domingo, 8 de octubre de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO.10 (Semana Santa, Álvaro y veintinueve días después)

SEMANA SANTA, ÁLVARO Y VEINTINUEVE DIAS DESPUES.

       Solía ser habitual en las academias de peluquería que, a los alumnos del último curso se les ofreciese la posibilidad durante el segundo semestre, de realizar prácticas en las peluquerías que constaban en los registros de la escuela para tal fin. Esas prácticas solían estar mal pagadas (en el caso de recibir alguna remuneración). Y como actividad, era considerado por los alumnos más un engorro que un paso previo a la integración en el mundo laboral.
        Por su parte, los propietarios y empresarios colaboraban de mala gana, más que nada por no hacerle un feo a la administración laboral, ofreciendo a los estudiantes prácticas de barrer pelo, limpiar utillajes, o en caso de tener mucha suerte podían empezar a lavar algunas cabezas si lo hacían bien. Ya que la realidad era muy simple: había miles de peluquerías en cada municipio y lo último que deseaban los propietarios era que una manada de nuevos peluqueros salidos de la academia, incrementase la ya de por si excesiva la oferta del mercado.
        Darío había tenido suerte, empezado las prácticas en un local llamado RIÇÇO’S, una céntrica peluquería con más fama que clientes. La propietaria triunfó durante la época de los setenta y ochenta a base de cardados imposibles y las famosas permanentes y moldeados de pelo frito, pero con la entrada en el municipio de las peluquerías tipo franquicia con nombres muy televisivos y peinados excesivamente estilizados se quedó con lo que tenía: la clientela de los años setenta y ochenta. Era la típica peluquería de cuarentonas y viejas, pero como tenía el local en propiedad y casi todo el negocio lo hacía en caja B, le iba de maravilla.
        Mi chico estaba encantado, porque a diferencia de las demás peluquerías, Josefina, la propietaria, les permitía a los becarios hacer todos los trabajos de peluquero. Todos menos cortar pelo, que se lo reservaba siempre y en exclusiva para ella. Así que se pasaba las tardes aplicando tintes, lavando cabezas, colocando rizos para permanentes, secando pelo y peinando. Gracias a eso la propietaria se ahorraba las nóminas de una o dos operarias y tenía a los chavales contentos porque hacían prácticas reales.
        Ese era el motivo por el que cuando llegué casa, aterrorizado por haberme encontrado el enorme fajo de billetes dentro el paquete que el Sr. Hikaru Yamahaka había escondido para mí, dentro el cajón secreto de la urna de la muñeca de porcelana que me guardaban en custodia en la empresa multinacional japonesa, Darío no estaba.
        Después de cerrar la puerta a cal y canto me sentí seguro. Corrí a la habitación de invitados, moví el pesado armario ropero y con un cuchillo retire con cuidado la baldosa suelta que ocultaba un agujero de unos quince centímetros de profundidad. Retiré de su interior la bolsa de plástico grueso rellena de arroz, donde guardaba los sobres con el dinero que ahorraba de mi trabajo en el PACHA. El cobrar de caja B tenía ese inconveniente: en la libreta del banco solo podía tener el dinero que me ingresaban de la nómina de la fábrica. Porque a la hora de hacer la declaración de la renta, a la que resultase que tenías más dinero en el banco del que la empresa había declarado, te encontrabas con un inspector de hacienda llamando a tu puerta y eso era malo, muy malo. Todo eso lo sabía porque ya había tenido una muy desagradable experiencia con la avidez impositiva de Hacienda. Y sinceramente, estoy de acuerdo en eso que dicen que el dinero de los impuestos sirve para pagar las escuelas y los hospitales, pero también para retribuir a millones de ladrones que metían y meten la mano de manera descarada en los presupuestos municipales, comarcales y nacionales, así que consideraba que pagando la mitad ya cumplía con mi parte social y no tenía por qué subvencionar a los políticos corruptos y chorizos varios.
        Ese dinero lo usaba para los gastos del día a día y todo lo que se podía pagar sin necesidad de factura.
        No sabía a qué hora regresaría Darío, así que me apresuré en contar los fajos de billetes. Hice sitio entre el arroz y guardé los cuarenta mil dólares del paquete en la bolsa, debajo del ladrillo. Hice mis cuentas y me pareció una burrada de dinero, excesivo… incluso tratándose de Hikaru. Después de colocar de nuevo el armario ropero en su sitio y limpiar la zona para que no se notase que se había movido, me relajé tomando un capuchino.
        Ahora me preguntareis: -¿Y el arroz, a qué demonios viene?- El arroz era el mayor de los secretos que aprendí conviviendo con una camarera cocainómana. Ella lo utilizaba para que la humedad no le echara a perder su alijo de cocaína, guardando la farlopa en la cocina dentro del bote del arroz. Cosa que me proporcionó alguno de los momentos más surrealistas de la época que estuve conviviendo con ella en Girona, al encontrarme pequeños paquetitos sellados cada vez que preparaba una paella. Ese método resultó ser la mejor solución para que el dinero no se quedase lleno de moho a los cuatro días de tenerlo escondido dentro de la bolsa, a consecuencia del tremendo problema de humedades que tenía en invierno en esa casa.
        Darío regresó a las ocho y media. Estaba entusiasmado: en su primer día trabajando con Josefina había preparado una permanente y siete tintes sin que la dueña le tuviese que corregir nada.
        -¿Cuantos sois en la peluquería?- Le pregunté.
        -Con la dueña cinco.- Me dijo.
        -¿Y a los demás les corrige si lo hacen mal?- Insistí.
        -Si la cagan, claro que los corrige.- Dijo un poco molesto por mi insistencia. -A ver, soy bueno en lo que hago, y si no lo tengo claro, propongo que lo haga otro becario que sepa más que yo.-
        -Jejejjeje.- Me reí. -Solo quería saber si la dueña era objetiva o simplemente buscaba empleados baratos.-
        -Bueno… suele contratar durante un año o dos a los mejores peluqueros de cada promoción.- Dijo Darío dejándome claro que lo que perseguía era ser uno de esos contratados. Aunque el hecho de haberse apuntado a hacer prácticas en el último momento, cuando solo quedaban dos meses para terminar el curso, me daba la sensación de que le restaría puntos ante la jefa.
        Acto seguido nos pusimos a preparar la cena. Mientras preparaba unos espagueti a la carbonara, miraba de reojo la mochila que contenía la carta y el otro paquete más pequeño, pensando en la conveniencia o no de mostrárselos a Darío. Decidí, creo que con acierto, que primero chequearía lo que contenía el otro paquete y después, si lo consideraba apropiado, le comentaría el tema a mi pareja.
        A la mañana siguiente, antes de entrar en el complejo de fabricación, me paré en el bordillo de la calle y abrí el segundo paquete. Contenía unas veinte fotos en las que aparecíamos Hikaru y yo en el hotel y en los locales que recorrimos por Barcelona. Las volví a meter en la mochila y guardé la carta escrita en inglés en el bolsillo de la chaqueta, procediendo a entrar a la zona de parking de la fábrica. Después de aparcar en alguna zona cubierta por alguna de las cámaras de seguridad corrí a prepararme para tomar el café de rigor con las mosqueteras.
        Dediqué todos los minutos libres que tuve ese día a intentar traducir la carta, llegando a la conclusión de que mi nivel de lectura en ingles era muchísimo más bajo de lo que creía, tendría que hacerlo en casa con la ayuda del diccionario. Aunque las mosqueteras me miraban extrañadas mientras intentaba leer el texto de la carta, ninguna de ellas me hizo ningún comentario al respecto.
        Por la tarde, a eso de las cuatro, apareció Álvaro en mi sección. Muy amablemente le pidió a María que nos dejase solos. Mi compañera al salir volvió a canturrear la cancioncita de marras: -Dos semanas, dos semanas… no tardaran ni dos semanas…- Mientras, yo me miraba extrañado al jefe pelirrojo.
        -Creo que no he sido justo contigo.- Me dijo con tono afligido. -Te mereces al menos una explicación de lo que está pasando.-
        -Oye, no hace falta que me expliques nada. Yo ya he asumido lo que ha sucedido y sigo con mi vida adelante.- Le respondí cortándolo en seco. Sinceramente no me apetecía lo más mínimo tener esa conversación.
        -Podrías callarte diez minutos.- Sentenció. -No tienes ni idea de lo molesto que resulta esta manía tuya de querer decir siempre la última palabra.- Añadió mientras yo decidía cerrar mi bocaza. -Los diez días que estuvimos en Japón, Klaus intentó negociar con los directivos de la casa madre la adjudicación de nuevos productos para fabricar en nuestra franquicia. Descubrió entonces que el nuevo hombre fuerte de la compañía, un tal Sr. Semaho, tenía planeado con anterioridad al informe del Sr. Yamahaka el desmantelamiento de varios centros de producción en Europa, reubicando toda la producción en los complejos más eficientes logísticamente hablando. Sinceramente, el ensañarse con nuestra empresa no estaba en sus planes hasta que tu amante demostró interés por ella. Ese informe le sirvió de excusa para presionar a Klaus-Hiro, al que le ha sido imposible defender nuestra empresa, de la cual él ahora se siente responsable.- Dijo Álvaro sin pestañear. -En realidad, se espera desde El Consejo de Dirección de la Casa Madre del Japón que esta fábrica quede clausurada para el mayo del año que viene.- En ese momento una ola de terror invadió todo mi cuerpo. -Klaus ha aceptado las durísimas condiciones que le ha impuesto el Sr. Semaho para conseguir que la clausura de la empresa sea más progresiva y en vez de hacerse en un año se hará en tres. Esperando conseguir tener más tiempo para poder negociar en el futuro. Eso no evitará que entre diciembre y abril el treinta por ciento de los empleados se vaya de patitas a la calle.-
        -No me atrevo a preguntarte cuales eran las condiciones que ha aceptado Klaus.- Le dije a mi expareja, muy afectado por las revelaciones que me estaba confesando.
        -Las conoces bien.- Dijo Álvaro. -Ha tenido que casarse con Sayaka Semaho, una maldita niña malcriada y consentida capaz de amargarle la existencia a cualquier persona mínimamente cuerda.- Injurió, dejándome claro que no sentía ningún aprecio por esa mujer. -Esa chica lo primero que impuso fue mi desaparición de Tokio.-
        -¡Por dios! ¿No te agredirían?- Le pregunté preocupado.
        -No. Estate tranquilo. Sayaka considera Europa como una región subdesarrollada y no aceptaría venir a vivir a Barcelona bajo ningún concepto y mucho menos a una provincia tan rural como Girona. Sabe que su familia en este momento ostenta el poder económico de la multinacional y se lo hace valer a su marido. En cuanto a Klaus… cuanto más lejos está de ella más tranquilo se siente.- Álvaro parecía relajarse. -El Sr. Semaho ahora está satisfecho. Al controlar las acciones que ha heredado Klaus, controla el sesenta por ciento de la compañía multinacional. Lo que viene a ser el equivalente a comportarse como el dueño y señor.-
        -Oye… Lamento que todo haya acabado así.- Dije muy afectado.
        -Ahora viene lo bueno.- Dijo sonriendo. -¿Sabes lo que contenían exactamente las dos libretas que le diste a Klaus-Hiro?- Preguntó.
        -La que pude leer parecían una especie de últimas voluntades de su padre.- Dije.
        -Sí, esa contenía eso, pero la realmente importante era la otra, la que estaba escrita en japonés. Consistía en una relación detallada de todos los trapos sucios y porquería legal de todos y cada uno de los directivos de la compañía. Era lo que el Sr. Yamahaka había utilizado desde hacía muchos años para tener a raya y totalmente controlados a los miembros del consejo de administración.- Álvaro se relamía de satisfacción. -Contenía jugosas informaciones de tipo penal y moral sobre la persona del Sr. Semaho que, de hacerse públicas podrían hacer que acabase con sus huesos en la cárcel.-
        -Vaya, pues me alegro de haberos sido útil.- Le dije sonriendo.
        -Klaus ha regresado esta tarde a Japón, tiene una guerra que librar, y ahora tiene armas y los aliados necesarios que sin duda necesitará para ganarla.- El hombre pelirrojo que tenía delante destilaba esperanza por todos los poros de su piel. Y eso era evidente en su rostro, habían desaparecido de su cara gran parte de las arrugas que lo envejecían, mostrando ahora de nuevo una imagen más que jovial.
        -Por cierto, te agradezco que te preocupes por mí, más teniendo en cuenta lo mal que te lo hice pasar en nuestra separación.- Dijo mientras se dirigía a la salida y yo me lo miraba con cara de póker. -Klaus me contó lo que le dijiste en la sala de reuniones.- Yo lo miraba con los ojos como platos. Podría ser que todo lo que me había imaginado sobre la relación que mantenían esos dos estuviese equivocado. Y la base de su relación no era la dependencia y la sumisión sino más bien la complicidad y el respeto mutuo.
        Al poco de salir Álvaro, regresó María. Estaba eufórica. -Tres cuartos de hora… llevabais tres cuartos de hora hablándoos sin gritaros. Voy a ganar la apuesta.- Dijo entusiasmada. Mientras, yo me reía y la dejaba con la duda de lo que realmente había sucedido en ese almacén.
        A las cinco y diez, mientras regresaba a Palamós, un sentimiento extraño bailaba en mi cabeza. Por un lado me complacía en la satisfacción de haber hecho lo correcto entregando el legado de Hikaru a su legítimo heredero, no sabía muy bien porque, pero estaba convencido de que con esa acción se podría salvaguardar la empresa y todos los empleos que proporcionaba, aunque fuese a costa de usar la extorsión y el chantaje para lograrlo… -¿Quien dijo que verdaderamente había nobleza e integridad en la victoria?... ¡La victoria se conquista!... al precio que sea.- Eso lo dicen todos los generales que recuerda la historia, porque los que no consiguieron el triunfo, en el mejor de los casos, fueron olvidados.
        Otro sentimiento que también me invadía, del cual no me sentía tan orgulloso, era mi reticencia a aceptar que Álvaro y Klaus pudiesen disfrutar de una relación amorosa razonablemente sana. Si, aun sentía cierto resentimiento hacia mi expareja y solo podía aceptar su perdida si la veía desde una óptica en la que nadie más, excepto yo, podría hacerlo feliz. Aun tendría que trabajar muchísimo en mi autoestima para superar ese trance.
        Esa tarde, mientras esperaba a que Darío terminase su jornada laboral en la peluquería, volví a montar el kit de traducción en la mesa del comedor. Me llevó tres días el traducir la carta y el mensaje que contenía me dejó de piedra.


        Posdata:
        Si el espacio de tiempo que dedicamos a odiar a quien nos ha dañado, lo dedicásemos a recuperarnos de la herida que nos han infringido en el alma, nos quedaría el resto de la vida para disfrutarla. Aunque, admitámoslo, hay heridas del alma que jamás cicatrizan.


Imagen: Eriko Stark






domingo, 24 de septiembre de 2017

El Cliente supera los 4 millones de reproducciones y David González prepara nuevo proyecto.



El Cliente supera los 4 millones de reproducciones y David González prepara nuevo proyecto.

        David González se encuentra en pleno auge, no para de sumar nominaciones y reproducciones en su canal de YouTube y de su productora Young Talents Films. Su último cortometraje ha superado los 4 millones de reproducciones en 11 días, más de 4.000 likes y ha sido compartido por toda Latinoamérica alrededor de 25.000 veces.
        Ahora se encuentra inmerso en la preproducción de su próximo cortometraje, que llevará por titulo:  “Perdona, ¿que eres gay?”, una comedia negra cuya protagonista es Christina Rapado, además de preparar nueva versión de la canción Comportamiento bipolar como banda sonora del cortometraje.
        El rodaje comenzará a mediados de octubre y contará con bellos rostros masculinos como Kevin Arias, el modelo Carlos Ariza, Sergi Calvés, Jordi Rodríguez y la actriz Eva María Milara (dos veces nominada a Mejor Actriz por Una entrevista peculiar y Memorias de un parado, ambos cortometrajes bajo la dirección de David González) y varias colaboraciones televisivas como Erik Putzbach, Víctor Sandoval.
        La producción y el guión llevan el sello de González.

        En este trabajo Christina Rapado se meterá en la piel de una madre trastornada por encontrar a su hijo en la cama con otro chico.



        Christina Rapado será Tiffany, la protagonista del cortometraje.


        El atractivo Jordi Sans y el televisivo Erik Putzbach en el rodaje de El Cliente.

viernes, 22 de septiembre de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO.10 (Semana Santa, una muñeca de porcelana japonesa y yo mismo) (28 días después)

SEMANA SANTA, UNA MUÑECA DE PORCELANA JAPONESA Y YO MISMO.10 (28 días después)


      Cuatro semanas, ese fue el tiempo que tardó Klaus-Hiro en regresar de Japón después de Semana Santa. El siete de mayo apareció por la empresa como si nunca se hubiese ido. La verdad era que la mayoría de los empleados nos habíamos acostumbrado a que el Sr. Kaneda ejerciese las funciones de director general a todos los efectos, sustituyendo al mestizo japonés rubio. Mientras, yo seguía soñando de vez en cuando con su padre Hikaru, aunque cada vez con menos frecuencia.
        Durante ese tiempo el rumor sobre el supuesto despido del veinte por ciento de la plantilla se convirtió en el único tema de conversación de absolutamente todas las reuniones que se producían en los descansos de producción. Por lo demás, nadie notó ningún cambio en la producción. Todas las cadenas estaban funcionando al cien por cien y no había nada que hiciese pensar que eso iba a cambiar en un futuro próximo. Álvaro seguía languideciendo en su oficina del laboratorio de control de calidad, no se le veía nunca en las zonas comunes de descanso ni en el comedor de empleados. De vez en cuando se le veía caminando solo dirección al edificio de administración. Tenía la sensación de que se había convertido en un ser solitario y huraño.
        Ese día, al llegar a las ocho menos cuarto a la empresa y ver a Klaus entrando en vestíbulo de las oficinas de personal note como si el corazón me diese un vuelco. No sabía muy bien porque, me había quedado muy claro que ese hombre solo sentía una atracción morbosa por mi cuerpo, y que, realmente, por quien sentía algo verdaderamente profundo era por mi expareja Álvaro. Aun así no podía evitar el estremecerme cada vez que lo presentía cerca de mí. Por un momento me obligué a alegrarme por mi examante pelirrojo, aunque se hubiese portado como un verdadero hijo de puta conmigo, también se merecía ser feliz con quien él desease.
        En cuanto a mi segundo trabajo como Dragg Issis en el PACHA, habíamos entrado en esa fase del año que hay entre las vacaciones de Semana Santa y la temporada de verano, que podría definirse como la época de la marmota. Ese periodo se podría calificar como un eterno bucle en el que se entrelazan los fines de semana con las semanas en sí. Cuyo mayor denominador podría ser el tedio. Básicamente era la misma gente yendo siempre a los mismos sitios en espera de que llegase la temporada oficial de verano y el resto de locales de la zona abriesen sus puertas.
        Mi relación con Darío… como explicarlo, era perfecta. Cuando digo perfecta, me refiero a la perfección en si misma: Hablábamos de todo, follábamos como locos, nos lo pasábamos muy bien juntos, trabajábamos juntos. Cuando pasaba más de un día sin verlo, por el motivo que fuese, lo echaba de menos. En realidad sentía que ese chico me quería con locura. Era como si llevásemos juntos toda una vida, vamos, lo que se podría considerar una relación perfecta… Solo por un pequeño detalle: La pasión, bueno, más bien la ausencia de ella.
        Todo con Darío era genial y perfecto, pero nunca había sentido mariposas en el estómago al estar a su lado, ni había habido fuegos artificiales en el sexo, ni había tenido la necesidad enfermiza de estar con él como si nos hubiesen operado y cosido juntos. Era una relación fluida, sin empachos, excesivamente madura para lo que yo estaba acostumbrado hasta ese momento, que se podría definir como relaciones  de desmesurado carácter pasional.
        La verdad era que, me había acostumbrado a la tranquilidad de esa relación y estaba redescubierto lo bien que me sentaba ese sosiego emocional. Había vuelto a pintar y a dibujar comic. Sin duda alguna mi creatividad se multiplica cuando estoy relajado. Mi relación con Darío le estaba proporcionando esa tranquilidad a mi ser y a mi alma. Por un momento me aterraba que el retorno de Klaus-Hiro Yamahaka lo echase absolutamente todo por la borda.
        Aunque la sorpresa que me lleve mientras tomaba el café con las mosqueteras (ah, por cierto, María se nos había unido como una más del grupo) fue el nuevo rumor que circulaba por la empresa. El director general se había casado, y ese era el motivo por el que tardó cuatro semanas en volver a su puesto de trabajo. -¿COMOOO? ¿Qué ese carbón se ha casado con una mujer?- Grité dentro de mi cerebro. -Álvaro no regresó de Japón, lo echaron de allí porque su presencia era de lo más incómoda para alguien que tiene que casarse.- Pensé. -Por eso parecía y se comportaba como un perro apaleado.-
         No hice gimnasia, corrí hacia el laboratorio de control de calidad. Encontré a mi expareja en su oficina. Me lo quedé mirando y por un momento no supe que decirle. Cuando levanto la vista y me vio dijo: -¿Hoy no haces gimnasia?-
        -Oye, me he comportado como un cretino todo este tiempo.- Le dije. -No sé si aún servirá de algo, pero si necesitas hablar con alguien quiero que sepas que aun puedes contar conmigo.- Añadí.
        -Vaya, ya te has enterado, los rumores en esta empresa corren más que la pólvora.- Dijo esbozando media sonrisa.
        Al momento empezaron a llegar los demás compañeros de la sección y mi expareja fingió que yo no estaba allí. Al poco rato, cuando empezamos a organizarnos el trabajo, María me dijo: -Hijo, has quedado completamente en evidencia delante de las demás chicas-
        -¿A qué te refieres?- Dije yo.
        -Ha sido enterarte de que Álvaro está libre y has salido corriendo hacia su departamento.- Dijo con tono burlón. -Hemos hecho apuestas entre nosotras para saber lo que tardaríais en volver a salir juntos.-
        -Dios, ¿dime cuanto me das?- Le dije aguantándome la risa.
        -Yo he apostado a que antes de dos semanas volveréis a estar juntos.- Dijo muy segura de sí misma.
        -Quieres saber un secreto… has perdido.- Le dije riéndome.
        -Ya veremos.- Dijo antes de empezar a chequear uno de los aparatos de un enorme palet que venía de la tercera cadena de montaje. Sin duda alguna María desconocía que yo ya había rehecho mi situación sentimental junto a Darío.
        Llevaríamos casi una hora de trabajo cuando entró nuestro jefe en la sala. -María, podrías dejarnos un momento a solas.- Dijo Álvaro muy serio.
        Mi compañera dejó lo que estaba haciendo y salió tarareando: -Dos semanas, dos semanas… no tardaran ni dos semanas…-
        Cuando quedamos a solas el pelirrojo que tenía delante me miró con cara de odio y me dijo: -No tienes ningún derecho a pretender que sigamos siendo amigos como si nada hubiese pasado en estos meses.-
        -Perdóname por esperar un poco de agradecimiento. Creía que me lo merecía… después de haber renunciado al cargo que ahora tú ostentas para apoyar a mi pareja. Si llego a saber que a la primera oportunidad saldrías corriendo hacia la cama del jefe quizás no habría sido tan generoso.- Dije mostrando mi resentimiento.
        -Vale ya has escupido todo el veneno que estabas guardando para mí. Podrías ignorarme a partir de ahora. Me consta que eso sabes hacerlo de maravilla.- Dijo Álvaro muy molesto.
        -Podría ignorarte… pero no creo que te lo merezcas.- Le dije. -Mírate, cuando estábamos juntos resplandecías, transmitías felicidad por todos los poros de tu piel… y ahora pareces un personaje malísimo de cualquier película de Walt Disney, destilas a tu alrededor un aura de resentimiento y odio.- Añadí. -¿Qué pasó? Te prometió amor eterno, que estaríais siempre juntos y a la primera oportunidad te pegó la patada en el culo y te envió de vuelta para poder casarse con alguien más “conveniente”.-
        -No tienes ni puta idea de nada.- Dijo muy ofendido. -Fuiste el centro del mundo al follar con su padre y todavía sigues convencido de que el mundo gira alrededor de tu culo.-
        -Quizás sí. Puede que estés en lo cierto, Hikaru Yamahaka me hizo creer por un tiempo que era el centro del universo. Ahí te doy toda la razón.- Repliqué. -Pero desde el primer momento fui consciente de lo que me esperaría si seguía a ese hombre a su mundo. Habría sido lo mismo que tenía aquí: un montón de días esperándolo solo en un hotel o un piso. Con el añadido de que en Japón no podría disponer de ninguna de mis amistades, conocidos o familiares.- Álvaro calló, me miraba con rabia mientras apretaba los dientes y los labios, sin duda había acertado de lleno. -Eso fue lo que sucedió ¿verdad? Cuando descubrió que él era el heredero de todo el patrimonio de su padre, todo cambió a su alrededor y te quedaste en un rincón viendo cómo se alejaba de ti.-
        En ese momento Álvaro se derrumbó y me dijo: -Me tuvo cinco días solo en hotel sin saber nada de él, y al sexto me envió a una chica muy amable que me metió en un avión de regreso sin darme ninguna explicación.- En ese momento no sabía si la expresión de rabia de su cara se dirigía a mi o Klaus-Hiro. -Pero ayer, lo primero que hizo al llegar fue invitarme a cenar para disculparse e intentar reconstruir lo nuestro.-
        Al decirme esto me quedé de piedra, como podía alguien ser tan estúpido como mi expareja. -No me lo puedo creer.- Le dije. -No te entiendo, siempre creí que te valorarías muchísimo más a ti mismo. Has aceptado pasar de ser la pareja de ese hombre a ser el amante ocasional.- Añadí.
        -Eso ya es una decisión mía, ¿no crees?- Me dijo con tono desafiante. -Y te agradecería que dejases de meterte donde no te llaman.- Añadió mientras se dirigía hacia la salida. -Por cierto si tienes algo que entregarle al Director General puedes pasarte por su oficina a partir de las cinco de la tarde, tiene mucho trabajo acumulado y tendrá que hacer muchas horas extra.- Dijo antes de salir.
        Al poco rato entró María en la sección y se me quedó mirando con los brazos abiertos y con cara de: -Tío cuéntame que ha pasado.- Mientras, yo, decidí ignorarla.
        Después de pasarse casi dos horas insistiendo, llegué a la conclusión que debía de darle algo de información a mi compañera de trabajo, pues se me estaba haciendo muy agobiante el tener a esa chica taladrándome el cerebro en espera de respuestas. -Habéis perdido todos, no volveré jamás con ese chico.- Fue mi escueta respuesta.
        -Mierda, ha ganado Eugenia.- Dijo María, que se quedó muy decepcionada. -Eugenia afirmó que no veía reconciliación posible.-
        El resto del día pasó exasperadamente lento. Hacía ya tres semanas que llevaba en la mochila de la ropa de recambio, las dos libretas que Hikaru Yamahaka había escondido en el cajón de la base de madera de la urna que contenía la muñeca de porcelana. Por fin podría entregarlas a su verdadero destinatario.
        A las cinco de la tarde, después de fichar a la salida de la jornada laboral, subí a los vestuarios y me cambié el uniforme gris de la empresa por unos tejanos y una camiseta de manga larga. Me cercioré de que las dos libretas seguían en el bolsillo interno de la mochila y después de aplicarme un buen chorro de Esencia de Loewe, me dirigí con decisión hacia la oficina de administración.
        La chica de la recepción estaba recogiendo sus cosas para irse. -¿Qué deseas?- Me preguntó al verme.
        -Tengo que entregarle un paquete al Sr. Klaus Yamahaka.- Dije consciente de que en ese momento yo era un empleado raso que pedía audiencia con el jefe supremo.
        -En este momento está reunido, tiene para más de media hora. Si quieres puedes dejar el paquete aquí y se lo entregaremos mañana.- Dijo muy amablemente la chica.
        -Esperaré, tengo que entregarlo personalmente.- Dije sin ser consciente de lo teatrero que sonaba lo que acababa de decir.
        La recepcionista me hizo subir a la antesala de las oficinas de dirección y me invitó a esperar sentado en alguno de los cómodos sofás que decoraban la estancia. Desde allí se oía a gente discutiendo en ingles desde el interior de la sala de reuniones. Decidí ignorarlos y me centre en admirar la muñeca de porcelana que lucía esplendida en su urna de madera y cristal. Después de estarme unos cinco minutos con la mirada difusa sobre la Dragg Queen reproducida en cerámica que tenía enfrente, un terrible pensamiento me vino a la mente: -Sería posible que… Si en efecto, las dos muñecas eran idénticas, y si la que acabó en mi casa, que inicialmente estaba destinada a Klaus-Hiro, contenía las dos libretas… sería posible que la muñeca que, con tanto empeño el Sr. Hikaru Yamahaka quería hacerme llegar, contuviese algún tipo de mensaje para mí en su interior.- Tenia que comprobarlo. Me levante de golpe y me acerqué, buscando el mismo resorte que abría el cajón en la urna de mi casa. Al tirar de la misma perla que sobresalía un poco más que el resto, un resorte hizo -¡CLAC!- y se abrió el cajón lateral.
        Mi corazón latía a mil por hora, miré en su interior y pude ver un sobre muy voluminoso en su interior. Escruté alrededor para ver si había alguien observándome y de un golpe cogí el sobre y lo guarde dentro de la mochila. En ese momento se abrió la puerta de la sala de reuniones y varios directivos y jefes de sección empezaron a desfilar delante de mí, mientras, discretamente yo volvía a cerrar el cajón de la base de la urna.
        Klaus-Hiro salió el último, mirándome sorprendido. -Vaya, no te esperaba aquí.- Dijo.
        -Si es un mal momento puedo venir en otra ocasión.- Le dije, deseando que me dijese que volviera otro día, pues la tensión que acababa de acumular me estaba volviendo loco.
        -No, tranquilo. Despido a estos señores y te atiendo enseguida.- Dijo con un tono muy amable. A los cinco minutos regresó y me hizo pasar a su despacho.
        -Supongo que ya te habrás enterado de que me he casado.- Dijo Klaus presumiendo.
        -Sí, supongo que se tratará de una obligación vinculada al hecho de que hayas heredado todo el patrimonio de tu padre y ahora seas uno de los hombres fuertes de la multinacional.- Dije con tono condescendiente.
        -Un momento. ¿Tu como sabes todo eso?- Dijo muy sorprendido el mestizo rubio. -No he contado esa información a nadie de aquí.- Añadió.
        -Me lo ha contado tu padre.- Dije ante la cara de estupefacción del Director General, mientras sacaba las dos libretas de la mochila, ocultando el voluminoso sobre con la ropa de trabajo. -Encontré esto dentro de la muñeca de porcelana que trajiste a casa. Son de tu padre para ti. Una libreta está escrita en japonés y la otra en inglés. Lo siento he leído la que podía entender.- Klaus-Hiro extendió su brazo sin terminar de atreverse a coger las libretas.
        -Bueno, yo ya he cumplido con lo que tu padre esperaba que hiciese.- Dije mientras me levantaba de la mesa y me dirigía hacia la puerta. -Por cierto, no le hagas daño a Álvaro. Él te quiere más que a sí mismo, y por eso aceptará lo inaceptable para estar cerca de ti. Piensa en ello si es que deseas mantenerlo cerca de ti.-
        Salí de la oficina de administración a toda prisa. Quería irme lo más lejos posible de allí para poder descubrir que contenía el botín que me había llevado del interior del cajón de la urna de la muñeca japonesa de porcelana. Después de conducir varios kilómetros me metí en un camino rural y a varios metros de la carretera paré el coche. Respiré profundamente y abrí la mochila, sacando el paquete que había encontrado en el cajón. Las manos me temblaban, de hecho todo yo temblaba como un flan. Apreté fuertemente los puños contra el pecho y grité fuertemente, esperaba liberar así todos los nervios y toda la tensión que había acumulado en la última media hora. Un minuto después, más relajado abrí el paquete.
        En su interior habían otros dos paquetes más pequeños y una carta que tenía escrito en inglés en una de sus caras: De Hikaru para mi Bello Artista Querido. -Mierda, nunca se aprendió mi nombre.- Pensé.
        Después de ojear la carta, empecé a abrir los dos paquetes y flipé en colores. En el paquete más grande había dos enormes tacos de unos cuatro centímetros de grosor de billetes de cien dólares americanos. Asustadísimo, guardé todo ese dinero dentro de la mochila y volví a la carretera para llegar cuanto antes a casa y esconder todo ese pastizal debajo de la baldosa que usaba de caja fuerte.

        Posdata:
        Siempre he pensado que los muertos intentan comunicarse de algún modo con las personas que conocieron en vida. Resulta alucinante cuando descubres que eso puede ser posible.



viernes, 8 de septiembre de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO (Fragmentos del diario de un directivo japonés)

FRAGMENTOS DEL DIARIO DE UN DIRECTIVO JAPONES.2


        19-12-1994.- Han pasado dos horas desde que me he despedido definitivamente de mi amante. Una sensación de pérdida profunda recorre todo mi cuerpo. Necesito esforzarme para convencerme de que he tomado la decisión correcta permitiendo que ese joven se aleje de mí. Ya no hay vuelta atrás, en pocas horas descubrirá el dinero y la nota y lo habré perdido para siempre.
        He pedido a la recepción del hotel un coche para que me desplace hasta el aeropuerto de Barcelona. Mientras espero al coche, he realizado una conferencia telefónica con mi hombre de confianza en Japón. Dispongo de poco tiempo y hay muchísimo trabajo por organizar. Tengo la esperanza que, mientras viajo de vuelta, mi equipo de empleados fieles pueda preparar todo lo que les he encargado.
        9.00 am.- De camino a Barcelona repaso en mi cámara digital todas las fotos que nos hemos hecho mi joven amante y yo durante estos días. La pequeña pantalla me trae recuerdos que no deseo olvidar. Decido que haré imprimir esas fotos para poder recordarlas siempre. Al guardar la cámara descubro la ciudad nuevamente y me viene a la memoria otra vez nuestra aventura por la noche de Barcelona, me doy cuenta que estoy sentado en el mismo sitio donde le hice el amor a nuestro regreso. Al acariciar la tapicería me percato de que una maldita lágrima está a punto de aflorar y decido, sabiamente, cerrar el compartimiento opaco que me separa del conductor.
        11.45 am.- Una vez en el aeropuerto, después de darle una buena propina al conductor por su excelente servicio de estos últimos días, me reúno con el resto de mi equipo de inspección. Prescindo de contarles absolutamente nada de mi descubrimiento. No deseo que intenten persuadirme para que mantenga el informe tal y como lo he enviado al Consejo de Dirección de la Casa Madre en Japón. Sin duda alguna este hecho les afectará de manera muy negativa a ellos y a su carrera.
        El viaje de vuelta en avión ha transcurrido entre comentarios jocosos y poco apropiados. He permitido que se rían de mí y de mi ausencia haciéndoles creer que tenía una muy buena amante en la zona. Veinte horas después, ya en el Aeropuerto internacional de Narita, me he despedido de ellos y me he reunido con Anake Kudo, mi hombre de máxima confianza en la empresa. Kudo ha realizado para mí la mayor parte de las investigaciones empresariales en mis negocios.
        Le explico la situación en la que me encuentro y le encargo que viaje a España y recabe la mayor cantidad de información posible sobre las empresas que producen para nuestra filial en la zona. Asimismo le encargo que investigue a todos los directivos españoles y todos los movimientos de capital de la empresa no autorizados. Con la orden explicita de que, en el momento en que descubra cualquier delito, lo denuncie a las autoridades locales.
        21-12-1994.- Me siento abatido. Me doy cuenta de que estoy sustituyendo mi desolación por la pérdida de mi amante por la ira, el odio y el deseo de venganza hacia aquellos que me han utilizado.
        El conductor del coche oficial de la empresa me ha llevado hasta mi piso del distrito de Fukama. Al entrar he tenido la sensación de que era enorme, muchísimo más grande de lo que recordaba que era. He tenido la sensación de que entraba en un enorme mausoleo de mármol, en el que se entierran todas las vanidades del mundo.
        Sentado frente a la ciudad, el wiski de doce años que me estoy tomando no consigue sacarme del profundo pozo de desasosiego en el que me estoy hundiendo.
        22-12-1994.- Son las cinco de la madrugada y no consigo coger el sueño. Llevo veintisiete horas sin dormir. No me he preocupado de recoger las pastillas contra el insomnio con la receta que me hizo el Doctor Ukemawa. Aprovecho el tiempo y empiezo a preparar mi segundo informe. No tendré piedad.
        10.00 am.- El Doctor Ukemawa se ha desplazado personalmente a mi piso. Trae muy malas noticias. Las molestias que había notado los últimos años en el abdomen no se debían, tal y como yo había creído desde el principio, a los gases producidos por una mala dieta y demasiado alcohol. Las pruebas que me realizó antes de mi viaje a España revelan un enorme tumor cancerígeno localizado en el hígado. El cáncer está muy extendido, afectando ya a los pulmones y a gran parte de la cavidad abdominal. Por lo que parece este tipo de cáncer es muy agresivo y no empieza a dar síntomas hasta que ya es demasiado tarde para realizar cualquier tipo de tratamiento efectivo. Desde su punto de vista solo puede ofrecerme tratamientos paliativos. Aunque me propone una segunda opinión del mejor oncólogo del Japón. -¿Para qué?- No estoy dispuesto a servir de cobaya para nuevos medicamentos de los laboratorios. Prefiero aprovechar el poco tiempo que me queda de autonomía para quedar en paz con mi alma y mis recuerdos.
        28-12 1994.- Los informes de mi agente en España me confirman toda la información que me entregó mi joven amante artista. He pedido una reunión especial de urgencia del consejo ejecutivo de la casa madre para el día veintinueve de diciembre. Quiero exponerles mis conclusiones en un informe definitivo que incluirá todas las irregularidades que Anake Kudo ha encontrado y denunciado a las autoridades. Esta tarde enviare dicho informe a todos los miembros del consejo para que no tengan opciones y tengan que actuar en consecuencia.
        29-12-1994.- Tal y como me esperaba los miembros del comité han aprovechado mi muestra de debilidad para desposeerme de todo control sobre el consejo de administración. Ya no me importa, mi último movimiento les coaccionará a hacer todos los cambios en la filial española que yo he propuesto. Además, aunque no quieran hacerlo, mi investigador en la zona ya ha puesto en marcha la cadena de denuncias con las autoridades locales por lo que el escándalo que se generará en la prensa les obligara a tomar decisiones al respecto.
        30-12-1994.- hoy me han comunicado de manera oficial lo que ya sabía desde hacía dos días: me han relevado de cargo directivo a cargo de vocal en el consejo (sin voz, que ironía). Como muestra de respeto me han permitido mantener mi propia oficina a cargo de los presupuestos de la empresa… Esos estúpidos creen que no he estado al tanto durante todos estos años de que tenían sobornado o chantajeado a todos y cada uno de los empleados que estaban a mi cargo. Desde mi oficina han recibido siempre la información que a mí me ha interesado que recibiesen. Solo confió plenamente en Anake Kudo y tres colaboradores más, que, discretamente, y desproporcionadamente bien remunerados, han realizado fielmente todos los encargos que les he requerido, sin preguntas ni objeciones.
        El resto de la mañana la he dedicado a despedirme de los pocos empleados de los que, sé a ciencia cierta que he disfrutado de su total fidelidad y dedicación en estos últimos años.
        No soporto mi piso de Tokio, es un símbolo que me recuerda continuamente lo moralmente bajo que he tenido que caer para poder estar siempre en lo más alto de la escala social de este país. Lo he preparado todo para trasladarme a la casa familiar de Kioto. Allí tengo los peores recuerdos de mi infancia. Espero poder olvidarlos y transformar esa casa en el retiro de paz y tranquilidad que necesito.
        He informado al servicio de mi cambio de residencia. A la mayoría de mis empleados domésticos no les supone ningún contratiempo acompañarme a Kioto. El resto del servicio que no puede acompañarme le he propuesto que se dediquen al mantenimiento de mis propiedades en Fukada.
        Por la tarde me he trasladado a Kioto. Me he llevado una grata sorpresa cuando he descubierto que la empresa de limpieza ha hecho un excelente trabajo. La casa no parece que lleve seis años cerrada. Los vecinos, la familia Hukame, han cuidado del jardín de la casa con muchísimo amor y dedicación.
        Los Hukame son una familia de ceramistas con muchísimas generaciones de tradición en su haber. Después de hablar con Akira, el patriarca y maestro artesano, le he encargado dos muñecas tradicionales de bailarina “Shirabyōshi” ataviadas con la indumentaria que llevaba mi joven artista el día que lo conocí. Después de explicarle lo excepcional de la situación en la que me encuentro, se ha comprometido a servírmelas en una semana.
        3-1-1995.- Después del descalabro que ha supuesto en la familia mi caída en desgracia en la empresa. Me han informado de que mi madre, mi hija y sobretodo mi yerno, están presionando a mi hijo para que acepte la dirección de la empresa filial española y así intentar recobrar el honor familiar, que, por lo que parece yo he destruido.
        Tengo la necesidad de hacer comprender a mi hijo el porqué de las decisiones que he tomado. Le he hecho llegar a modo de testamento vital mi dietario con todas las direcciones, teléfonos y códigos de seguridad que necesitará para poder heredarme. En ese dietario expongo de manera muy personal todos los pensamientos, sensaciones y sentimientos que me han invadido en los últimos años hasta  mi regreso de España.
        5-1-1995.- Me han confirmado que mi hijo ha aceptado el trabajo en España. Me alegro por él. Sé qué hará un muy buen trabajo. Lo he dejado todo a punto para que Klaus-Hiro recoja fácilmente el fruto de mi trabajo en las reformas en esa factoría.
        7-1-1995.- El maestro Akira Hukame ha cumplido el plazo prometido, las piezas de porcelana son de una exquisita perfección y el trabajo de bordado que han realizado en el kimono es sublime. He colocado una de las muñecas en un lugar especial en el porche. Recibe una luz indirecta durante todo el día y la he rodeado con los doce bonsáis que he cuidado con esmero durante los últimos veinticinco años.
        Todos a mi alrededor creen que he hecho un altar a alguna diosa extraña. Son incapaces de comprender que tan solo deseo descansar rodeado de mis mejores recuerdos.
        Por la tarde he recibido la visita de mi hijo. No he podido mirarlo a la cara. Sé que me estoy muriendo y desearía su perdón, aunque soy consciente de que no me lo merezco. He sido un mal padre. Cuando más me necesitaba mi hijo, lo abandoné en las manos de mi padre, un hombre amargado y maltratador que sin duda lo habrá traumatizado para toda la vida. Me refugié en mi trabajo y en mis amantes. Intentando olvidar que yo era el responsable del bienestar de mi hijo y convenciéndome de que su sitio estaba junto a mis padres. -¡NO! No me merezco su perdón.-
        Incluso con mi joven artista he acabado siendo una absoluta decepción. En vez de tratarlo como un chapero tenía que haber tenido el valor suficiente como para proponerle que me acompañase… aunque ¿Para qué?, para acabar siendo el cuidador de un moribundo… no, en este caso estoy convencido de que hice lo correcto, o más bien lo más conveniente teniendo en cuenta las circunstancias.
        He dado órdenes de que le entreguen a mi hijo la copia de la muñeca de porcelana, para que cuando se desplace a España se la haga llegar a mi joven artista. Quizás si mi amante ve que aún lo recuerdo con cariño, me perdonará por lo mal que me porté con él al final.
        12-2-1995.- Estoy en paz. He hecho venir a mis abogados para rehacer mi testamento. Después de resolver todos mis asuntos legales, he puesto todas mis acciones de la empresa a nombre de Klaus-Hiro y he modificado mi testamento para que él sea mi heredero universal. Mi hijo será mi sucesor. Ignoro si está preparado para tanta responsabilidad. Durante mucho tiempo y de un modo muy discreto, lo he estado preparado todo para que él vaya accediendo a todos los puestos directivos de manera progresiva. Espero que el sobrecargo de responsabilidades al que va a ser expuesto no acabe por sobrepasarlo. Tengo la esperanza de estar poniendo a su alcance las herramientas que le permitirán poner a raya al nido de hienas que es el consejo directivo de la empresa madre.
        20-2-1995.- Esta será mi última entrada. El Doctor Ukemawa me ha confirmado que todos los órganos de mi cuerpo están afectados de algún modo por el cáncer, para poder aguantar el dolor han decidido sedarme, así que ya no podré seguir escribiendo. Ya me ha visitado el sacerdote para que me guie en el camino hacia el más allá.


        Me despido del mundo. Sé que pude hacerlo mucho mejor, aunque, lo hice lo mejor que pude.

        La libreta que está adjunta a esta, complementa el dietario que te hice llegar hace unos días. En ella encontrarás información sensible de absolutamente todos los directivos de la compañía, úsala con sabiduría, te va a hacer falta. También hay una relación de los empleados y personas próximas a la familia en quienes puedes confiar, como puedes localizarlos y usarlos en tu beneficio.



jueves, 31 de agosto de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO (Semana Santa, una muñeca de porcelana japonesa y yo mismo.9-(Resaca post vacacional)

SEMANA SANTA, UNA MUÑECA DE PORCELANA JAPONESA Y YO MISMO.9 (Resaca post vacacional)


        Serían las once de la noche cuando di por concluida la traducción de la libreta con los pensamientos del Sr. Yamahaka. Estaba rendido, más que nada por lo incomodo de la posición al tener que hacer ese trabajo en la mesa del comedor. Había dedicado muchas horas a esa tarea y aunque el resultado final había sido un poco decepcionante, me sentía muy orgulloso de mi mismo.
        Opté por acostarme antes de las doce, quería intentar dormir al menos seis horas para poder estar mínimamente descansado para la jornada laboral en la empresa multinacional.
        Esa noche volví a soñar con Hikaru. De un modo ciertamente surrealista los omnipresentes cerezos en flor estaban esta vez en el interior de la discoteca METRO de Barcelona. Sí, la misma a la que fuimos mi amante japonés y yo durante la semana que pasamos juntos. Los ventiladores del aire acondicionado hacían revolotear los blancos pétalos de las flores entre los gogos, los camareros y los clientes del local, que bailaban a ritmo de música “hause”. Vestido con los pantalones Levi’s Straus, la camiseta negra de manga corta súper ceñida y las botas Dr. Martin’s con remaches metálicos me dirigía hacia el centro de la pista mientras los clientes se apartaban sin dejar de bailar, dejándome libre el centro de la pista, donde me esperaba un Hikaru rejuvenecido y bellísimo. En el momento en que lo abracé, la música paró y toda la sala se iluminó con la luz de una inmensa bola de cristalitos. Rodeado por los brazos de ese hombre, bailamos al ritmo de “Why” de Annie Lennox mientras el resto de los clientes y la discoteca se desvanecían hasta estar rodeados por un fondo inmensamente blanco, acompañados solo por los cerezos y la ventisca de pétalos blancos.
        En ese momento desperté. Eran las cuatro de la madrugada. Darío aún no había llegado. Con cierta melancolía volví a dormirme, tenía la esperanza de poder proseguir el sueño donde lo dejé.
        El despertador, a las seis de la mañana, inició el estruendo habitual de los días de trabajo. Me apresuré a pararlo, pues no podía haber pasado más de una hora desde que Darío habría llegado del trabajo en el PACHA. Mi pareja, completamente dormido, gesticulaba con el brazo intentando apagar un despertador imaginario, completamente desorientado por el estrepitoso ruido. -Sigue durmiendo.- Le susurré al oído después de apagar el aparato.
        Me dirigí a la cocina y puse en marcha la cafetera. Al salir de la cocina, dirección a la ducha, observé con orgullo el montón de folios escritos que contenían la traducción de los últimos pensamientos del Sr. Yamahaka. Me sentía un poco fisgón, pues esas palabras no iban dirigidas a mí. Sí, había muchas referencias a mi persona, pero el texto en su conjunto era una profunda reflexión dirigida a su hijo Klaus-Hiro.
        Me duché apresuradamente, pues el tiempo se me echaba encima y tenía los minutos justos si es que deseaba tomar un café y un croissant antes de irme a la fábrica.
        Había desconectado de tal manera durante los días de Semana Santa que ni me acordaba de los acontecimientos que me llevaron a discutir muy acaloradamente con Andrea los días previos a las vacaciones. Tenía curiosidad por saber si el tándem Klaus-Álvaro habrían logrado convencer a los directivos de la casa madre del Japón para que adjudicasen la fabricación de nuevos productos a la factoría local. Sin duda María me pondría al día de todos esos temas en cuanto coincidiésemos en nuestros puestos de trabajo.
        Al pensar en María me vino de golpe a la cabeza que había olvidado por completo comentarle al Sr. Roure la posibilidad de que ella se iniciase como aprendiz de camarera en la discoteca. No tendría más remedio que buscarme una excusa para cuando me preguntase por el tema.
        Mientras me dirigía a la fábrica, conduciendo mi FIAT Punto color lagarto, dudaba entre seguir fingiendo enfado hacia las mosqueteras por haber dado crédito a los chismes que corrían sobre mí en la empresa o actuar como si no hubiese pasado nada. Opté por la segunda opción, estaba tan relajado y satisfecho por los días de vacaciones que no tenía ninguna intención de empezar a trabajar con el mal rollo que lo dejé.
        Después del café con las chicas y la gimnasia japonesa, abandoné el edificio de la nave principal de fabricación mientras el jefe de producción empezaba el meeting de inicio. Me dirigí siguiendo a los demás miembros de la sección de control de calidad hacia la nave del almacén de producto acabado. Allí nos esperaba Álvaro, que en el momento en que estuvimos todos en la sala, empezó un breve meeting. Nos agradeció el trabajo realizado en las últimas semanas y nos animó a seguir con el mismo ritmo. No pude dejar de fijarme en lo demacrado que lo veía, estaba adelgazando muchísimo y tenía los ojos hinchados. De no ser porque lo creía mucho más duro que eso, pensaría que había estado llorando la noche anterior. Si su imagen era el reflejo de cómo habían ido las negociaciones en Japón, sin duda estas habían sido un fracaso.
        Sin prestar excesiva importancia a lo que dijo el jefe de calidad, me dirigí a mi sección, seguido de cerca por María. El almacén de calidad estaba exactamente igual que lo dejé seis días atrás: Todo recogido y sin un mal aparato que chequear.
        Tanto María como yo teníamos la esperanza casi infantil de que todo el mundo hiciese bien su trabajo y así poder pasar de cháchara toda la mañana, hablando de nuestras cosas. La tranquilidad duró hasta pasado el descanso de las diez, que aparecieron dos pares de palets de producto acabado posiblemente defectuoso.
        Durante la mañana mi compañera no me preguntó nada sobre su deseo de empezar a trabajar de camarera en la discoteca, cosa que agradecí.
        A las diez, mientras me dirigía a la sala de descanso para hacer la pausa que me correspondía a esa hora, vi que Álvaro se había quedado solo en el laboratorio de control de calidad. Decidí entrar y hablarle: -Perdona, podrías darle un mensaje de mi parte a Klaus.- Le dije mientras mi expareja fingía no escucharme.
        -No podrá ser.- Dijo levantando la mirada muy serio. -Aún no ha regresado del Japón, y dudo mucho que cuando regrese lo vea.- Sentenció.
        -Ya sé que te dije que no quería volver a hablar de este tema contigo, pero de un modo extraño han acabado en mis manos unos documentos que son para él y me gustaría hacérselos llegar.- Insistí.
        -Ok… cuando regrese te lo haré saber y podrás entregárselos en su oficina de la sección de administración.- Su tono de voz se movía entre el rencor y la desesperación.
        Salí de allí con la sensación de que Álvaro tenía verdaderos problemas en su relación con Klaus. Por un momento me dolió el no poder ofrecerle mi apoyo a consecuencia de lo traumático de nuestra separación, aunque, un poco de satisfacción malévola me hacía sentir cosquillas en las puntas de los dedos. Que a mi expareja le estuviese saliendo el tiro por la culata (sentimentalmente hablando) no dejaba de tener cierto morbo. -Que le den por el culo.- Fue el pensamiento de rabia contenida que explotó en mi cabeza.
        Al llegar a la sala de descanso me encontré con la máquina de café totalmente colapsada. María me hacía señas desde la mesa de las mosqueteras, mostrando un café en una mano y haciéndome gestos con la otra para que fuese con ellas.
         -Te he sacado un café.- Me dijo muy satisfecha. -He visto que te retrasabas hablando con el jefe y como me esperaba que la maquina se pondría así de imposible, me he sacado un par de cafés, uno para ti y otro para mí.-
        -Gracias.- Le dije. -Me hacía verdaderamente falta.-
        -¿Cómo le ha ido por Japón al jefe?- Preguntó Rosita.
        -Ni idea.- Dije yo. -Aunque, a juzgar por lo hecho polvo que está, o el jet-lag le ha afectado muchísimo o en Japón le ha ido fatal.- Eugenia y Andrea mientras, me miraban muy serias sin decir nada. Por lo que parecía el hecho de que yo hiciese broma se la situación de mi expareja no les hacia ninguna gracia.
        El resto del día siguió sin ningún contratiempo ni nada que considerase de mención. Mientras, yo me dedicaba a pensar en cual podría ser el regalo correcto para alguien que cumplía dieciocho años.
        Después del descanso de las cuatro de la tarde, María regresó muy alterada. -Me acaban de contar que antes de fin de año habrán echado a la calle a un veinte por ciento de los empleados.- Me dijo haciendo aspavientos con las manos.
        -Ah… pues eso confirma lo que sospechaba, a nuestro jefe le ha ido muy mal en Japón.- Dije sin mostrar el más mínimo atisbo de sorpresa.
        -Un momento…- Dijo María. -Tú sabes mucho más de lo que pretendes hacernos creer.-
        -Se cosas.- Dije haciéndome el interesante. -Pero se mas por intuición que por la información real de la que dispongo.- Añadí.
        -Ahora sí que no te sigo… ¿a qué te refieres cuando hablas de intuición?- Dijo mi compañera de trabajo.
        -A ver… como te lo cuento…- Dije frunciendo el ceño como si me esforzase en buscar una explicación. -Mira… Información de la que dispongo en este momento: en el almacén de componentes de fabricación no hay ni una pieza de modelos nuevos, cuando el año pasado y los anteriores, a día de hoy, eso era un caos de organización con millones de piezas de fabricación reciente. Cuando se lo comenté al comité de empresa me exigieron que no lo fuese divulgando a los demás compañeros porque en ese momento estaba el director general negociando la adjudicación de nuevos productos en Japón. Tú me dijiste que Álvaro también estaba en Japón. Álvaro ha regresado y parece un perro apaleado.- Mientras decía eso iba contando con los dedos de la mano. -Intuición… Lo único que me viene a la mente con la información de la que dispongo en este momento es: este año no ha habido adjudicación de productos de nueva fabricación a esta empresa, por lo que este año la producción descenderá un veinte por ciento, lo que significa que dentro de seis meses sobrará una cuarta parte de los empleados.- Dicho esto acabé mi alocución y me la quedé mirando con cara de suficiencia.
        -Hace un momento estaba intranquila… ahora estoy acojonada.- Dijo María con cara de terror.
        Después de esta conversación seguimos con chequeando los aparatos de medio palet de producto acabado que teníamos delante. Mi compañera no volvió a preguntarme nada más en la hora que quedaba de jornada laboral. Supongo que le temía más a las respuestas que a las preguntas.
        A las cinco, después de fichar la salida, tomé la carretera dirección a Palamós. Quería parar en la nueva zona comercial del municipio, donde se estaban reubicando todos los supermercados, para comprar una colonia como regalo para Darío. Descubrí con alegría que habían abierto una gran perfumería entre el Maxor y el Intermache.
        Después de quedar completamente empachado por la infinidad de perfumes que me hizo oler una de las dependientas, opté por comprar la colonia “Le Male” de Jean Pol Gautier, más que nada porque parecía que todas las mariquitas que se preciaban de ir a lo último en la moda del momento, no podían vivir sin ese perfume (supongo que la gran promoción que estaba haciendo Madonna de todo lo referente a ese diseñador, algo tenía que ver en esa extrema necesidad). Creía que podría ser el regalo ideal para alguien joven y muy gay.
        Llegué a casa pasadas las seis y media. Darío estaba un poco molesto, pues me había preparado el capuchino para las cinco y media y el café se había enfriado esperándome. Cuando le expliqué el motivo de mi retraso se le pasó el enfado de golpe. Le encantó mi regalo. Tal y como yo creía, mi novio era la típica mariquita de manual de psicología. Ese día ya no volvimos a salir de casa. Mi chico me acorraló en la habitación y nos pasamos el resto de la tarde metidos en la cama. Por primera vez y de forma totalmente legal hicimos el amor apasionadamente Darío y yo.
        Eran casi las diez de la noche cuando el rugir de nuestros estómagos nos hizo abandonar la cama. Caí en la cuenta de que tenía la nevera y el congelador totalmente vacíos. -Mierda, si queremos comer algo tendremos que ir al BRAVISSIMO o a otro restaurante, porque en casa no hay comida.- Dije muy preocupado.
        -He ido de compras este mediodía.- Dijo Darío muy orgulloso. Mientras yo me lo miraba con cara de sorpresa. -Si voy a vivir contigo tendré que colaborar con los gastos de la casa ¿no?-
        Me gustaba la actitud de ese chico. Resultó que era el único de todos mis amantes que verdaderamente se había planteado el estar en mi casa con igualdad de condiciones, no como un invitado con derecho a la llave de la puerta y la nevera, sino como un igual en todos los sentidos. Eso me gustaba, aunque tenía mis dudas sobre si, con lo que este chico ganaba trabajando los fines de semana sería suficiente para cubrir su parte de los gastos de la casa y sus gastos de estudios. La verdad era que en ese momento no quería pensar en eso, y, como no, al ir a la cocina, descubrí el congelador repleto de pizzas y la nevera llena de botes de Nutela y botellas de coca cola. -¡¡¡BIEEEN!!!! El alimento de los campeones.- Pensé.
        No me quedaba más remedio, tendría que ir acostumbrándome a cosas así, salir con un niño grande solía tener esos inconvenientes. Si quería fruta o algún tipo de carne que no fuese pollo o hamburguesas tendría que traérmelo yo a casa del supermercado.



        Posdata:
        La vida sigue inexorablemente, te guste o no. Aunque me temía que vendrían muy malos tiempos para los empleados de la empresa multinacional japonesa.


martes, 1 de agosto de 2017

Relación oculta, el primer cortometraje erótico de David González

David González ha tocado infinidad de temas y registros: terror, suspense, drama, comedia, ficción, amor, morbo, crítica social, intriga....Y ahora le llega el turno al erotismo.

Y es que el realizador catalán se lanza a rodar su primer contenido audiovisual altamente sexual.

Un drama romántico, una profunda historia de amor sexual, erótica, elegante y sensual que no deja de tener un contexto social con trasfondo además de diálogos punzantes.


La historia es muy simple. Una pareja homosexual con una notoria diferencia de edad. 20 y 40 años.

El joven está profundamente enamorado y lo tiene muy claro. El más maduro también le ama pero se enfrenta a un fuerte dilema y a una crisis existencial donde la lógica y la ética le jugarán malas pasadas.

Aunque el reparto aún no está confirmado, se sabe que la ayudante de dirección y coach será Alicia Latroupe (Quien ya trabajó en CHANTAJE y J.K HOTEL) y que el libreto y la dirección corren a cargo de David González, quien rodará este mismo mes de agosto y ha asegurado que el cortometraje será, en realización, diferente a todo lo que ha hecho hasta ahora. El sexo será el protagonista absoluto del cortometraje, a pesar de que no todo su metraje contenga esas escenas.

Sin ser pornográfico ni explícito pero sí muy atrevido, Relación oculta comenzará a rodarse a principios de agosto.


Mes en el que también comenzará la producción de su cortometraje Selectiva y no remunerada, proyecto que supone una fuerte crítica a las empresas que realizan formaciones abusivas sin remunerar, y que está directamente basada en una experiencia propia.

En este proyecto que hablará del mundo del marketing y cuyo guión se encuentra retocando, ya han sonado diferentes nombres en el reparto como Adriá Disch (Sífilis), Carla González (La Hermandad, Cani), Lorena Pino (La elección es tuya) y nuevos fichajes del joven, director, guionista y productor, siempre enfrascado en denuncia social mientras da el salto muy próximamente al largometraje con la adaptación de La elección es tuya.


jueves, 1 de junio de 2017

MEMORIAS DE UNA DRAGG QUEEN DE PUEBLO (Semana Santa, una muñeca de porcelana japonesa y yo mismo.8-(Darío, glosario de la A a H)

       SEMANA SANTA, UNA MUÑECA DE PORCELANA JAPONESA Y YO MISMO.8 (Darío, glosario de A a H)


        Darío nació un lluvioso dieciséis de abril de 1977. Pasadas cuatro horas, cuando después de limpiarlos, subieron a la madre y al niño a la habitación asignada, Piluca “la Ferretera” descubrió, como si de una revelación divina se tratase, que la decisión que tomó en solitario y a espaldas de su marido de quedarse embarazada por tercera vez, había sido una muy mala idea.
        Su madre, la abuela del niño, acababa de informarle que su marido no había aparecido por el hospital, de hecho, nadie sabía nada de él desde hacía dos semanas. Piluca había creído, en su desesperación, que las responsabilidades de un nuevo hijo le habrían hecho entrar en razón y se habría sentido obligado a cortar la relación que mantenía desde hacía ya dos años con una mujer quince años más joven que él. Lo que ella no se esperaba, era que Abelardo, su marido, estaba en esa edad a la que tradicionalmente se considera que ya has vivido la mitad de la vida que podrás disfrutar y te cuestionas todas las decisiones tomadas. Al igual que todos los hombres heterosexuales al verse próximo a los cuarenta años (a los gais nos sucede a los treinta) se estaba replanteando todas las oportunidades perdidas a consecuencia de su matrimonio y todas las demás obligaciones que eso había conllevado.
        Una vez dado el paso, habiendo probado el sabor de la independencia, a Abelardo, la responsabilidad que le pretendía imponer su esposa en forma de un nuevo hijo, le supo igual que un trago de hiel. Su respuesta fue poner tierra de por medio y recomponer su vida con la otra mujer.
        Como muchísimos otros, su enlace había sido el resultado, más que del amor, de la necesidad de dos personas de juntarse para mejorar su estatus social. Pilar (Piluca), era la hija única de los dueños de una de las tres ferreterías que quedaron en pie en Palamós después de la Guerra Civil. Después de muchas penurias y sacrificios lograron tirar adelante el negocio familiar. Tuvieron la gran suerte de ser los propietarios de los huertos y campos de labranza por donde crecería urbanísticamente la cuidad en los años cincuenta, sesenta y setenta, por lo que, esos terrenos se transformaron en un enorme jamón del cual cortaban una loncha cada vez que un constructor quería hacer el pueblo un poco más grande, y, de rebote, a los participantes en la operación un poco más ricos. Ese dinero hizo de Piluca una de las chicas bien de la zona.
         Durante la reordenación y la ampliación del puerto, a principios de los años sesenta, aparecieron por la ciudad varios ingenieros enviados desde la capital del reino para supervisar las obras. Abelardo apareció en el mundo de Pilar rodeado del aura de modernidad y glamour que desprendían los universitarios de la capital, haciéndosele irresistible desde el primer instante en que lo conoció, durante las fiestas patronales.
         Cuando le entregaron a su hijo para que lo alimentase por primera vez, Piluca, ante la evidencia del tremendo problema que se le presentaba en el futuro más inmediato, lloró. Se limitó a alimentarlo, ni lo abrazó ni hizo ninguna muestra de cariño hacia ese trozo de carne de piel rosada y pelo rubio que succionaba con avidez sus pezones. El único atisbo de sentimiento que desprendía esa mujer eran las lágrimas que se derramaban por sus mejillas, al tiempo que recibía todo el apoyo de su anciana madre, conocedora de la comprometida y durísima situación de su hija.
        Pilar se había casado enamorada. No era ese amor maduro, resultado de una convivencia, el compartir necesidades y experiencias vitales. Era amor pasional e idealizado, ese amor de posesión por poseer, el amor que te vendían en las películas americanas, ese que se suponía indispensable para acceder al matrimonio canónigo, el amor disfrazado de ilusión por un vestido blanco y esa gran fiesta donde ella, sin duda, sería la princesa, el centro del mundo. Esa ilusión y felicidad duró lo que duraban los cuentos de princesas como Cenicienta y Blanca Nieves: hasta después de la noche de bodas. Al despertar y descubrir que se acababa de entregar a un extraño que no tenía ningún interés en conocerla y que solo esperaba de ella que fuese una puta en la cama y una criada en la casa.
        Evidentemente no fue un matrimonio feliz. Abelardo utilizo el patrimonio de su esposa para medrar en el gran estudio de ingeniería de Barcelona para el que trabajaba (básicamente aceptó ese matrimonio buscando ese fin), mientras, Pilar criaba sus hijos sola en Palamós. De hecho, él se avergonzaba de ella, evitando mostrarla entre sus círculos profesionales y de amistades, por considerarla excesivamente pueblerina. Durante doce años fue un matrimonio a distancia, una especie de relación de fines de semana y vacaciones. Entre semana el marido trabajaba y vivía entre Barcelona o donde le llevasen los proyectos en los que participaba, supliendo sus necesidades afectivas y sexuales con infinidad de secretarias y profesionales del sexo… hasta que conoció a Sofía.
        Sofía era una mujer segura de sí misma, joven y fuerte. Recién licenciada en ingeniería, estaba haciendo prácticas en la empresa como becaria. Encontró en ella a alguien con las mismas ilusiones y objetivos, alguien que hablaba su idioma y que lo complementaba en todos los sentidos, emocional y profesionalmente. Su relación fue como un terremoto que destruyó por completo los cimientos de la vida que había construido con Pilar, haciendo añicos lo pocos soportes que aún mantenían la relación en pie.
        Darío creció sin conocer a su padre y sin el amor de su madre, que siempre lo consideró un daño colateral de la guerra que empezó cuando su padre la cambio por otra mujer quince años más joven. Desde ese momento Pilar se enfrasco en hacer de la vida de su marido un martirio, negándole el divorcio y poniéndolo en evidencia en todos los foros que podía. Esa actividad y todo el tiempo que dedicaba a la gerencia del negocio familiar le impidió el recuperarse emocionalmente y rehacer su vida. Inicialmente sus abuelos intentaron suplir las carencias afectivas que la madre le negaba al niño, especialmente su abuela que se preocupó muchísimo de su educación. Después de la muerte de los ancianos, Abel, su hermano mayor asumió el rol  de figura de autoridad ante Darío, de hecho, hacía ya cierto tiempo que se comportaba como el verdadero hombre de la casa.
        Darío creció cuidado por parientes, vecinos e infinidad de canguros. Haciendo de él un chico extrovertido y acostumbrado a ganarse las simpatías de todo el mundo. Pasó su infancia jugando en la calle, siempre con chicos mayores que él, apuntando maneras muy mariquitas desde muy temprana edad, quizás por eso fue inevitable que a los doce años se enamorase del hermano mayor de uno de sus compañeros de juegos, que lo inició en el sexo homosexual a tan pronta edad. Esa historia duró poco, pero corrió como la pólvora entre los aficionados a la pedofilia de la región, que empezaron a colmarlo de regalos y atenciones en busca de los favores del niño. Como el que no quiere la cosa, acabó pasando por la entrepierna de casi todos, sin despertar la más mínima sospecha entre los vecinos y familiares.
        Nadie sospechó nada de lo que estaba sucediendo, no podían imaginar que toda esa ropa de marca, juegos electrónicos, zapatillas deportivas y complementos de moda fuesen el pago por sus servicios sexuales. De hecho ni tan solo Darío era consciente de ello, él disfrutaba del sexo sin complejos, de los regalos y de ser el centro de atención de tanta gente, que lo hacían sentir la persona más especial del mundo. Pero acabó cumpliendo los dieciséis años, y siendo demasiado mayor para todos aquellos que buscaban a un niño, alejándose de un objeto que ya no les atraía. Se encontró de golpe en un mundo de adultos que empezaron a tratarlo como lo que realmente era: un chapero.
        De golpe todo lo que hasta entonces habían sido atenciones pasaban a ser malos tratos y humillaciones.
        Siendo como era, demasiado independiente como para aceptar esa situación, tuvo que reconstruir a toda prisa su mundo a partir de las experiencias que había vivido hasta entonces. Fue en ese momento en el que aparecí yo en su vida, trastocando todo lo que hasta entonces había conocido. El tomar consciencia de lo que realmente le había sucedido y descubrir que había otras realidades a parte de la que le había tocado vivir, lo transformó profundamente.
        Gracias a la insistencia de sus difuntos abuelos, accedió a aprender el trabajo de peluquero, más por hacer algo con su vida que por una verdadera pasión por ese oficio. Lo de trabajar como recogedor de vasos y camarero en el PACHA fue el resultado de un impulso, ya que disfrutaba muchísimo al sentirse protagonista y estar rodeado de gente.
        Eran las siete de la tarde del domingo de Semana Santa, había dedicado toda la tarde a traducir del inglés al castellano parte del diario del Sr. Yamahaka. Decidí parar, porque mi estómago me pedía insistentemente algo de comida que lo calmase, además, tenía que preparar la indumentaria de esa noche para Dragg Issis. Mis peores pronósticos se cumplieron cuando vi a Darío en el patio de casa, cargando con dos grandes bolsas de basura que contenían parte de sus efectos personales más preciados.
        La reunión con su familia había sido un perfecto fracaso. De las pocas explicaciones que me dio entre sollozos y llantos no me quedó muy claro si se había ido de casa por decisión propia o porque su madre y hermano lo habían echado. Dejó los dos bultos a un lado del comedor y se sentó muy abatido en el sofá. Al verlo tan desconsolado me enternecí, sentándome a su lado abrazándolo fuertemente, esperando poder darle consuelo con esa acción. Después de estar casi media hora en esa posición, intentando que me aclarase lo sucedido y ante la evidencia del hecho de que debíamos prepararnos para ir a trabajar al PACHA, pacté con él una especie de tiempo muerto, para poder seguir hablando del tema a partir de las seis de la madrugada, una vez finalizásemos la sesión en la discoteca.
        Aunque, el hecho de que llevase varios días acumulando ropa en casa, me hacía temer que había un poco de premeditación en todo lo sucedido y que la situación tenía mucho más de huida que de conflicto no resuelto.
        Durante el recorrido promocional junto a Tatiana, Dragg Essencia, Darío y un par de seguratas, ya convertido yo en Dragg Issis, y mientras mí chico se afanaba en repartir invitaciones, hablé con Tatiana. Le pedí que lo controlase un poco, pues temía que debido a la frustración y al mal rollo que acumulaba en el cuerpo por lo sucedido con su familia, le diese por beber mucho más alcohol del que debiera esa noche.
        La fiesta del domingo fue floja. Poca gente, muy hecha polvo y resacosa. Solía ser así cada año. Los turistas de vacaciones suele hacer del sábado el día de la apoteosis final fiestera y normalmente el domingo lo dedicaban a recuperar fuerzas para conseguir estar frescos el lunes por la mañana y poder sumergirse por completo en la operación retorno a casa. Curiosamente mi actual pareja se portó muy bien. Aunque un poco tristón, realizó su trabajo con eficacia y procurando ser divertido. Tatiana se pasó la noche haciendo coña con el chico, retándose continuamente entre ellos a bailar sobre la barra y haciendo competiciones de chupitos entre los clientes. Me alegró comprobar el gran compromiso que tenía la camarera con su compañero de trabajo.
        De regreso a casa, a las seis, le hice a mi pareja la pregunta del millón de dólares: -¿Qué ha pasado?-
        -No me entienden.- Fue su escueta respuesta.
        Comprendí que en ese momento no deseaba ponerme al corriente de su versión del conflicto que lo estaba alejando de su familia. No insistí. Sabía de primera mano lo difícil que era aceptarse a sí mismo a través del rechazo de los que deberían apoyarte. Le ofrecí lo que sabiamente me ofrecieron las personas que me acogieron cuando estuve en su misma situación: el estar ahí, el escuchar y el no juzgar.
        Al llegar a casa nos encontramos con las dos bolsas de basura industrial que contenían sus efectos personales en el rincón del comedor, justo donde las había dejado. Se quedó plantado mirándolas el tiempo que tardé en cerrar el portal del patio trasero y la puerta de la terraza. Cuando estuve a su lado me dijo: -¿Es así como te tienes que sentir?-
        -¿A qué te refieres?- Le dije.
        -Tengo todas las cosas que verdaderamente me importan en bolsas de basura, y las he tenido que sacar a toda prisa de la que hasta hace pocos días era mi casa, porque de golpe, ahora, soy un extraño para mis familiares.- Dijo con un tono muy afligido.
        -Es al principio. Con el tiempo duele menos y acabas viéndolo como un paso que tenía que suceder tarde o temprano.- Dije yo. -Ahora te toca aprender a valerte por ti mismo.- Y cogiéndolo por el hombro nos fuimos a la cama. Cuando despertásemos ya sería otro día: el último de las vacaciones de Semana Santa.
        Quince minutos después de meternos en la cama, Darío se giró y me preguntó: -¿Estas dormido?-
        -Estaba a punto.- Le dije un poco molesto.
        -¿Es normal tener la sensación de que tu madre nunca te ha querido?- Dijo con tono de preocupación.
        -Eso lo dices ahora porque estás molesto por lo que ha sucedido.- Le repliqué.
        -No creo que sea eso… veras, cuando me siento decepcionado o molesto por algo que tiene que ver con mi madre, me viene a la memoria todo lo que ha hecho y dicho desde que yo era muy pequeño.- Dijo mientras me abrazaba por detrás haciendo la cuchara. -No recuerdo que nunca me haya besado, ni para darme las buenos noches. Al principio creía que todas las madres eran como ella, pero después, en la escuela, descubrí que las madres de mis compañeros de colegio sí que les daban besos a sus hijos. Entonces pensé que eso era porque ella siempre estaba disgustada y molesta por el trabajo o porque papá se fue con otra mujer. Pero a veces, por la noche, me levantaba de mi cama a hurtadillas y los espiaba, me chocó muchísimo que fuese tan afectuosa con Abel y Sara, a ellos los tocaba, los acariciaba y les daba un beso de buenas noches. Eso me llevó a la conclusión de convencerme de que mi madre no me quería. Hasta el punto que no soportaba dirigirme la palabra.- Añadió. -Dices que tendré que aprender a vivir solo… no me hace falta, llevo viviendo solo desde que murieron mis abuelos.-
        No le contesté. Qué puedes decir cuando te quedas sin palabras. Simplemente, me gire y lo abracé fuertemente hasta que se durmió.
        Despertamos a las tres y media. Curiosamente era el tercer día que no soñaba con Hikaru Yamahaka y no estaba muy seguro de si eso me reconfortaba o no. Darío se hacía el remolón en la cama y no me soltaba, frotando su tremenda erección con mi pierna. -Mmmmh… mira como estoy.- Dijo mostrándome su entrepierna. -¿Me vas a dejar así?-
        -Cariño… me estoy meando. Dame un minuto y vuelvo.- Dije mientras saltaba de la cama y me dirigía corriendo al lavabo.
        Al regresar al cabo de varios minutos me lo encontré en la cama moviéndose a cuatro patas haciendo el perrito y diciéndome. -Guau.. Guau… he sido un perrito malo… tendrás que castigarme…- A menudo me preguntaba con qué tipo de gente se habría relacionado ese chico para hacer con tanta naturalidad esos roles sexuales.
        Una hora después (la verdad es que llevaba cierto tiempo calmar al perrito), abandonamos la cama para almorzar alguna cosa. Tenía la nevera vacía y en el congelador solo quedaban verduras. Por un momento añoré los tiempos en los que se hacían las barbacoas multitudinarias en casa y mi congelador siempre estaba lleno de carne. Le propuse a mi amante el volver a comer de nuevo en el BRAVISSIMO, pues eran casi las cinco de la tarde y sería muy difícil encontrar otro restaurante con la cocina abierta a esa hora. El martes dedicaríamos un ratito a ir al supermercado para llenar la nevera y un poco el congelador.
        El día era feo, de esos que el cielo está cubierto de un manto de nubes grises. No hacía mucho frio, así que no teníamos muy claro si teníamos que ponernos ropa de abrigo o no. Evidentemente, como no era día de estar comiendo en una terraza entramos directos al interior del restaurante. Nos encontramos dentro con “La Cuca” y varios de los camareros del ANARKO que estaban ya por los postres y los cafés de sobremesa. Nos saludamos sin excesivo entusiasmo. Al salir todo el grupo de camareros, Javi se separó del rebaño y vino a despedirse: -Supongo que ya sabes que, como te pille la madre de ese crio, te va a cortar las pelotas ¿Verdad?- Dijo mirándome con cara siniestra.
        -Yo también te deseo lo mejor del mundo.- Le contesté intentando ser lo más sarcástico posible.
        Cuando se hubo marchado, Darío me pregunto: -¿Y eso? ¿A que ha venido?-
        -Con “La Cuca” siempre hemos tenido una relación de amor y odio.- Le dije. -Ya irás conociendo a mis amigos.-
        Le propuse de pedir algo especial de postre pues solo faltaba un día para su mayoría de edad y como esa noche tendría que trabajar en el PACHA, no podríamos celebrarlo juntos. Al final nos pedimos un par de tiramisús y sendos carajillos de Bailey’s.
        Más tarde, después de llevarlo a trabajar a la discoteca, me enfrasqué de nuevo a seguir traduciendo del inglés el dietario de Hikaru.


        Posdata:
        Ya estaba otra vez metido en la misma situación que siempre quise evitar: volvía a tener a alguien viviendo en mi casa con la excusa de una relación sentimental.