser comprensivo y reprimir mis impulsos de estrangularlo.
        -A ver… Ya está todo a punto para la cena.- Le dije. -Tenía la esperanza de poder recuperar un poco de sueño y así no comportarme como un zombi toda la noche.- Añadí, mirándolo con cara de muy mala uva.
        Darío se me quedo mirando con la cara perpleja. -¿No te preocupa ni lo más mínimo que algo pueda ir mal?- Dijo.
        -La gracia de estas cenas es que son totalmente improvisadas.- Le dije riendo pícaramente. -Y gracias a ti ahora estoy desvelado y no tenemos nada que hacer hasta las nueve.- Añadí invitándole a meterse en la cama.
        Darío tardó un segundo en despelotarse y lanzarse sobre mí. Llevábamos varios días sin sexo y a los dos nos empezaba a hacer falta un desahogo con urgencia. A las ocho y media, Miquel y su novio (inoportunamente puntuales) nos pillaron en la cama justo tres segundos antes del último orgasmo. Mientras yo abría la puerta con el pantalón de chándal puesto y evidentes signos de la erección pre-coito, mi chico se apresuraba a limpiar los preservativos, rehacer la cama y a meterse en la ducha en plan “En un minuto estoy”.
        -Ves cómo tenía razón cuando te decía que llegábamos demasiado pronto.- Le susurraba Thomas a Miquel al oído riñéndole, avergonzado ante la evidencia que demostraba mi entrepierna. Mientras, mi amigo hacia como si no lo escuchase.
        Traían un par de botellas de aperitivo y unas cuantas botellas de vino, que dejaron sobre la mesa del comedor. Mientras, Miquel corrió a buscar el hielo del congelador para llenarse un vaso con Martini negro, para después acomodarse en la terraza. Al ver que ya se espabilaban solos, me reuní con mi chico en la ducha, que me esperaba totalmente excitado para poder seguir allí el orgasmo por donde lo habíamos dejado en la cama.    
        Media hora de jadeos, jabón y esperma después, nos reunimos con los demás invitados que ya estaban llegando. Un avergonzadísimo Thomas, que se había emocionado y excitado siguiendo discretamente todo el show que montábamos Darío y yo en la ducha, quería asegurarse sobre si realmente vendría mi jefe a la barbacoa. Por lo que parecía se le hacía increíble que alguien tan inaccesible como Klaus-Hiro pudiese aparecer en un evento tan poco exclusivo como una barbacoa en el patio de una casa de pescadores de Palamós.
        A las nueve y media, mientras controlaba el estado de las brasas de la barbacoa llegaron los invitados de honor. -Ya están aquí.- Me dijo Darío con tonito burlón. Mientras yo me dirigía a la entrada de la casa para recibirlos, pude ver a Thomas tan nervioso que parecía que tenía que darle un infarto en cualquier momento.
       Al llegar a la entrada vi a Nuria y a Lidia que abrazaban fuertemente a Álvaro, Klaus se miraba el espectáculo desde atrás sonriendo. -¡Vale… Vale… Vale…!-  Grité. -No nos amontonemos en el recibidor, pasen todos al comedor y se harán las presentaciones reglamentarias.- Dije mientras hacía ademanes de azafata de vuelo con las manos y los invitaba a entrar en la casa.
        -Bien a Álvaro ya lo conocéis todos.- Dije señalando al pelirrojo. -El rubio japonés es Klaus-Hiro y el rubio americano es Thomas… el resto ya os iréis presentando, así tendréis algo que hacer mientras se prepara la comida.- Y dicho eso me quedé completamente descansado. En ese momento pude ver que Darío se me había pegado como una lapa, en plan marcando territorio con mi expareja.
        Decidí esperar a que todos se hubiesen presentado y la tensión inicial hubiese descendido en intensidad para acercarme a la pareja de moda y presentarles a mi chico. Se habían juntado a Miquel y Thomas y estaban hablando animadamente.
        -Hola os presento a mi chico, Darío, este es Klaus y Álvaro.- Interrumpí forzando a mi chico a entrar en la conversación.
        -Tenemos entendido que Álvaro y tú ya os conocíais.- Dijo Miquel con tono malicioso.
        -Si tuvimos un encontronazo hace algún tiempo.- Dijo el pelirrojo, haciendo que nos riésemos todos, incluso mi chico (aunque creo que no le hacia ninguna gracia el comentario).
        -Estábamos comentando que a Miquel lo conocí un día de pasada.- Dijo Klaus.
        -¿Pasada?- Dijo Miquel. -Salías a toda leche por la mañana como si se te escapase el tren.- Añadió haciendo ademanes con las manos. Mientras, yo pensaba que, de seguir saliendo trapitos sucios, se me iba a descontrolar la cena en un santiamén.
        -Bueno… ha pasado mucho tiempo y muchas cosas desde ese día.- Dije yo intentando bajar la tensión. -Por cierto, la brasa ya está a punto, así que vamos a cocinar la carne y en diez minutos tendremos la cena lista.- Dije para que fuesen preparando la ensalada, el pan tostado y los báculos de la mesa, consiguiendo, con un poco de suerte, que cambiase el tema de la conversación.
        Quince minutos después estábamos todos sentados en la mesa de la terraza, a la que le habíamos arrejuntado la del comedor para poder caber todos sin estar excesivamente apretados. Nos habíamos colocado por parejas, dejando a los solteros en un extremo de la mesa. Y tal y como sucedió en la última barbacoa, fue inevitable que el tema de conversación girase en torno al trabajo de Klaus y Thomas, que acabaron siendo el centro de gravedad de todos los comentarios de la cena.
        Klaus-Hiro parecía interesado por la empresa de software del americano, y todo parecía indicar que acabarían organizando alguna reunión para estudiar las posibilidades de colaboración mutua, o como mínimo una entrevista formal. Lola nos explicó los intríngulis del mundo de las boutiques y la ropa de marca y yo me sentía el anfitrión más afortunado por tal y como se estaba desenvolviendo la velada.
        A la hora de los postres y los cafés, los comensales se habían levantado de la mesa y se habían distribuido en tres grupos. Por un lado estaban Klaus, Thomas y Lola en las tumbonas, apurando una botella de vino, parecía que se  entendían muy bien entre ellos, quizás porque los tres hablaban el mismo idioma empresarial. En la mesa estaban Darío, Miquel, Lidia y “La Cuca” y en la cocina estábamos Nuria, Álvaro y yo. Como fue imposible separar a Nuria del fregadero, la dejamos hacer mientras yo llevaba el café a la mesa. Me alegró el ver que mi chico se lo estaba pasando genial con Miquel y los demás. Deje que se sirvieran el café y aproveche para ir al lavabo, pues me estaba meando desde el segundo plato.
        Al acercarme al aseo descubrí a Álvaro mirando con cara de nostalgia desde la puerta de mi habitación. -Que… ¿Recordando viejos tiempos?- Le dije con tono irónico.
        -Perdona. He tenido un lapsus.- Dijo excusándose. -Pero al ver la habitación me ha venido a la memoria todo lo que nos sucedió.-
        -¿Y…?- Dije esperando alguna explicación que no me pusiese de mala leche.
        -Cuando regresé con el anillo el día de San Valentín, estaba convencido de que mi historia con Klaus había sido un rollo pasajero lo suficientemente banal como para que no fuese un motivo suficiente para nuestra separación.- Dijo el pelirrojo mirándome a los ojos. -Pero al sorprenderos a los dos en la cama tuve una revelación que lo cambiaba todo: me dolió en el alma el veros follando. Y los celos me ahogaban, por eso me fui sin decir nada.- Añadió.
        -Bueno, fue una reacción de lo más normal.- Dije yo. -Lo que no he conseguido entender es porque acabaste alejándote de mí de ese modo.-
        -Perdona… no me has entendido bien. No estaba celoso de que tú me pusieses los cuernos. En realidad el verte follando con otra persona no me provoco ninguna emoción. Me era indiferente.- Álvaro seguía mirándome a los ojos. -Lo que verdaderamente me removió las entrañas por los celos, fue el ver a Klaus-Hiro, que después de haberme llevado al éxtasis la noche anterior, disfrutaba follando con otra persona.-
        -Vaya.- Pensé, mientras se me ponía cara de gilipollas ante la brutal respuesta a todas las preguntas que me había hecho desde que el pelirrojo huyó de mi vida. Me quedé sin palabras mientras veía como mi expareja pasaba por delante de mí y regresaba a la fiesta.
        Intenté recomponerme mientras regresaba a la terraza sin haber meado… la verdad era que con el shock que acababa de recibir me habría sido imposible sacar una gota de orina. Eran casi las doce y sinceramente, para mí la barbacoa ya no existía, tan solo tenía en mi cabeza las palabras que acababa de vomitarme Álvaro a la cara. -¿Tan fácil le fue olvidarse de mí? ¿Una sola sesión de sexo con el mestizo rubio y el resto del mundo ya había desaparecido para él?- Lo sabía, yo me conocía perfectamente: iba a costarme muchísimo dejar de darle vueltas a ese tema.
        El resto de los invitados siguieron tomando café, chupitos y atacando a la macedonia de frutas hasta casi la una de la madrugada. Hora en la que se despidieron los últimos: Lola y Lidia que arrancaron a Nuria del fregadero después de que hubiese limpiado la última taza y cucharilla de café.
        -Ha sido una noche genial, me lo he pasado muy bien.- Dijo un Darío exultante un cuarto de hora después, cuando ya nos poníamos en la cama.
        -Si.- Dije yo. -Una barbacoa memorable. Seguro que haremos otra antes de julio.- Añadí.
        -Es curioso, creía que me pondría de muy mala leche el tener que tratar de nuevo con tu ex, pero la verdad es que me ha parecido un tío genial. Aunque, hacen una extraña pareja con ese japonés tan raro.- Dijo mientras me daba un beso e intentaba acomodarse para dormir. Yo tenía la esperanza de que, con el cansancio acumulado del día anterior me fuera fácil conciliar el sueño. Aunque me temía que me sería imposible dejar de darle vueltas a lo sucedido con Álvaro. Y, si nadie lo remediaba, el despertador sonaría, implacable, a las seis y media de la madrugada.


        Posdata:
        Siempre he envidiado a esas personas que, llegados a un punto determinado de su vida, y después de tomar una gran decisión vital, de una forma coherente y totalmente natural, renuncian a todo lo que se interpone entre ellos y el compromiso que han tomado. Yo, por desgracia, en ese punto, me suelo ahogar en un mar de dudas, angustias y miedos.

  
Imagen: Eriko Stark